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Artez 74. Junio 2003
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    Vuelve el teatro María Guerrero

    El Teatro María Guerrero, sede del Centro Dramático Nacional, abre sus puertas tras las obras de rehabilitación realizadas durante estos tres últimos años. El edificio del María Guerrero, declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en 1996, recupera su imagen original, así como diversos elementos arquitectónicos que permanecían ocultos o que habían sido destruidos en intervenciones anteriores. Las inversiones realizadas ascienden a ocho millones y medio de euros. Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, ha puesto la guinda a esta histórica reapertura.

    Belén Fernández. Madrid

    El mundo del teatro está de enhorabuena. La víspera de la tradicional fiesta madrileña de San Isidro se abrieron oficialmente las puertas del María Guerrero, ante un público expectante que ha hecho cola en la taquilla del teatro para no perderse la reposición que el Centro Dramático Nacional realiza de Historia de una escalera. Su autor, Antonio Buero Vallejo, aceptó, cinco días antes de morir, que Juan Carlos Pérez de la Fuente reestrenara esta obra que marca, según los estudiosos, el comienzo del nuevo drama español del siglo XX. Un texto dramático fundamental de nuestra literatura para la reapertura de uno de los teatros más importantes de Madrid y de todo el estado.

    Edificio

    El Teatro María Guerrero es uno de los máximos exponentes de la arquitectura madrileña del hierro del siglo XIX. El edificio, construido por el arquitecto Agustín Ortíz de Villajos a petición del marqués de Monasterio, destaca por su refinada decoración de estilo neomudéjar, tendencia predominante en Europa en la época del romanticismo, y por un elegante sistema de delgadas columnas de fundición en el interior de la sala principal, que adopta la tradicional forma de herradura. La fachada, clasicista, está dividida en tres grandes cuerpos, y se distingue por ser la única de los teatros de Madrid que conserva el cocherón, que actualmente está cerrado y se utiliza como prolongación del vestíbulo. Originariamente, hacia 1885, servía para dar acceso a coches de caballos en los que llegaban los espectadores, ya que el María Guerrero quedaba en las afueras de la ciudad (se le conocía como ³el teatro de provincias más cercano a Madrid²). El cocherón se dispone en forma de porche en el cuerpo central, coronado por un frontón en cuyo tímpano se observa un escudo con las iniciales enlazadas de la duquesa de Medina de las Torres, madre del marqués de Monasterio. Las arquerías de la fachada están decoradas con medallones que recogen los bustos de destacados dramaturgos y poetas españoles.

    Obras de restauración


    El Teatro María Guerrero ha sido sometido a diferentes trabajos de mejora y remodelación, durante los cuales se realizaron algunas modificaciones sobre el diseño original. El cambio más importante se produjo en 1918, cuando se levantó un nuevo cuerpo de arquerías sobre los tres iniciales. Desde entonces el edificio se eleva hasta cuatro niveles. En 1935 se renovó la fachada y se redecoró el interior al gusto de la época, mientras que en 1939 se repararon los destrozos sufridos en la guerra, se cerró el cocherón y se habilitó el sótano para cafetería. Pero esta es la primera vez, en toda su historia, que el Teatro María Guerrero, sede del Centro Dramático Nacional, se somete a una revisión integral y a una restauración en su conjunto. La rehabilitación del edificio se ha desarrollado durante estos tres últimos años, desde junio de 2000 fecha en que comenzaron los trabajos. Las obras se inician con la restauración de la sala, en donde se detecta en los elementos de madera, la presencia de termitas. En abril de 2001, se termina una revisión completa de estos elementos y se hacen las primeras tareas de consolidación estructural, es la puesta en marcha de los proyectos previstos para la mejora del María Guerrero. Para poder inspeccionar la estructura y aplicar los tratamientos preventivos de la madera ha sido necesario demoler 2000 metros cuadrados de falsos techos y descubrir 1200 metros lineales de vigas de madera. Durante la ejecución de estas tareas vuelven a surgir problemas, en este caso, anomalías internas en las estructuras, que ya existían desde el origen del edificio y que se habían agravado con el paso del tiempo. A partir de mayo de 2002 se ejecuta la fase de sustitución de todas las instalaciones, redistribución y acondicionamiento de todo tipo de dependencias. Gracias a estas actuaciones, el teatro ha recuperado su imagen original y está dotado técnica y funcionalmente con las más modernas tecnologías de las artes escénicas. Se han recuperado elementos arquitectónicos que permanecían ocultos, como la sala de ensayo de Doña María Guerrero, un conjunto de veinte columnas de fundición, los arcos de la fachada, sillares de granito y piedra de Novelda del cocherón, así como el empapelado de las paredes de la sala. También se han reconstruido zonas que fueron destruidas en restauraciones anteriores, como la balconada de acceso a los palcos en la primera planta. Los trabajos realizadas han recuperado 150 metros cuadrados de espacio perdidos, este aprovechamiento ha permitido la creación de una segunda sala para espectáculos de pequeño formato, exposiciones, conferencias y cafetería, ubicada bajo el patio de butacas principal. La inversión realizada es de 5.800 euros en las obras de restauración y 2.700 euros para el equipamiento de todo tipo de elementos y mobiliario.

