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Reclamo una revisión ideológica de los términos
público y privado
Comienza
en el teatro siendo muy niño, pasa de actor aficionado a
director universitario, hasta llegar a ser responsable de la política
teatral en el Ayuntamiento de su Murcia natal, en esa misma Comunidad
y en el Ministerio de Cultura como Director General de Música
y Teatro. Actualmente, José Manuel Garrido dirige Artibus,
una empresa de producción y distribución de espectáculos
teatrales, especializada en consultoría cultural, que desde
hace cinco años se encarga de la gestión del Teatro
de Madrid. El balance de esta gestión se puede resumir con
los siguientes datos: 109 compañías, 958 representaciones
y más de 500.000 espectadores.
Belén
Fernández. Madrid
De
su etapa como Director General de Música y Teatro, ¿cuáles
de las labores que realizó le confortan una mayor satisfacción
personal?
De esa etapa recuerdo con mucho cariño toda la renovación
que supuso la rehabilitación de los teatros públicos
en nuestro país. Yo creo que fue un proceso muy importante,
que ha permitido que el teatro se pueda ver en todas las ciudades
españolas con una categoría que antes no tenía.
Todo lo que fue el plan de construcción de las salas de conciertos,
los auditorios, y algunas cosas muy queridas para mí como
fue crear la Compañía Nacional de Teatro Clásico,
el Centro de Difusión de la Música Contemporánea,
la Joven Orquesta Nacional de España. Estas son cosas en
las que tuve una responsabilidad formal para ponerlas en marcha
y que, hoy día, están asentadas de raíz en
lo que es la cultura de nuestro país. Uno, cuando mira para
atrás, analiza con el conocimiento de hoy las cosas de ayer.
Yo fui responsable de la política de los ochenta, la política
del siglo XXI tiene que ser diferente.
¿Cuáles son las principales necesidades de las
artes escénicas contemporáneas? y ¿cómo
cree que debería ser la política del siglo XXI para
paliarlas?
Hay muchos problemas. Ha habido un gran avance, hay una infraestructura
teatral y de salas polivalentes que hace que haya una distribución
importantísima. Hoy día, el teatro no está
tan centralizado, incluso en su exhibición, uno puede ver
en una capital de provincia muy cómodamente y más
barato que en Madrid casi el 80% de lo que se hace en España,
a excepción de los grandes musicales. Esto supone una recomposición
de las formas de funcionamiento que había, pero también
tenemos que acomodarnos a la realidad. Creo que falta un poco de
racionalidad, de claridad en las políticas teatrales, sería
necesario que no tuviéramos tanta dependencia de los poderes
públicos, que el teatro tuviera una capacidad de oxigenarse
por sí mismo. Esa dependencia de las administraciones no
es buena. Sería necesario que el Estado pusiera lo que tiene
a disposición no sólo de sus producciones sino también
del teatro privado. Hay un peligro de que las redes de teatros públicos
que nacieron con la vocación de ser las grandes autopistas
por las que iba a circular el teatro en España, se convierta
en un oligopolio público, de tal manera que hay productos
que por unas razones u otras, puedan no entrar, digamos que ahí
sí que puede haber un control desde todos los puntos de vista.
Si los teatros públicos empiezan a producir entre ellos,
al final todo va a ser público, entre las unidades de producción
público, las coproducciones públicas, no va haber
sitio para las producciones privadas. Es muy difícil vertebrar
esto en unas políticas consensuadas, sería necesario
que, dentro del respeto a las políticas, a los gobiernos,
hubiera un denominador común, una base de entendimiento que
nos permitiera vertebrar la sociedad teatral y canalizar el desarrollo
de la misma. El avance es grande y positivo, nuestra relación
de infraestructuras con otros países europeos no tiene nada
que envidiar, incluso con países de una gran tradición
con una estructura mejor. La calidad de nuestros espectáculos,
en un tanto por ciento, es homologable y comparable con los productos
que nacen en cualquier país europeo. Sin embargo, tendríamos
que mejorar la normalidad, lo que sería el cuerpo base del
ejército.
