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Abierta
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Tienen
muchas narices
Jordi
Jané
Del
19 al 25 de mayo se ha celebrado el II Festival Internacional de
Pallasses de Andorra la Vella. Organizado por el Comú de
la capital andorrana y con dirección artística de
la payasa catalana Pepa Plana, ha ofrecido una decena de espectáculos
y ha reunido a más de un centenar de payasas venidas de Europa,
Australia y América. La oferta se ha diversificado mediante
sesiones golfas, talleres de circo y comicidad para niños
y jóvenes, actuaciones para escolares y sesiones participativas
para ancianos. El festival ha estimulado la creación de dos
compañías autóctonas que han estrenado sendos
espectáculos.
Como ocurrió ya en la primera edición, dos debates-conferencia
(Género y humor, de la payasa y pedagoga vasca Virginia Imaz,
y El riure i la seva expressió terapèutica, del doctor
en Psicología y profesor de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Lleida Francesc Abella), han vuelto a poner sobre
la mesa la evidencia de que si eso de los payasos es un arte noble
y difícil como pocos, el arte de las payasas es, además,
un fenómeno sociológico de considerable magnitud.
Una oferta variada
Es lógico distinguir entre la calidad media de los espectáculos
combinados, perfilados in situ en unas pocas sesiones de trabajo
previas a su presentación en público, y aquellos que
han llegado a Andorra ya muy rodados. Los primeros se basan en materiales
escénicos aportados más o menos en bruto por cada
artista, a los que, previa depuración a cargo de la directora,
se suman elementos de enlace surgidos de improvisaciones en grupo.
Su puesta en escena viene condicionada por la urgencia y la (sana)
limitación de medios. Puesto que no son más que workshops,
rezuman altas dosis de ilusión y energía primigenia
junto a la (también sana) proyección de ciertas limitaciones
artísticas y personales, cosa que les convierte en un fiable
indicador artístico y sociológico. En esta edición
cabe diferenciar entre el presentado por el grupo de payasas provinentes
del Estado español (que, dirigidas por la vasco-catalana
Merche Ochoa han dado una medida más vital y colorista) y
las payasas del resto del mundo (que, dirigidas por la brasileña
Angela de Castro han ofrecido un trabajo no menos lúdico
pero quizá más cerebral).
En cuanto a espectáculos, el público valoró
especialmente Murder, Madame?, del dúo valenciano-irlandés
Tell Tale Hearts y Open Night... Carmen, de la estadounidense Julie
Goell. El primero, dirigido por Nola Rae (quien en la primera edición
del festival presentara un exitoso montaje sobre la vida de Mozart)
es una adaptación libre de Las Criadas de Jean Genet. Servida
por dos estupendas actrices y manipuladoras de títeres (Isabel
Caballero y Natasha Holmes), esta tragicomedia muy en la línea
de anteriores trabajos de la Rae posee en general un ritmo escénico
implacable y en particular una sabia dosificación de humor
negro, vodevil, surrealismo y payasada. Por su parte, Julie Goell
(de quien, por cierto, la anécdota personal de ser la esposa
del soberbio excéntrico Avner no añade afortunadamente
ningún mérito a los muchos que atesora esta magnífica
one-woman-show), despliega inteligencia, sentido del humor, sensibilidad
y oficio a raudales en Open Night... Carmen, un auténtico
tour de force de 90 minutos largos en los que, valiéndose
del teatro de títeres y objetos y de sus grandes dotes como
actriz, música y cantante, interpreta todos los personajes
de la famosa ópera de Bizet.
Otros espectáculos celebrados han sido The Soobee Show (con
el que la australiana Sue Broadway, una de las triunfadoras de la
primera edición, ha subrayado su polaridad comunicativa y
su fino sentido escénico) y Tem Areia no Maiô, de las
cinco brasileñas As Marias da Graça, un trabajo simpático
como ellas mismas pero de factura un tanto irregular, al menos visto
desde una óptica europea.
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