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iritzia
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opinión
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LUZ
NEGRA
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Las
palabras de los que
sólo eso tienen
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| Artezblai,
2002. 64 pags. 9 Euros |
Lázaro,
el protagonista del primero de los dos breves e intensos dramas
que nos ofrece este volumen, es sin duda un trasunto de aquel pícaro
Lazarillo, pero como él mismo afirma, no de Tormes, sino
de Mata Mandingas, brazo fluvial del río Amazonas,
más que brazo pie, y menos que pie, dedo pequeño o
callo fluvial, para serles sincero, y aquí se aprecia
ya el sarcasmo despiadado y desesperado, el humor negrísimo
con que nos cuenta sus malandanzas este gamín de la calle,
como tantos otros millones en Latinoamérica. Morí
un poco aquella vez pero no lo suficiente, nos dice Lázaro
cada vez que acaba mal con otro de sus múltiples protectores,
más desgraciados y esperpénticos si cabe que él
mismo.
Los protagonistas del segundo de estos dramas: Tarjeta Sucia, el
poeta fracasado y borrachín, y Abril, la mujer apasionada
que acaba en el arroyo, afirman también ser personas medio
muertas; el porqué, lo explica muy bien Lázaro
en su breve monólogo final: Alto es el precio que el
pobre paga para llenar su barriga de las sobras del banquete de
los que tienen honra, pero no tienen mérito de haber tenido
todas las hambres y todas las soledades que nos hacen hipócritas,
cínicos y violentos.
Un escritor ha afirmado hace poco que la literatura española
se salvará cuando comiencen a escribir los hijos de los inmigrantes
y cuenten historias mestizas y vitales. No son pocos quienes sostienen
que la literatura europea hija de la abulia y la abundancia está
en la UVI, y que la literatura de verdad se escribe hoy en el llamado
Tercer Mundo, en la periferia miserable, en los suburbios del Imperio.
Y no cabe duda de que en Latinoamérica por ejemplo, la literatura,
y no digamos el teatro, arañan la vida con rabia, con desesperación,
por purita necesidad; sueños vertidos de una realidad
avasalladora, como dice en el prólogo de este libro
Susana Nicolalde, donde también habla de una contracorriente
social punzante que da lugar a la constante necesidad de creación.
Dos textos dramáticos escritos (el primero en el año
2000 y el segundo en 1999) por dos dramaturgos actuales ecuatorianos.
¡Teatro ecuatoriano! El teatro vive una eclosión en
este país andino en la que se funde el rigor estético
con una imaginación fértil y con un radical sentido
ético y transformador: grupos, actores, directores y dramaturgos
jóvenes, espacios, proyectos, obras, festivales, encuentros,
ideas, lenguajes...
Arístides Vargas y Patricio Vallejo, los autores de estas
obras, de los que luego hablaremos un poco, tienen muy claro su
bando y fustigan a las causas y a los causantes de que a un país,
a un continente, no le dejen levantar la cabeza. El tío Enrique,
trasunto también ciego de aquel otro ciego del Tormes, afirma:
Lo importante es saber que todos somos mendigos: unos mendigan
por decreto, estos son los mendigos estatales; otros mendigan préstamos
en el exterior, estos son los mendigos gubernamentales; sin contar
los que mendigan un sueldo o mendigos sensible que mendigan afectos...
En fín, que en un lugar de esta cadena estamos tú
y yo, mi querido Lázaro, mendigando en esta gran patria de
mendigos. Esto me hace muy feliz, el saberme parte de millones de
manos que se estiran esperando que caiga algo de la mesa de los
que comen con la conciencia tranquila.
En Tarjeta Sucia, el Señor de Primera, adinerado hombre de
negocios, afirma: Me gustaría pensar que no comparto
el planeta con ustedes, pero son inevitables. Aparecen por todas
partes. Parecería que las laderas de las montañas
sufren una especie de pus en forma de casuchas por donde entran
y salen ustedes, y luego se chorrean a la ciudad y la contaminan.
Y un poco más adelante el propio Tarjeta Sucia le responde:
Nos han despojado de casi todo, pero estas calles todavía
nos pertenecen. Así es Quito, colorida y triste, pero todavía
repleta de gente, y parecería que se va a quedar vacía
porque el aeropuerto viejo e inútil siempre está lleno
de huidas y llantos y, sin embargo, por otro lado, llegan nuevas
esperanzas, siempre llegan y la ciudad no queda vacía. No
hacemos nada porque nos dejaron medio muertos, pero todavía
esperamos algo.
La lectura de ambos dramas es diáfana, prácticamente
liberados de acotaciones y al mismo tiempo tremendamente plásticos,
llenos de posibilidades escénicas; es evidente que sus autores
son hombres integrales del teatro. Argentino de nacimiento y exiliado
en Ecuador desde 1977, A.Vargas (1954) es actor y director del Grupo
Malayerba; en 1997 recibió el Premio Nacional de la Cultura
de Ecuador. P. Vallejo (Quito, 1964) es actor, director del Grupo
Contraelviento y director-fundador así mismo del Centro Andino
de Investigación y Producción de Artes Escénicas.
Vallejo es también autor de Teatro y vida cotidiana: las
formas del lenguaje teatral y los procesos de comunicación
en la vida cotidiana, y mantiene un Taller permanente de investigación
con su grupo, así como el denominado Laboratorio Teatral,
en el que desarrolla un proceso de formación con actores
amateurs.
En la obra de ambos encontramos esa necesaria fusión de sueño
y realidad, de lo cotidiano y lo extraordinario como ese personaje
de De cómo moría... que planea atraer a la muerte
con engaños para robarle la guadaña y venderla a un
anticuario. En Tarjeta Sucia el Señor de Primera dice: Hasta
tus palabras son pobres. Me recuerdan el pataleo de las cucarachas
con las patas hacia arriba. Esperemos que Artezblai, o cualquier
otra editorial temeraria, nos siga ofreciendo las palabras de los
que sólo eso tienen.
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