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EL
RINCÓN DEL NO
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Algo
sobre los géneros
teatrales
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FOLIE
A DEUX DE LA COMPAÑIA TITZINA TEATRO
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Hablar
de géneros teatrales a estas alturas? ¿No es un tema
obsoleto? ¿Las obras para el teatro que hoy se escriben obedecen
a pautas clásicas como tragedias, comedias, tragicomedias,
autos sacramentales, farsas, entremeses, sainetes, astracanes o
esperpentos? Hace tiempo que los franceses decidieron clausurar
este tema y definir sus obras como piezas, noción
que es como una bolsa en la que caben todas las obras temáticas.
En España se ha empleado el término comedia
con esta significación de pieza, y así
se pudo leer cuando ahora hace cincuenta años se estrenó
mi tragedia Escuadra hacia la muerte, en la que muere hasta el apuntador,
que era una buena comedia. El uso de la palabra drama,
que es la justa, se ha venido evitando por la ambigüedad que
popularmente contiene esa palabra, que se usa en un sentido patético
y resulta, en el lenguaje de la crítica corriente, como una
especie de grado menor de la tragedia, o sea, como una tragedia
de débil intensidad, de manera que decir drama cómico
parece una contradicción o una paradoja; incluso se llegó
a decir en algún manual que la diferencia entre los dramas
y las tragedias, en el teatro, reside en el hecho de que en las
tragedias hay muertos y en los dramas no. ¿Llegaba
la sangre al río? Era una tragedia. ¿No había
derramamiento de sangre? Era un drama. O también: en
los dramas ocurrían desgracias; en las tragedias, catástrofes.
Asistiendo a algunas representaciones de la Feria de Teatro de Donostia
(9 al 12 de julio) se me ha ocurrido plantearme el tema de los géneros
al advertir que continúa la presencia de espectáculos
que podrían denominarse paridas o quizás
ocurrencias más o menos desmelenadas (sobre saturación,
una peste del drama) que quizás puedan ser consideradas como
unos productos de la posmodernidad, los cuáles sucedieron
a los que se llamaron, en el ámbito de mayo del 68, espectáculos
de creación colectiva.
La teoría de los géneros literarios ha sido muy criticada
como una propuesta de encorsetamiento de la libertad literaria,
y así se reclamó la libertad para la novela afirmando
de este género que una novela no es más que
un libro en cuya portada se dice después del título:
novela; de modo que una novela podría ser cualquier
cosa. También un drama puede ser cualquier cosa que presente
en un espacio a unos personaje en acción; pero generalmente
se postula y yo creo que eso está bien que ha
de darse una cierta formalidad (¿una unidad
de acción?) para que algo que se representa merezca
ese término, y se pueda decir de tal cosa que es un
drama. Los géneros literarios dicen Wellek y
Warren en un famoso libro no son simples nombres
que se dan a unos materiales escritos, sino que más bien
la teoría de los géneros literarios es (por lo menos)
un principio de orden en el conjunto de lo que se escribe.
Los géneros pueden ser negados pero tienen la cabeza
dura eso lo digo yo, y siempre se afirma de los
hechos frente al presunto poder destructivo de las palabras.
Yo pienso que lo que uno hace en el teatro, por muy libertaria que
sea su creación, siempre se coloca ello solo, de por
sí, tiende a colocarse en alguna parte, por lo menos
en los catálogos, y a evidenciar así su parentesco,
incluso ignorado por el autor, con otras experiencias anteriores.
Así es que los experimentos transgenéricos, acaban
siempre etiquetados por la crítica literaria y teatral, y
en las universidades, y también por los propios autores.
(Unamuno autoetiquetó alguna de sus obras como nivolas;
y yo mismo he escrito, haciendo caso omiso de los géneros,
mis ensayelas, que no dejan de ser obras mestizas de
ensayo y novela). Y es que los géneros, tanto los teatrales
como los literarios, aún negados teóricamente y pretendidamente
trascendidos o superados, siguen estando ahí. En definitiva,
los géneros son productos históricos de las relaciones
de la imaginación humana con las condiciones sociales en
las que se ha producido la actividad poética a lo largo de
los tiempos, y ellos marcan las fronteras de nuestra libertad.
Sobre lo que hemos llamado paridas me temo que estos
son productos, definitivamente, de la no colaboración con
los grupos de verdaderos escritores, capaces de elevar la calidad
literaria el drama también es literatura de los
espectáculos. Calidad que, cuando se produce, es fuente de
los mayores gozos. En esta Feria, señalamos por ejemplo la
alta calidad del espectáculo Folie à deux, de la Compañía
de Teatro Titzina. ¿Cómo lo han hecho? ¿De
dónde han partido? ¿Ha habido un obra dramática
previa en ese proceso o los materiales han sido elaborados cada
día y en la práctica? Sea como sea, es de resaltar
el gran talento de los actores, y que, no siendo este espectáculo
un drama convencional, Folie à deux es una excelente pieza
de teatro.
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