    Historia

    El 15 de octubre de 1885 se inaugura el Teatro de la Princesa, que será después el María Guerrero, con la comedia Muérete y verás de Bretón de los Herreros y el sainete El corral de comedias de Tomás Luceño, por la compañía de Emilio Mario. Al estreno acudieron la reina María Cristina, Isabel II, las infantas Isabel y Eulalia y una escogida representación de la alta sociedad de la época. Estas eran las expectativas del marqués de Monasterio, convertir este teatro en el más selecto del momento, prescindiendo de las localidades baratas para evitar al público alborotador y que pagaba poco. Esta situación cambia a las pocas semanas de su apertura, cuando muere el rey Alfonso XII y es obligado el luto en la Corte y el retraimiento de la aristocracia madrileña. Comienza así un periodo de dificultades económicas para el Teatro de la Princesa. A finales del XIX, la actriz María Guerrero organiza una breve temporada en ese teatro, obligada por las obras de reforma del Teatro Español, del que había obtenido licencia del Ayuntamiento para su explotación. Ya reabierto el Español, sus continuos viajes a América dificultan el cumplimiento del contrato con el Consistorio madrileño, por lo que Fernando Díaz de Mendoza, esposo de la actriz, actor y empresario, compra en 1908 el Teatro de la Princesa para poder alternar a su conveniencia las giras de la compañía con las temporadas en Madrid. Comienza una etapa de esplendor marcada por importantes estrenos de autores como Jacinto Benavente, Valle-Inclán, Muñoz Seca, Álvarez Quintero o Benito Pérez Galdós, entre otros. Tras la muerte de María Guerrero, en 1928, el Estado español adquiere el edificio en la época de Primo de Rivera y lo utiliza como sede del Conservatorio de Música y Declamación, con cesiones ocasionales para funciones teatrales y festivales benéficos. En 1931, el Ayuntamiento de Madrid decide cambiar su nombre por el de María Guerrero en homenaje a la actriz. Tres años después, el Gobierno de la II República ofrece a Cipriano Rivas Cherif la concesión gratuita del teatro para que lo utilizara como sede de su Teatro Escuela de Arte. Durante la Guerra Civil permanece cerrado, hasta 1940 fecha en la que adquiere la condición de Teatro Nacional e inicia una nueva etapa en la que tuvo como directores a Luis Escobar, Huberto Pérez de la Ossa, Alfredo Marquerie, Claudio de la Torre y José Luis Alonso. Es en 1978, cuando el Teatro María Guerrero pasa a ser la sede del Centro Dramático Nacional, bajo la dirección de Adolfo Marsillach.

    Reinaguración

    El 14 de mayo de 2003 es una fecha histórica para el teatro español. La reapertura del María Guerrero emociona a responsables políticos y profesionales del espectáculo tras tres años de obras indispensables para la seguridad de los espectadores y trabajadores del teatro. El público tendrá la oportunidad de reinagurar el teatro viendo Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente y producida por el Centro Dramático Nacional. El director asegura que esta obra se ha elegido ³por tratarse de uno de nuestros textos fundamentales del siglo XX que paradójicamente, muchas generaciones, entre las que me incluyo, no hemos podido ver en un escenario a la luz de este nuevo tiempo y con la suficiente distancia de aquella España en la que se fraguó y se representó². Coincidiendo con la reapertura del Teatro María Guerrero, el CDN recupera su sede y renueva su página web. Su dirección es http://cdn.mcu.es, en donde se incluyen informaciones sobre los espectáculos en cartel y anteriores, así como nuevos apartados para mantenerse en contacto de manera directa y periódica con esta institución. La novedad más especial es la visita virtual por las renovadas instalaciones del María Guerrero.

    Historia de una escalera

    La escalera es la protagonista principal de la historia que reúne a dieciocho personajes que muestran la vida de varias generaciones. Varias generaciones representadas por actores de diferentes edades y formaciones, de la talla de Vicky Lagos, Cristina Marcos, Victoria Rodríguez, viuda de Buero, en el papel de Generosa, Gabriel Moreno, Alberto Jiménez y, entre ellos, varios actores vascos como Zorion Eguileor, Yolanda Arestegui y la joven Bárbara Goenaga. La escenografía es de Oscar Tusquets, la música del compositor Tomás Marco, que hacía diez años que no escribía música para teatro, el vestuario de Javier Artiñano, el espacio sonoro de Eduardo Vasco y la iluminación de Luis Martínez y José Luis Alonso. Historia de una escalera es un drama en tres actos en los que transcurren treinta años de vida en un tramo de escalera de una casa de vecinos de clase baja. El autor dejó escrito que es ³la visión del fluir del tiempo en unas familias, que se hace angosta por la angostura del espacio donde ocurre². En este espacio se proyectan ilusiones y se sufren fracasos entre destinos que se mezclan de generación en generación, sin salir de la pobreza. Es la gran tragedia del paso del tiempo y la frustración social. En esta línea, Pérez de la Fuente ha señalado que ³esta nueva lectura de la obra quiere hacer trascender los componentes realistas y costumbristas, valorando y potenciando los aspectos simbólicos, para adentrarnos en el territorio de la tragedia. Tragedia española, pero también tragedia universal. Tragedia de un cercano pasado y tragedia de hoy: tragedia de seres humanos². La obra recibe el Premio Lope de Vega en 1949, ese mismo año se estrena en el Teatro Español, bajo la dirección de Cayetano Luca de Tena, con gran éxito. Entre 1949 y 1951 varias compañías la llevan a escena en la capital y de gira. En 1950 se presenta la producción cinematográfica de Historia de una escalera rodada por Ignacio F. Iquino. En el 68, se reestrena la obra en el Teatro Marquina de Madrid dirigida por José Osuna. Historia de una escalera ha traspasado fronteras, se estrenó en Ciudad de México en 1950, un año después en Buenos Aires, en Dortmund, en Tokio y en Moscú en 1993. Historia de una escalera se mantendrá en cartel hasta verano y volverá en septiembre para brindar a todos los jóvenes la posibilidad de ver representado sobre las tablas el texto de Buero Vallejo que leen y estudian en las aulas y que nunca han visto en un teatro.

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