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A
L'HOMBRA DE ROBRNYO
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12
años sin el Museo del
Teatro de Barcelona
Si
una persona interesada por los museos de Barcelona mira la sección
correspondiente a Museos en los periódicos, encontrará
el siguiente anuncio Museu de les Arts Escèniques. Si esa
persona acude a la Plaça Margarida Xirgu, verá que
en el Museo mencionado situado en la sede del Institut del
Teatre hay una única exposición. Ahora hay una
muestra sobre Els Joglars, 40 anys, una de las compañías
más importantes del país. Mientras en los otros museos
hay exposiciones monográficas aparte del fondo habitual,
en el del Institut del Teatre sólo hay una exposición.
El año pasado hubo otra dedicada a un panorama del teatro
catalán del siglo XX. A juzgar por como se está programando
este Museo, todo hace pensar que, si no lo arregla el actual director
del Institut del Teatre, Jordi Font, hombre de gran amplitud de
mirada, sabio y generosamente dialogante, nunca acabará de
solucionarse una situación tan injusta como inaceptable.
Todo empezó en 1992 cuando la Diputació de Barcelona
decidió que el Museu situado en la calle Nou de la Rambla,
cerca de las míticas Ramblas y del puerto, fuera cerrado.
Se dijo entonces que los importantes fondos del Museu del Teatre
se guardarían en un enorme almacén que se convirtió
en la Biblioteca del Institut. Asimismo se afirmó que al
acabarse el nuevo edificio del Institut del Teatre, allí
se instalaría el Museu. Pero no ha sido así.
En varias ocasiones hemos planteado la problemática de este
Museo fascinante y único en el mundo. Ya en 1991 hablé
de esta cuestión palpitante: el Museu nunca debía
cerrarse. Estaba situado en un edificio de privilegio, la Casa del
Conde Güell de Gaudí. Era un Museo dentro de un Museo.
Hablé con altos responsables de la Junta de Museos. Se nos
dijo que los empleados del Museu y de la Biblioteca habían
pedido que se instalara calefacción central y se quejaban
de la incomodidad de trabajar en aquel local de excepción.
Fue una excusa inmejorable.
En la revista Entreacte de la Associació dActors
i Directors Professionals de Catalunya, publicamos un artículo
(nº 13, Enero-Febrero de 1991) títulado Algunes preguntes
sobre un Museu. En el número siguiente y firmado por
el Institut del Teatre, se me contestaba con otro artículo,
Algunes respostes sobre un Museu. Sólo El
Periódico de Catalunya se hizo eco de esta polémica
y abogó por la recuperación del Museo.
Luego hemos ido recordando que dejar a Barcelona, a Catalunya, sin
Museu del Teatre, comportaba la eliminación de la memoria,
el desprecio a una tradición que cuenta con unos 180 años
de existencia.
En una ocasión hablé de mis preocupaciones con uno
de los últimos directores de esta entidad. Le dije que el
gran problema del Institut era que su director era, a la vez, director
del Museu y responsable de la Biblioteca y de la Editorial. En plena
democracia, se repetía el esquema inquietante de 1939: la
alta personalidad intelectual de Guillermo Díaz Plaja, cubría
todos esos menesteres. Pero, ni los alumnos, ni las actividades,
en todos los aspectos, eran tantos como ahora.
Cuando le dije que todo el fondo el despacho de Àngel
Guimerà, los vestidos de Tórtola Valencia, las maquetas
de los grandes escenógrafos catalanes, etc. debía
volver a exponerse e incluso ser ampliado, me contestó que
no le gustaban, por polvorientos, los museos de Teatro, que todo
podría verse o ser estudiado a través de información
digital y que sólo quedaría una sala de exposiciones
con muestras monográficas. No lo creí, pero todo hace
pensar que si no se crea un estado de opinión contrario a
esta decisión, todo seguirá así.
¿Qué debemos hacer para recuperar nuestra memoria?
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