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Sociedad
amurallada
VÍCTOR
BEVCH
Autora: LAILA RIPOLL
Intérpretes: ERNESTO BARRUTIA, AITOR BELTRÁN,
JON CALVO, ANA PIMENTA, DORLETA URRETABIZKAIA
Escenografía: JORGE DUTOR
Iluminación: RAFA MOJAS
Espacio sonoro: IÑAKI SALVADOR
Dirección: LAILA RIPOLL, AITANA GALÁN
Producción: VAIVÉN PRODUCCIÓNES |
Borja
Relaño
La
compañía donostiarra Vaivén Producciones, en
su última propuesta, quiere hablar al público de Hamlet,
ni más ni menos que del mismísimo príncipe
de Dinamarca, y para ello se han preguntado qué pasaría
si Hamlet no fuera príncipe y si hubiera nacido en un modesto
barrio de cualquiera de nuestras ciudades a finales del siglo pasado
y si fuese tornero fresador. El resultado de dicha traslación
es Víctor Bevch, o Víctor blanco, europeo, varón,
católico y heterosexual. Junto a él, una Gertrudis
que confunde la fisonomía con la sinonimia y hace unas excelentes
concretas de jamón, mientras que el rey Claudio es aquí
un recién llegado de Bangladesh y regenta una pequeña
tienda de comestibles indio-pakistaní. Ofelia es la vecinita
del segundo y el espectro, aunque a veces parece sacado del club
de la comedia, está triste.
Semilla del problema
Son, todas ellas, personas normales y corrientes, como cualquiera
de los mortales que se encuentra uno en un ascensor o en el mercado,
y es por eso que con su historia Vaivén quiere hablar en
Víctor Bevch de los prejuicios, porque como ya es habitual
en la compañía, todo su trabajo está enfocado
a ser testigo del tiempo en que vivimos. En palabras de Ana Pimenta,
artífice de la idea, productora y al mismo tiempo actriz
en el montaje, por desgracia, vivimos en un medio en que están
demasiado presentes una serie de prejuicios raciales, sociales o
nacionales. Sobre todo, nos inquietaba el hecho de que siempre pensamos
en ellos como algo menor, como pequeños defectillos incorporados
a la persona y que no tienen mayor trascendencia, pero opino que,
en los tiempos que corren, los pequeños prejuicios son la
semilla de desencadenantes terribles.
Como ya es habitual en Vaivén, que para cada montaje tratan
de rodearse de las personas que creen que mejor se ajustan a las
necesidades de su proyecto, en esta ocasión le plantearon
la idea a Laila Ripoll para escribir el texto. Así, poco
a poco y a partir de un guión en constante evolución
durante todo el proceso, ha ido tomando forma un texto, que como
define su autora, trata de que el espectador se plantee la existencia
de esos prejuicios desde un punto de vista personal, que pueda reconocerse
en los comportamientos de los personajes. Para ello, han creado
esta familia con la que cualquiera puede sentirse identificado.
No les interesa hablar de seres extraños, de fascistas, de
cabezas rapadas o de personas que forman una minoría en nuestra
sociedad, sino de esos comportamientos que se dan en la mayoría
de las personas, en palabras de Ripoll, de esos tan sutiles
que intentamos justificar de forma casi científica asegurando
que se basan en hechos demostrados y que a pesar de tenerlos, seríamos
capaces de dejarnos arrancar la piel a tiras antes de reconocer
que somos unos intolerantes. Si alguien se da por aludido, pues
estupendo.
Pánico a no ser aceptado
Para crear la historia, el hilo conductor de Víctor Bevch,
Ripoll ha tomado como referencia la relación de no aceptación
que se da entre Hamlet y su madre, y reconoce que hay muchas escenas
que son una lectura de la obra de Shakespeare. Incluso asegura que
Víctor es un pobre Hamlet sin la grandeza de
un príncipe. Y asegura que la obra está impregnada
de conductas empujadas por el miedo, por el pánico atroz
a no ser aceptado por los más cercanos.
Utilizando la comicidad como algo agridulce que rodea a lo conocido,
la intención de Vaivén es tratar la historia con cotidianidad
porque, como reconoce Pimenta, nos gusta pensar que el ser
humano puede evolucionar. Ahí está la segunda parte
del problema, porque tal y como ocurre en la vida real, los personajes
de la obra se van desnudando de algunos de esos prejuicios y sin
embargo, el resto siguen viéndoles donde les veían,
no aceptan que evolucionen. De hecho, uno de los ejes de la
obra plantea el encuentro entre una peculiar ama de casa y un inmigrante
de Bangladesh veinte años más joven que ella, lo que
hace que para ganarse el cariño mutuo tengan que superar
los rechazos iniciales del uno para con el otro, pero que luego
se topen con los prejuicios de terceras personas.
Comunicación directa
Debido
a que Laila Ripoll tiene una importante experiencia como directora
ha obtenido dos veces el primer premio en el Certamen de Directoras
de Escena, pero también condicionados por la cantidad
de compromisos a los que está atada, desde un principio optaron
por una codirección de la propia autora junto a Aitana Galán,
a quien Pimenta define como la cuarta pata que le faltaba
a la mesa, de tal manera que están llevando la dirección
conjuntamente, tanto a nivel de puesta en escena como de dirección
de actores. Al no ser la primera vez que trabajan juntas, ambas
reconocen que además de coincidir en los planteamientos estéticos,
hay un entendimiento con sólo mirarse a los ojos. Además,
según explica Galán, ella se ha encontrado con la
suerte de tener a la autora durante el proceso de creación
del espectáculo, lo que ha hecho que haya habido una comunicación
directa con las diferentes partes que entran en el proyecto la cual,
asegura Galán, emana directamente del texto y de la
dirección. En ese sentido, para Pimenta es una ventaja
tener a la autora en el equipo, porque nos da todas las pistas
estéticas del espectáculo sin tener que bucear en
las acotaciones. Además, hay que explicar que el texto ha
sido escrito con el reparto de actores ya elaborado, por lo que
los personajes tienen cara desde un principio y se ajustan a los
actores como un guante.
Escenografía simbólica
En lo que al espacio escénico se refiere, Galán lo
define como único y cambiante a la vez, poco realista
y muy sugerido, para dar cabida a los diferentes lugares en los
que ocurre la acción. Así, estará compuesto
por recortes de una casa, por escaleras y puertas que son pequeños
símbolos que definen a los personajes y al tiempo, en palabras
de Galán, a la sociedad en la que nos ha tocado vivir,
muy mezclada, muy mestiza.
Víctor Bevch se estrenará casi simultáneamente
en sus versiones en español y euskera, lengua en la que se
titulará Bittor Ghezk, y para la cual Vaivén ha contado
con el trabajo de Ritxi Lizartza en la traducción del texto
y Nagore Aranburu en la dirección de actores.
MAIATZAK
29, 30 MAYO, EKAINAK 1 JUNIO
ANTZOKI ZAHARRA - DONOSTIA
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