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Revista de las Artes Escénicas
Artez 73. Mayo 2003
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    Sociedad amurallada

    VÍCTOR BEVCH
    Autora: LAILA RIPOLL
    Intérpretes: ERNESTO BARRUTIA, AITOR BELTRÁN, JON CALVO, ANA PIMENTA, DORLETA URRETABIZKAIA
    Escenografía: JORGE DUTOR
    Iluminación: RAFA MOJAS
    Espacio sonoro: IÑAKI SALVADOR
    Dirección: LAILA RIPOLL, AITANA GALÁN
    Producción: VAIVÉN PRODUCCIÓNES

     

    Borja Relaño

    La compañía donostiarra Vaivén Producciones, en su última propuesta, quiere hablar al público de Hamlet, ni más ni menos que del mismísimo príncipe de Dinamarca, y para ello se han preguntado qué pasaría si Hamlet no fuera príncipe y si hubiera nacido en un modesto barrio de cualquiera de nuestras ciudades a finales del siglo pasado y si fuese tornero fresador. El resultado de dicha traslación es Víctor Bevch, o Víctor blanco, europeo, varón, católico y heterosexual. Junto a él, una Gertrudis que confunde la fisonomía con la sinonimia y hace unas excelentes concretas de jamón, mientras que el rey Claudio es aquí un recién llegado de Bangladesh y regenta una pequeña tienda de comestibles indio-pakistaní. Ofelia es la vecinita del segundo y el espectro, aunque a veces parece sacado del club de la comedia, está triste.

    Semilla del problema

    Son, todas ellas, personas normales y corrientes, como cualquiera de los mortales que se encuentra uno en un ascensor o en el mercado, y es por eso que con su historia Vaivén quiere hablar en Víctor Bevch de los prejuicios, porque como ya es habitual en la compañía, todo su trabajo está enfocado a ser testigo del tiempo en que vivimos. En palabras de Ana Pimenta, artífice de la idea, productora y al mismo tiempo actriz en el montaje, “por desgracia, vivimos en un medio en que están demasiado presentes una serie de prejuicios raciales, sociales o nacionales. Sobre todo, nos inquietaba el hecho de que siempre pensamos en ellos como algo menor, como pequeños defectillos incorporados a la persona y que no tienen mayor trascendencia, pero opino que, en los tiempos que corren, los pequeños prejuicios son la semilla de desencadenantes terribles”.
    Como ya es habitual en Vaivén, que para cada montaje tratan de rodearse de las personas que creen que mejor se ajustan a las necesidades de su proyecto, en esta ocasión le plantearon la idea a Laila Ripoll para escribir el texto. Así, poco a poco y a partir de un guión en constante evolución durante todo el proceso, ha ido tomando forma un texto, que como define su autora, trata de que el espectador se plantee la existencia de esos prejuicios desde un punto de vista personal, que pueda reconocerse en los comportamientos de los personajes. Para ello, han creado esta familia con la que cualquiera puede sentirse identificado.
    No les interesa hablar de seres extraños, de fascistas, de cabezas rapadas o de personas que forman una minoría en nuestra sociedad, sino de esos comportamientos que se dan en la mayoría de las personas, en palabras de Ripoll, “de esos tan sutiles que intentamos justificar de forma casi científica asegurando que se basan en hechos demostrados y que a pesar de tenerlos, seríamos capaces de dejarnos arrancar la piel a tiras antes de reconocer que somos unos intolerantes. Si alguien se da por aludido, pues estupendo”.

    Pánico a no ser aceptado

    Para crear la historia, el hilo conductor de Víctor Bevch, Ripoll ha tomado como referencia la relación de no aceptación que se da entre Hamlet y su madre, y reconoce que hay muchas escenas que son una lectura de la obra de Shakespeare. Incluso asegura que Víctor es “un pobre Hamlet” sin la grandeza de un príncipe. Y asegura que la obra está impregnada de conductas empujadas por el miedo, por el pánico atroz a no ser aceptado por los más cercanos.
    Utilizando la comicidad como algo agridulce que rodea a lo conocido, la intención de Vaivén es tratar la historia con cotidianidad porque, como reconoce Pimenta, “nos gusta pensar que el ser humano puede evolucionar. Ahí está la segunda parte del problema, porque tal y como ocurre en la vida real, los personajes de la obra se van desnudando de algunos de esos prejuicios y sin embargo, el resto siguen viéndoles donde les veían, no aceptan que evolucionen”. De hecho, uno de los ejes de la obra plantea el encuentro entre una peculiar ama de casa y un inmigrante de Bangladesh veinte años más joven que ella, lo que hace que para ganarse el cariño mutuo tengan que superar los rechazos iniciales del uno para con el otro, pero que luego se topen con los prejuicios de terceras personas.

    Comunicación directa

    Debido a que Laila Ripoll tiene una importante experiencia como directora –ha obtenido dos veces el primer premio en el Certamen de Directoras de Escena–, pero también condicionados por la cantidad de compromisos a los que está atada, desde un principio optaron por una codirección de la propia autora junto a Aitana Galán, a quien Pimenta define como “la cuarta pata que le faltaba a la mesa”, de tal manera que están llevando la dirección conjuntamente, tanto a nivel de puesta en escena como de dirección de actores. Al no ser la primera vez que trabajan juntas, ambas reconocen que además de coincidir en los planteamientos estéticos, hay un entendimiento con sólo mirarse a los ojos. Además, según explica Galán, ella se ha encontrado con la suerte de tener a la autora durante el proceso de creación del espectáculo, lo que ha hecho que haya habido una comunicación directa con las diferentes partes que entran en el proyecto la cual, asegura Galán, “emana directamente del texto y de la dirección”. En ese sentido, para Pimenta es una ventaja tener a la autora en el equipo, “porque nos da todas las pistas estéticas del espectáculo sin tener que bucear en las acotaciones. Además, hay que explicar que el texto ha sido escrito con el reparto de actores ya elaborado, por lo que los personajes tienen cara desde un principio y se ajustan a los actores como un guante”.

    Escenografía simbólica

    En lo que al espacio escénico se refiere, Galán lo define como “único y cambiante a la vez, poco realista y muy sugerido, para dar cabida a los diferentes lugares en los que ocurre la acción”. Así, estará compuesto por recortes de una casa, por escaleras y puertas que son pequeños símbolos que definen a los personajes y al tiempo, en palabras de Galán, “a la sociedad en la que nos ha tocado vivir, muy mezclada, muy mestiza”.
    Víctor Bevch se estrenará casi simultáneamente en sus versiones en español y euskera, lengua en la que se titulará Bittor Ghezk, y para la cual Vaivén ha contado con el trabajo de Ritxi Lizartza en la traducción del texto y Nagore Aranburu en la dirección de actores.

    MAIATZAK 29, 30 MAYO, EKAINAK 1 JUNIO
    ANTZOKI ZAHARRA - DONOSTIA

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