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Madrigales
teatralizados en Vila-real
Borja
Relaño
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Borja
Relaño
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Tras
800 kilómetros de carretera, con parada en Lleida incluida para
comprobar el ambiente previo y transmitir nuestros mejores deseos
a los responsables de la Fira de Titelles que está a punto de comenzar,
llegamos a Vila-real. Allí nos esperan cinco intensas jornadas de
espectáculos urbanos, enmarcados en el decimosexto Festival de Teatro
de Calle de Vila-real, celebrado entre los pasados 30 de abril y
4 de mayo. Quedan apenas un par de horas para reponernos del viaje
y que comiencen a sucederse los espectáculos.
Miércoles 30 de abril
Toniton se encarga de lanzar el txupinazo que marca el inicio oficial
del festival con el estreno de Acro-visión. Se trata de una exhibición
de habilidades en el que sus integrantes entremezclan las acrobacias
y malabares coreografiados con la pirotecnia, utilizada en ocasiones
con profusión. A Tempo Dansa, una nueva formación del mismo Vila-real,
presenta en el estreno de 30 minuts un alegato en favor de la vida.
Un solo de danza contemporánea en el que el movimiento traza los
sentimientos de rabia y desesperación ante la inminente muerte por
condena, pero que por momentos se apoya en el trabajo actoral que
busca la cercanía con el público de a pie. Termina la primera jornada
en la carpa con la actuación de Les Bouffons con Minuta Pecata,
una divertida ejemplificación de los siete pecados capitales mediante
la utilización de los arquetipos de la Commedia dell¹Arte en la
que los diferentes planos teatrales permiten mezclar los personajes
clásicos con temas de actualidad.
Jueves 1 de mayo
Vila-real entra desierta en mayo. Hasta que por la tarde aparece
La industrial teatrera con Ooolee!!, un vistoso pasacalles sobre
zancos que culmina en una parada cargada de situaciones tópicas.
Toman el relevo los franceses Accousteel Gang, una banda callejera
de percusión que consiguen que la sorpresa inicial que genera la
sonoridad de unos peculiares tambores melódicos se vaya transformando
en un festivo concierto de variaciones elaboradas sobre conocidos
temas musicales. Después de dos itinerantes nos detenemos para ver
al belga D¹irque en Tais-toi et jongle, en el que realiza una serie
de números de malabares y acrobacias ejecutadas con precisión y
aderezadas con fino humor y encanto personal. Volvemos a ver a Trapu
Zaharra con Elvis vete ya! y, sin embargo, se antoja un espectáculo
nuevo. Concebida en un principio como una acción puntual, la obra
ha ido madurando desde su estreno y se ha empapado del modo de hacer
de la compañía. Por la noche, Hojarasca Danza muestra su Ángeles
caídos buscan subir al cielo, una pieza de contrastes en la que
la velocidad de los movimientos se contrapone a imágenes estáticas
y sugerentes. La cita en la carpa es con Belladona Teatro y un monólogo,
La frigidez como manifestación explosiva de la ninfomanía, en el
que el actor Jaime Ocaña y su personaje, el profesor J. O. Caribaldi,
dan una clase magistral sobre sexo.
Viernes 2 de mayo
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Borja
Relaño
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Dos
montajes se encargan de dar comienzo a los actos de la jornada a
media tarde. Por una parte, Producciones Imperdibles inicia las
funciones de La Bombonera que podrán verse también a lo largo del
día siguiente, mientras que a escasos cien metros de allí, La Troupe
Malabó presenta Tres pallasos de maleta, un sencillo trabajo que
se sostiene en los números clásicos de unos desiguales Carablanca,
Augusto y Contraugusto. Por la noche asistimos con curiosidad a
una de las representaciones más esperadas, la de Amloii como lo
dijo Hamlet, de Samarkanda y Karlik. Se presenta como una obra de
arte total, o la representación de una obra cumbre del teatro universal
mediante un compendio de disciplinas. Lo encontramos un trabajo
visualmente muy atractivo, recuerda a Kurosawa. Rebosa energía,
aunque tanta que en ocasiones el escenario es impenetrable y lo
que allí ocurre nos es ajeno. Caminamos hacia la carpa acompañados
de la percusión de Les Tambours de feu de Deabru Beltzak, y allí
nos volvemos a encontrar con Jaime Ocaña de Belladona, esta vez
con Amputadas Cabaret. Entre tangos, guitarreos flamencos y su humor
absurdo da vida a los miembros de un extinto cabaret.
Sábado 3 de mayo
El sábado la jornada comienza pronto. Los espectáculos se suceden
uno tras otro desde el mediodía y muchos ofrecen más de una función.
Entre ellos el de los argentinos La Mosquitera, que acuden con Tarantantango,
tangos cantados y bailados por muñecos que parecen tener vida propia.
También repite La compagnie du petit monsieur con En dérangement.
Un hombre y una cabina telefónica, frente a frente. Equilibrios
realizados con destreza y mucho humor. Arthur River, el mimo finlandés
que tantos esfuerzos ha costado traer al festival se hace esperar.
Tras forzar un ambiente premeditadamente tenso, juega con las reacciones
del público, se muestra provocador y deja todo tipo de sensaciones:
consternación, sorpresa, indignación, diversión. Al oscurecer acudimos
a la cita con el DSO de Markeliñe. Buscamos nuevos puntos de vista,
fuera del espacio envolvente destinado al público donde en anteriores
ocasiones hemos compartido con los personajes la aventura en busca
del deseo. Otro espectáculo. T¹ombligo nos va acercando hacia la
carpa con una versión reducida de su E.S.E.P.P., para dejarnos allí
en manos de Xavi Castillo y La vengansa. No hay más remedio que
ver la función levantados, con un pie dentro y el otro fuera del
recinto. Un centenar de personas, jóvenes en su mayoría, se agrupan
detrás de nosotros, en la calle, intentando ver por el hueco de
la entrada. Entre carcajadas continuas, Castillo presenta personajes
reconocibles, improvisa sobre noticias de ese mismo día y arremete
contra sus protagonistas.
Domingo 4 de mayo
El pasacalles de piezas gigantes y gamberras del Ajedrez de Spasmo
da comienzo a la última jornada, en la que la asociación La Xalera
presenta Transcromàtic una obra que quiere reflejar la necesidad
de un entendimiento en este mundo pero que acaba siendo una animación
para niños. En el mismo tono de animación, aunque estos para todos
los públicos, les siguen Los Titiriteros de Binéfar, con su espectáculo
bailable Vamos a contar mentiras. Sistema y Ausades se encargan
de cerrar la programación con la última propuesta del coreógrafo
Toni Aparisi. Es la primera vez que muestran Rotondas ante el público,
ya que aún está en fase de producción. Destaca la comunión entre
música y coreografía, entre músicos y bailarines. Escenas en las
que comparten protagonismo y que rompen con el halo monótono que
se desprende. Se despide esta edición del Festival de Vila-real
con la entrega del premio del público al mejor espectáculo, original
votación realizada mediante mensajes SMS. Es la primera vez que
se utiliza dicho método y la primera en la que dos compañías empatan
a votos y reciben el galardón ex-aequo: Markeliñe y La Troupe Malabó.
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