¿Con
qué objetivos nace Artibus S.L.?
Nace hace ocho años, con la idea de convertirse en una productora
de danza y de teatro y también, como consultora cultural,
con el objetivo de prestar nuestro conocimiento como asesoría
para poner en marcha cualquier proyecto cultural. Ahora mismo, estamos
volcados en la organización de seminarios y cursos relacionados
con la gestión cultural, hacemos trabajos de consultoría
cultural y producciones teatrales, de danza hemos hecho menos, aunque
el inicio fue la creación de una compañía de
danza José Antonio y los ballets españoles, y la administración
de este teatro, que nos lleva un esfuerzo considerable, humano y
económico y de todas las naturalezas porque es muy absorbente.
A través de una concesión administrativa, por parte
del Ayuntamiento de Madrid, Artibus consigue la gestión y
dirección del Teatro de Madrid, ¿en qué consiste
esta fórmula de gestión?
Este es un modelo bastante insólito y no sé si hay
alguna cosa igual en el resto del estado en este momento, puede
que haya cosas parecidas, pero creo que no. Es un concurso público
que tiene como máximo una duración de seis años,
en diciembre de este año se acaba, no tengo ni idea de la
voluntad del Ayuntamiento de Madrid con relación a este tema,
no sé si seguirá manteniendo esta fórmula.
Consiste en que el Ayuntamiento aporta un dinero y exige unas cosas,
y, por otro lado, la empresa debe corresponder a esas exigencias
y tiene cierta libertad para conducir diversos temas. Estamos ante
un modelo de empresa privada que cuenta con una subvención,
por eso puede haber un control de precios, los márgenes con
los que jugamos con las compañías son superiores con
los que juega cualquier otro teatro privado, aunque menos que cualquier
teatro público. Es una privatización rara, porque
hago un servicio público, me controlan el gasto y además
es un teatro en donde conjugo lo comercial con el riesgo. Si hacemos
un análisis de estos cinco años, vemos que es un teatro
de uso público porque hay cosas de interés general,
todo el grupo de orientaciones estéticas. Hemos cumplido
como teatro público. Estamos haciendo un balance y creo que
no nos ha salido mal desde el punto de vista artístico porque
hemos tenido el apoyo de una serie de instituciones culturales,
no sólo del Ayuntamiento por el compromiso contractual, sino
también del Ministerio de Cultura que ha sido fundamental
y eso hace que podamos correr algunos riesgos y el hecho de que
la Comunidad de Madrid haya tenido este espacio como propuesta escénica
de sus festivales, ha hecho que este teatro pueda tener una programación
que no hubiera podido tener con esquemas privados. Hemos tenido
pequeños patrocinadores o algunos colaboradores etc., todo
eso ha ido haciendo que hayamos podido desarrollar este discurso
artístico con una situación económica inestable,
como suele ocurrir con estos fenómenos, y que hasta ahora
nos ha salido. En el futuro no sé si se podrán mantener
más de veinte espectáculos al año con el presupuesto
que manejamos. Este año, noto que presupuestariamente, siendo
el último año, va a ser muy difícil para nosotros.
¿Cuáles son los puntos clave para una gestión
cultural acertada?
Lo importante de toda gestión en relación con la cultura
es la combinación del conocimiento del sector en el que se
está y un acercamiento a los números. En España,
hemos pasado, con cierto miedo, del gestor artista que no quería
saber nada de los números, que sólo se preocupaba
de dirigir y programar artísticamente, a aquella persona
que aterriza en este mundo y que viene de un master de análisis
económico. Ésta es una empresa muy peculiar porque
es empresa artística y eso no es lo mismo que dirigir otro
tipo de empresa. No digo que sea mejor, sino que cualitativamente
no tiene nada que ver. Somos dependientes de un público que
diariamente compra o no unas localidades que se nos quedan vacías
o no y que no podemos vender al día siguiente la que no hemos
vendido el día anterior. Somos un sector raro, muy subjetivo,
que depende de los artistas, y éstos son también muy
subjetivos. No puede ser tan encorsetado como pudiera ser otro sector.
