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Revista de las Artes Escénicas
Artez 71. Marzo 2003
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    “Reclamo una revisión ideológica de los términos público y privado”

    Comienza en el teatro siendo muy niño, pasa de actor aficionado a director universitario, hasta llegar a ser responsable de la política teatral en el Ayuntamiento de su Murcia natal, en esa misma Comunidad y en el Ministerio de Cultura como Director General de Música y Teatro. Actualmente, José Manuel Garrido dirige Artibus, una empresa de producción y distribución de espectáculos teatrales, especializada en consultoría cultural, que desde hace cinco años se encarga de la gestión del Teatro de Madrid. El balance de esta gestión se puede resumir con los siguientes datos: 109 compañías, 958 representaciones y más de 500.000 espectadores.

    Belén Fernández. Madrid

    De su etapa como Director General de Música y Teatro, ¿cuáles de las labores que realizó le confortan una mayor satisfacción personal?
    De esa etapa recuerdo con mucho cariño toda la renovación que supuso la rehabilitación de los teatros públicos en nuestro país. Yo creo que fue un proceso muy importante, que ha permitido que el teatro se pueda ver en todas las ciudades españolas con una categoría que antes no tenía. Todo lo que fue el plan de construcción de las salas de conciertos, los auditorios, y algunas cosas muy queridas para mí como fue crear la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el Centro de Difusión de la Música Contemporánea, la Joven Orquesta Nacional de España. Estas son cosas en las que tuve una responsabilidad formal para ponerlas en marcha y que, hoy día, están asentadas de raíz en lo que es la cultura de nuestro país. Uno, cuando mira para atrás, analiza con el conocimiento de hoy las cosas de ayer. Yo fui responsable de la política de los ochenta, la política del siglo XXI tiene que ser diferente.

    ¿Cuáles son las principales necesidades de las artes escénicas contemporáneas? y ¿cómo cree que debería ser la política del siglo XXI para paliarlas?
    Hay muchos problemas. Ha habido un gran avance, hay una infraestructura teatral y de salas polivalentes que hace que haya una distribución importantísima. Hoy día, el teatro no está tan centralizado, incluso en su exhibición, uno puede ver en una capital de provincia muy cómodamente y más barato que en Madrid casi el 80% de lo que se hace en España, a excepción de los grandes musicales. Esto supone una recomposición de las formas de funcionamiento que había, pero también tenemos que acomodarnos a la realidad. Creo que falta un poco de racionalidad, de claridad en las políticas teatrales, sería necesario que no tuviéramos tanta dependencia de los poderes públicos, que el teatro tuviera una capacidad de oxigenarse por sí mismo. Esa dependencia de las administraciones no es buena. Sería necesario que el Estado pusiera lo que tiene a disposición no sólo de sus producciones sino también del teatro privado. Hay un peligro de que las redes de teatros públicos que nacieron con la vocación de ser las grandes autopistas por las que iba a circular el teatro en España, se convierta en un oligopolio público, de tal manera que hay productos que por unas razones u otras, puedan no entrar, digamos que ahí sí que puede haber un control desde todos los puntos de vista. Si los teatros públicos empiezan a producir entre ellos, al final todo va a ser público, entre las unidades de producción público, las coproducciones públicas, no va haber sitio para las producciones privadas. Es muy difícil vertebrar esto en unas políticas consensuadas, sería necesario que, dentro del respeto a las políticas, a los gobiernos, hubiera un denominador común, una base de entendimiento que nos permitiera vertebrar la sociedad teatral y canalizar el desarrollo de la misma. El avance es grande y positivo, nuestra relación de infraestructuras con otros países europeos no tiene nada que envidiar, incluso con países de una gran tradición con una estructura mejor. La calidad de nuestros espectáculos, en un tanto por ciento, es homologable y comparable con los productos que nacen en cualquier país europeo. Sin embargo, tendríamos que mejorar la normalidad, lo que sería el cuerpo base del ejército.

    ¿Con qué objetivos nace Artibus S.L.?

    Nace hace ocho años, con la idea de convertirse en una productora de danza y de teatro y también, como consultora cultural, con el objetivo de prestar nuestro conocimiento como asesoría para poner en marcha cualquier proyecto cultural. Ahora mismo, estamos volcados en la organización de seminarios y cursos relacionados con la gestión cultural, hacemos trabajos de consultoría cultural y producciones teatrales, de danza hemos hecho menos, aunque el inicio fue la creación de una compañía de danza José Antonio y los ballets españoles, y la administración de este teatro, que nos lleva un esfuerzo considerable, humano y económico y de todas las naturalezas porque es muy absorbente.

