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A
LOMBRA DE ROBRENYO
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Àlex
Rigola, una esperanza de futuro para el Lliure
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| juli
cèsar de alex rigola |
Escribimos
estas líneas el 19 de marzo, un día después
de que haya sido confirmada la nueva dirección del Teatre
Lliure, y el mismo día en que el elegido, Àlex Rigola,
un creador de gran talento e innegable originalidad, hombre de Josep
Montanyès, ha hecho sus primeras declaraciones. Algunas,
tal vez, no excesivamente acertadas. En cualquier caso han molestado
divertidamente a los representantes de la generación superior
a la que el flamante director del Lliure pertenece. Considero un
acierto poner al frente del mismo a una persona que ha colaborado
con la casa pero que no se ha visto implicada en las intrigas, tensiones
y luchas por el poder que han caracterizado a esta entidad en los
últimos años. Pensamos que la mejor solución
para el Lliure habría sido (como para el Nacional, el Liceo
y la dirección del Instituto del Teatro) poner a concurso
público los cargos de dirección. Se me ha informado
que hay una normativa en la UE que, si no obliga, al menos aconseja
esta práctica. Se abre un concurso, se presentan proyectos,
se exponen públicamente, y se elige un jurado compuesto,
como me dijo en una ocasión Martin Esslin, por personas que
estén por encima de toda sospecha, y que no necesiten
aprovecharse de desempeñar este cargo.
Pero nuestros políticos no han entendido que la cultura catalana
no es suya, sino de la sociedad. Y conceden la construcción
de los teatros, de los monumentos y la dirección de grandes
empresas culturales, simplemente a dedo, o bien, en
el mejor de los casos, a través de unos patronatos no compuestos
precisamente por ciudadanos por encima de toda sospecha. En todo
caso, se quiera o no reconocer, el Lliure estaba, desde hace muchos
años, en un impasse mayúsculo. Por un lado, ha habido
una mitificación, tal vez excesiva, de la aportación
de Fabià Puigserver, pero sobre todo una utilización
muy inquietante de esa mitificación por parte de los componentes
llamados históricos del Lliure; por los pocos
que en los últimos años quedaban en activo dentro
del teatro.
Es sorprendente que se nombre a un director sin haberle dado tiempo
a que presentara un proyecto y una definición del Teatro.
Pero, pensamos que dada la extraña e incómoda situación
en que estaba el Lliure, la elección de Rigola es una muy
buena decisión. Creo que es muy revelador lo que declaró
Albert Boadella, siempre tan lúcido y siempre tan admirablemente
dispuesto a nombrar las cosas por su nombre. Decía: "Me
pregunto, ¿qué Lliure va a dirigir (Rigola)?; ¿qué
es esto del Lliure?, porque todavía nadie sabe lo que significa,
el Lliure no conserva ya nada del pasado". De cualquier manera
se ha roto el nudo gordiano, de una vez por todas, que estaba ahogando
al Lliure.
Pensamos que el Lliure sólo tiene buena solución si
acaba siendo un teatro público a todos los niveles. Ya basta
que un grupo de amigos hayan tenido el privilegio de disfrutar durante
treinta años de todas las facilidades de trabajo con dinero
público, manteniendo su capacidad privada de decisión.
Creemos, y se lo dijimos hace años a Pasqual Maragall, que
la ciudad de Barcelona debe tener un teatro municipal. Un teatro
municipal que sea totalmente diferente en su programación
y contenidos de lo que es el TNC. De no ser así, ¿qué
justificación tiene que una ciudad tenga dos teatros subvencionados
tan grandes y tan caros, y que cada uno de ellos quiera tener tres
escenarios diferentes? ¿No sería lógico que
el llamado Lliure de Gràcia, el local histórico tuviera
una independencia y siguiera el llamado legado de Puigserver, y
el gran espacio, el de Montjuic, creara un repertorio parecido al
TNP de los años de Jean Vilar?
Es absurdo e inaceptable que en las obras que se montan en el Lliure
de Montjuic, el de más de 700 localidades, se hagan ingeniosos
artilugios escenográficos para eliminar, si es posible a
la mitad, el aforo. Este problema de no conocer los formatos ni
de qué programación conviene a qué teatro,
se puso de manifiesto en el estreno de la obra Suzuki I i II, uno
de los mejores trabajos de creación de Rigola. La propuesta
no cuajó frente al público mayoritario del gran espacio
y, quizá, de haberse dado en el Lliure de Gràcia hubiera
tenido el mismo éxito que logró en ese teatro Titus
Andronicus, uno de los espectáculos más celebrados
de Rigola. Rigola ha hablado de que se ha acabado el teatro arqueológico.
Se apresura a aclarar que esto no es una crítica al TNC.
Entonces, ¿qué es teatro arqueológico para
él? ¿El que hace la empresa privada, el de Focus en
el Romea? No hay mucha más oferta. Si la estética
del Lliure pequeño la siguen repitiendo en el espacio grande
del Lliure, podremos ir a un fracaso que no conviene a nadie. Y
toda la teoría de destrucción y de-construcción
de Shakespeare y de los clásicos que se ha llevado a cabo
en estos años tiene, tal vez, que acabar. Tenemos que volver
a empezar.
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