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EL
GRAFÓGRAFO
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México
puerta de las américas
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| Astrid
hadad y los tarzanes |
En
Latinoamérica las pequeñas y medianas empresas culturales,
aquellas relacionadas con la producción de bienes y servicios
de tipo cultural, cuyos contenidos están protegidos por la
legislación de derechos de autor, parecen ajenas a las realidades
del mercado y de la economía. En estos mundos solo las grandes
y medianas empresas de algunos sectores muy consolidados y cuya
actividad se refleja en productos físicos concretos (discos,
libros, revistas, videos, software) parecen hacer parte de la actividad
económica, al menos de aquella que se mide periódicamente
en las encuestas y censos. Sin embargo, existe una multitud de personas
e instituciones que se mueven en el mundo de las artes y la cultura,
produciendo bienes y servicios para el mercado nacional e internacional,
que pasan desapercibidas en los grandes agregados económicos.
Realizan sus actividades de creación, producción y
distribución en muy precarias condiciones, poco saben de
los entornos legales que rodean su actividad y forman parte del
mundo de la informalidad económica.
Las industrias culturales cobran cada día mayor importancia
en el mundo. Las artes y la cultura y los intercambios económicos
que se generan alrededor de las mismas representan buena parte del
Producto Interno Bruto mundial (entre 4 y 7% en el mundo desarrollado)
y en un contexto de globalización su repercusión será
aun mayor. La globalización en las industrias culturales
ha sido tal vez una de las más fuertes y aceleradas en los
últimos años. A la vera de la revolución en
las comunicaciones, la distribución de contenidos culturales
se ha multiplicado en el mundo. América Latina en general,
ha estado un poco ajena a todo este proceso, aunque es indudable
que la apertura y modernización de los años noventa
y la recuperación económica han incidido en una dinamización
de la producción, el consumo y el comercio de bienes culturales.
En los países de la región, el potencial de crecimiento
de las industrias culturales es inmenso. Solo basta mirar los indicadores
de consumo de algunos bienes y servicios del sector y su comparación
con algunos estándares internacionales para darse cuenta
del vasto mercado potencial hacia los próximos años.
Una población cada vez más urbana, joven y con crecientes
índices de escolaridad es el terreno abonado para el despegue
y crecimiento sostenido de este tipo de industrias. Con la globalización,
el capital multinacional así lo ha entendido y es en las
industrias culturales (música, edición, impresión,
etc.) hacia donde viene orientanda una buena parte de sus inversiones
en la región. La creatividad y las diversas expresiones de
las artes regionales constituyen un interesante nicho de mercado
cuyas posibilidades de distribución a gran escala son cada
vez más amplias, tanto en el mercado latinoamericano como
en otras zonas del orbe.
La escala de la producción y la distribución en la
región dificulta la internacionalización de la oferta
cultural latinoamericana. Es notable ver cómo los principales
productos de las industrias culturales en la región
alcanzan visibilidad y penetración en el mercado internacional
cuando son producidos y distribuidos por las subsidiarias de las
grandes empresas de la industria de la comunicación (la música
es el mejor ejemplo). Sin pretender desconocer los fenómenos
que se dan en la economía global, si es dable pensar en el
fortalecimiento de la oferta de bienes y servicios culturales en
la región, tarea en la que vienen trabajando múltiples
instancias gubernamentales y no gubernamentales, con el objetivo
de propiciar la integración de esfuerzos, consolidar productos
y ampliar los mecanismos de distribución (v.gr. la experiencia
de la Red de Promotores culturales de América Latina y El
Caribe).
Ese propósito pasa, en primer lugar, por formalizar la producción
cultural en la región, fortaleciendo a sus protagonistas
en todos los campos de su actividad: creación, producción,
distribución y mercadeo. La generación de empresas
culturales debe ser un objetivo básico de la comunidad de
las artes y la cultura en la región. Y si hablamos de empresas
culturales en toda la extensión de la palabra: se trata de
gestar proyectos económica y socialmente viables, y con criterios
económicos normales (contables, legales, de mercadeo) que
hagan posible la valorización de la creatividad y el conocimiento,
materias primas básicas para la producción de este
tipo de bienes y servicios que garanticen de esa forma su reproducción
y crecimiento.
En este contexto, el surgimiento de mercados como Puerta de
las Américas, en México, ese país del
que siempre se ha dicho que esta tan lejos de dios y tan cerca de
los Estados Unidos, genera un espacio para las artes escénicas
y musicales ligadas a los procesos de un mercado articulado en el
contexto de integración de las Américas, preludiando
el ALCA (Acuerdo de libre comercio de las américas), alrededor
del cual los que trabajamos en la cultura y las artes luchamos para
encontrar espacios de respeto a la diversidad y la generación
de miradas que no permitan la homogenización de la producción
cultural con referentes creativos fundamentados en el interés
de los consumidores norteamericanos
Por esto no solo esta dirigido el evento hacia lo norteamericano,
sino también hacia la otra América, aquella con la
que se establece el dialogo a través de la memoria común,
y con la que se construyen relaciones mas allá de lo meramente
comercial. Tal vez esto nos aleje de los Estados Unidos y nos acerque
al hipotético dios de las pequeñas cosas de las que
están construidas las artes y la cultura.
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