    A través de una concesión administrativa, por parte del Ayuntamiento de Madrid, Artibus consigue la gestión y dirección del Teatro de Madrid, ¿en qué consiste esta fórmula de gestión?
    Este es un modelo bastante insólito y no sé si hay alguna cosa igual en el resto del estado en este momento, puede que haya cosas parecidas, pero creo que no. Es un concurso público que tiene como máximo una duración de seis años, en diciembre de este año se acaba, no tengo ni idea de la voluntad del Ayuntamiento de Madrid con relación a este tema, no sé si seguirá manteniendo esta fórmula. Consiste en que el Ayuntamiento aporta un dinero y exige unas cosas, y, por otro lado, la empresa debe corresponder a esas exigencias y tiene cierta libertad para conducir diversos temas. Estamos ante un modelo de empresa privada que cuenta con una subvención, por eso puede haber un control de precios, los márgenes con los que jugamos con las compañías son superiores con los que juega cualquier otro teatro privado, aunque menos que cualquier teatro público. Es una privatización rara, porque hago un servicio público, me controlan el gasto y además es un teatro en donde conjugo lo comercial con el riesgo. Si hacemos un análisis de estos cinco años, vemos que es un teatro de uso público porque hay cosas de interés general, todo el grupo de orientaciones estéticas. Hemos cumplido como teatro público. Estamos haciendo un balance y creo que no nos ha salido mal desde el punto de vista artístico porque hemos tenido el apoyo de una serie de instituciones culturales, no sólo del Ayuntamiento por el compromiso contractual, sino también del Ministerio de Cultura que ha sido fundamental y eso hace que podamos correr algunos riesgos y el hecho de que la Comunidad de Madrid haya tenido este espacio como propuesta escénica de sus festivales, ha hecho que este teatro pueda tener una programación que no hubiera podido tener con esquemas privados. Hemos tenido pequeños patrocinadores o algunos colaboradores etc., todo eso ha ido haciendo que hayamos podido desarrollar este discurso artístico con una situación económica inestable, como suele ocurrir con estos fenómenos, y que hasta ahora nos ha salido. En el futuro no sé si se podrán mantener más de veinte espectáculos al año con el presupuesto que manejamos. Este año, noto que presupuestariamente, siendo el último año, va a ser muy difícil para nosotros.

    ¿Cuáles son los puntos clave para una gestión cultural acertada?
    Lo importante de toda gestión en relación con la cultura es la combinación del conocimiento del sector en el que se está y un acercamiento a los números. En España, hemos pasado, con cierto miedo, del gestor artista que no quería saber nada de los números, que sólo se preocupaba de dirigir y programar artísticamente, a aquella persona que aterriza en este mundo y que viene de un master de análisis económico. Ésta es una empresa muy peculiar porque es empresa artística y eso no es lo mismo que dirigir otro tipo de empresa. No digo que sea mejor, sino que cualitativamente no tiene nada que ver. Somos dependientes de un público que diariamente compra o no unas localidades que se nos quedan vacías o no y que no podemos vender al día siguiente la que no hemos vendido el día anterior. Somos un sector raro, muy subjetivo, que depende de los artistas, y éstos son también muy subjetivos. No puede ser tan encorsetado como pudiera ser otro sector. Hay cierta improvisación en los últimos momentos de creación de un producto y es muy difícil objetivar.

    ¿Cómo se establecen los límites definitorios entre teatro público y teatro privado?

    Hoy día, hablar de público y privado en los mismos términos en los que se hablaba en los años ochenta no creo que sea lo correcto. En el 2003 lo público y lo privado no tiene el mismo significado que hace veinte años, es por lo que reclamo una revisión ideológica y de nomenclatura respecto al concepto de público y privado. Últimamente estoy muy pesado con este tema, pero me parece fundamental aclarar estos términos. Desde mi punto de vista, lo público no viene determinado por el origen de quien aporta el dinero (administraciones públicas o privadas), sino porque el discurso que desarrolla ese teatro tenga un interés general. Lo mismo se puede aplicar al teatro privado, si ese discurso que elabora es de interés general, ese segmento también sería de interés público. Por lo tanto, reclamo el concepto de público para todo tipo de teatro de interés general sea cual sea la procedencia de sus recursos. Hay una tradición en la izquierda de que lo público es bueno y lo privado es malo y una tradición en la derecha española de que lo público es malo y lo privado es bueno, y yo creo que esto es una concepción de derecha y de izquierda antigua. Lo importante es potenciar el TEATRO con mayúsculas, el Teatro Arte, que eso se desarrolle bien y no importarnos tanto la procedencia de quien lo haga.

    ¿Está el teatro público politizado?
    No más que el teatro privado, quiero decir, que como el 80% del teatro privado en España está subvencionado, de que el teatro privado en sentido estricto estamos hablando si está subvencionado por el Ministerio y Comunidades Autónomas. En este sentido, debemos ser muy escrupulosos cuando manejamos lo privado y lo público. Hoy, las subvenciones han profesionalizado a estamentos teatrales amateur, antes uno empezaba, era aficionado, hacía teatro universitario, teatro de barrio, luego adquiría un conocimiento o estudiaba en unas escuelas y se hacía profesional. Ahora todo el mundo es profesional debido a las subvenciones. Con esta situación, se ha creado más inflación en el mercado, se ofrecen más productos de los que se necesitan consumir. El teatro está “condicionado” y ese condicionamiento es mayor o menor según el grado de madurez de la sociedad del país donde se desarrolla, pero casi siempre, hay una relación de determinismo con el poder político, naturalmente eso depende de los valores democráticos de cada sociedad. Lo que hay que ver es el grado de sensatez que hay, si el concejal es el que programa el teatro eso es horroroso porque lo va a hacer mal. Esa labor debería estar en manos de un director y de un gestor responsables. El mundo privado tampoco se escapa, porque no hay control sobre él, en lo privado la “politización” y el determinismo no responde ante nadie. Muchas veces lo privado está más “politizado” que lo público.

    ¿Cuáles son los proyectos que van a llevar a cabo este año?
    El teatro va a seguir con su programación, ya tenemos algunas cosas cerradas. Como empresa estamos metidos en dos proyectos muy concretos que están a punto de dar el pistoletazo de salida, uno es la versión teatral del Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde en coproducción con un amigo y gran productor Juanjo Seoane y vamos a hacer otra obra que es Los directivos, se ha estrenado en París con el nombre de Los directores. Una obra comercial pero con un mensaje importante: la lucha de los ejecutivos de una gran multinacional por hacerse paso y carrera dentro de esa multinacional. Trata también de los aspectos de la incorporación de la mujer a esos puestos directivos. Es una obra de mucha actualidad.

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