Revista Artez
Portal Artezblai
Libreria Yorik
Revista de las Artes Escénicas
Artez 73. Mayo 2003
Hoy es
 
  • Teatro
  • Música
  • Danza
  • Zona Abierta
  • Opinión
  •  
     
  • Agenda
  •  
     
  • Conócenos
  • Suscríbete
  • Contacta
  •  
     
  • Buscador
  • Números anteriores
  • Directorio
  •  
    iritzia
    opinión
    ELGRAFÓGRAFO

    El axolot: Intelectuales, cultura y paz en Colombia

    Octavio Arbeláez Tobón

     

    cartel de ¿quién dijo miedo? de índice teatro

    …Nos presentaron. Le dije que era profesor en la Universidad de los Andes en Bogotá. Aclaré que era colombiano.
    Me preguntó de un modo pensativo:
    –¿Qué es ser colombiano?
    –No lo sé –le respondí– Es un acto de fe..."
    (J.L. Borges "Ulrica" en "El libro de arena")
    El uso desgasta las palabras. Para el colombiano promedio la paz es sólo una palabra inserta en los discursos de los políticos, a veces incluso preguntamos por ella : ¿Cómo está la paz? Shh respondemos, hablemos bajito, la pobre esta muy enferma..
    Y es que un asunto tan serio como la paz de un país no debería estar en manos de los políticos, debería pertenecer al imaginario de un pueblo que hurga en su memoria atávica alguna cosa que se asemeje a lo que dicen que es eso.
    En un diálogo entre Alfonso Reyes y Julio Cortazar (imaginado por Roger Bartra en La jaula de la melancolía) los dos escritores se refieren al axolotl como “el famoso anfibio del mestizaje”. Daba comienzo con esta figura, de un ser a la vez real y mítico, a su discusión sobre la identidad y la metamorfosis del mexicano. Quizás la misma figura nos sirva para pensar las visiones de intelectuales y artistas en un país como Colombia, necesitado de un pensamiento posible.
    Y es que sólo a mediados del siglo XX, cuando la secularización y la modernización toman aire, el intelectual colombiano empieza a mirar las realidades desde otros lugares, con otras metodologías y horizontes conceptuales. Estos se expanden, dejan entrar las ciencias en donde antes predominaban las creencias, reemplazan los calambures por el trabajo sistemático, observan la necesidad de la deliberación pública donde antes primaba la homogenización y confirman la necesidad de comunidades científicas. La observación del país se encuentra con la militancia en los setenta, cuando importantes intelectuales se involucran directamente en los movimientos liberacionistas y concretamente en la aparición de la insurgencia.
    También el surgimiento de movimientos sociales y ciudadanos, las consideraciones sobre el desarrollo y la ampliación de la participación de la sociedad. El intelectual se moviliza entonces hacia el debate social y político de los procesos de paz, empieza a entrar en las definiciones de las políticas públicas, se mueve a través de las organizaciones ecológicas, de derechos humanos, de organización comunitaria dentro del sector independiente, trasciende con su voz a través de los medios de comunicación y focaliza sus indagaciones hacia las complejidades de la realidad propia con una mayor capacidad para dialogar con el exterior. Lo hace en medio de un ascenso de la violencia política pero también de sus posibilidades de incidencia social.
    Es entonces que aparecen los creadores escénicos transformando esos discursos en gestos, imágenes, palabras que quieren significar, o simplemente en unas miradas que se cruzan y reconocen al otro como interlocutor.
    Nuevamente, en paralelo, aparecen los políticos y formulan los discursos: una cultura para la paz, paz para la cultura, cultura y paz, cultura de paz, y un largo etcétera que incorpora la paz como motivo, al final, complacidos con su aporte, los ilustres ciudadanos que hablaron, y los no menos ilustres que escucharon, sienten que por fin se ha escuchado algo distinto, y que la cultura tiene un papel fun-da-men-tal que jugar en el proceso de paz de la nación colombiana que...
    El paso del tiempo nos hace cada vez más escépticos. Aturdidos, miramos cada día el desfile de los horrores de la guerra. La muerte ronda y aletarga, nosotros comenzamos a registrarla como hecho cotidiano, al lado del fútbol, o de las últimas noticias sobre el avance de la guerra que aparenta estar en otra parte, al final nuestra última barrera de defensa frente al horror es la indiferencia.
    Los que generan el hecho escénico se asoman desde sus propuestas de trabajo apenas a la superficie de la situación. Se describe el drama de los desaparecidos en la toma del Palacio de Justicia La Siempreviva de Miguel Torres del Teatro el Local, o se propone la violencia como una sensación, como una atmósfera El Paso de La Candelaria o describen situaciones imbricadas en la violencia cotidiana Ruleta Rusa de Victor Viviescas, o registran el hecho simbólico generado por la muerte El País de los Ciegos de Alvaro Restrepo, o expresa el desconcierto de todos como en ¿Quién dijo miedo? de Índice teatro. Al final, la sensación de estar sumergidos en un laberinto adedálico, nos lleva a creer que el mero hecho de permanecer generando espacios creativos, y de vida, quizás, sean losgérmenes de algo parecido a la vida cotidiana inteligente de cualquier país en condiciones de normalidad.
    Por todo esto, ante la cuestión planteada de una relación entre los intelectuales y paz, las respuestas que se vislumbran no provienen de la diosa razón, mas bien de la intuición de quienes aun creemos que las artes de la representación nos re-presentan, tal y como somos, queriendo construir la memoria futura, en que el acto heroico sea el cotidiano, en que los grandes gestos provengan de permitirnos hacer lo que sabemos hacer diariamente: teatro, que es como la vida misma.

    pagina principal

    Teatro | Música | Danza | Zona Abierta | Opinión | Agenda
    Conócenos | Suscríbete | Contacta | Buscador | Números Anteriores

    © elorrio artez blai kultur elkartea,2001
    artez@artezblai.com
    C/ Elizburu, 3 - 48.230 - Elorrio - Bizkaia tlf: (+34) 946 583 082 fax: (+34) 946 231 886