Hay cierta improvisación en los últimos momentos de
creación de un producto y es muy difícil objetivar.
¿Cómo
se establecen los límites definitorios entre teatro público
y teatro privado?
Hoy día, hablar de público y privado en los mismos
términos en los que se hablaba en los años ochenta
no creo que sea lo correcto. En el 2003 lo público y lo privado
no tiene el mismo significado que hace veinte años, es por
lo que reclamo una revisión ideológica y de nomenclatura
respecto al concepto de público y privado. Últimamente
estoy muy pesado con este tema, pero me parece fundamental aclarar
estos términos. Desde mi punto de vista, lo público
no viene determinado por el origen de quien aporta el dinero (administraciones
públicas o privadas), sino porque el discurso que desarrolla
ese teatro tenga un interés general. Lo mismo se puede aplicar
al teatro privado, si ese discurso que elabora es de interés
general, ese segmento también sería de interés
público. Por lo tanto, reclamo el concepto de público
para todo tipo de teatro de interés general sea cual sea
la procedencia de sus recursos. Hay una tradición en la izquierda
de que lo público es bueno y lo privado es malo y una tradición
en la derecha española de que lo público es malo y
lo privado es bueno, y yo creo que esto es una concepción
de derecha y de izquierda antigua. Lo importante es potenciar el
TEATRO con mayúsculas, el Teatro Arte, que eso se desarrolle
bien y no importarnos tanto la procedencia de quien lo haga.
¿Está el teatro público politizado?
No más que el teatro privado, quiero decir, que como el 80%
del teatro privado en España está subvencionado, de
que el teatro privado en sentido estricto estamos hablando si está
subvencionado por el Ministerio y Comunidades Autónomas.
En este sentido, debemos ser muy escrupulosos cuando manejamos lo
privado y lo público. Hoy, las subvenciones han profesionalizado
a estamentos teatrales amateur, antes uno empezaba, era aficionado,
hacía teatro universitario, teatro de barrio, luego adquiría
un conocimiento o estudiaba en unas escuelas y se hacía profesional.
Ahora todo el mundo es profesional debido a las subvenciones. Con
esta situación, se ha creado más inflación
en el mercado, se ofrecen más productos de los que se necesitan
consumir. El teatro está condicionado y ese condicionamiento
es mayor o menor según el grado de madurez de la sociedad
del país donde se desarrolla, pero casi siempre, hay una
relación de determinismo con el poder político, naturalmente
eso depende de los valores democráticos de cada sociedad.
Lo que hay que ver es el grado de sensatez que hay, si el concejal
es el que programa el teatro eso es horroroso porque lo va a hacer
mal. Esa labor debería estar en manos de un director y de
un gestor responsables. El mundo privado tampoco se escapa, porque
no hay control sobre él, en lo privado la politización
y el determinismo no responde ante nadie. Muchas veces lo privado
está más politizado que lo público.
¿Cuáles son los proyectos que van a llevar a cabo
este año?
El teatro va a seguir con su programación, ya tenemos algunas
cosas cerradas. Como empresa estamos metidos en dos proyectos muy
concretos que están a punto de dar el pistoletazo de salida,
uno es la versión teatral del Retrato de Dorian Gray de Oscar
Wilde en coproducción con un amigo y gran productor Juanjo
Seoane y vamos a hacer otra obra que es Los directivos, se ha estrenado
en París con el nombre de Los directores. Una obra comercial
pero con un mensaje importante: la lucha de los ejecutivos de una
gran multinacional por hacerse paso y carrera dentro de esa multinacional.
Trata también de los aspectos de la incorporación
de la mujer a esos puestos directivos. Es una obra de mucha actualidad.
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