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Revista de las Artes Escénicas
Artez 76.Agosto 2003
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    A l´ombra Robrenio

    Aproximación al Grec 2003.
    Teatre. Música. Dansa

    Ricard Salvat }

     

    IMAGEN DEL ESPECTÁCULO DER FENSTERPUTZER DE PINA BAUSCH. © C. Birgit

    Escribimos estas líneas a la mitad de la marcha del Festival Grec 2003. Creemos que las grandes líneas de la cita de este año ya se han podido ver de manera bastante clara. Al igual que sucedió en Sitges, nos preocupa en la sección dedicada al teatro, la falta de renovación, la escasa aparición de creadores jóvenes y el querer mantener, quizá de manera excesiva, la programación de grandes nombres históricos a pesar de que en alguna ocasión el producto presentado creara más de una inquietud o estupefacción.
    Por ejemplo sorprendió a algunos, aunque muy pocos, en realidad nadie, lo dijera públicamente, el carácter profesionalmente incorrecto de la propuesta Je prends ta main dans la mienne, de Carol Rocamora, dirigido por Peter Brook. Este gran director parece que quiere en sus últimos años permitírselo todo. Y así asistimos a un espectáculo en donde los actores cuando no se sabían el papel recurrían a un cuaderno y leían el texto. Nadie duda de la última calidad de los intérpretes pero pensamos que hay excesos que no deben permitirse nunca.
    A un parecido nivel, pero en las antípodas de esta propuesta, estuvo Der Fensterputzer (El hombre que limpiaba ventanas), de Pina Bausch. Espectáculo irónico y sugestivo que algunos consideraron que repetía planteamientos de otras épocas, pero que tuvo un acabado profesional total y absoluto.
    Como puede verse se tendió a ir sobre seguro. Curiosamente fue en los espectáculos que menos lanzamiento mediático recibieron donde tuvimos las más agradables sorpresas del festival. Por ejemplo Borges, de Rodrigo García, espléndidamente dirigido por Mathias Langhoff. Un texto malintencionado y sumamente inteligente que dio pie a que el director alemán sacara una propuesta de un nivel altísimo por su rigor y gran novedad. Sin duda ninguna una de las mejores noches, sino la mejor del festival en su sección Teatro.
    Otra muy agradable experiencia la constituyó Oh les beaux jours, de Samuel Beckett, dirigida con una matematicidad admirable por Arthur Nauzyciel, con una actriz fuera de serie, Marilú Marini, que supo encontrar el tono, genuinamente becketiano de las primeras puestas en escena, pensamos en Roger Blin y en las que hizo el propio Beckett.
    Otra gran aportación la constituyó la originalísima creación escénica, dirigida por Phil Soltanoff, Plan B, un espectáculo que nos dio la impresión de que correspondía exactamente al tipo de teatro que debería hacerse en los comienzos de este siglo.
    Otra aportación importante y arriesgada fue Querelle, sobre la novela de Jean Genet en una adaptación libre de Federico Bellini y Antonio Latella. Esta propuesta del Teatro Garibaldi de Palermo y del Teatro de Europa de Nápoles, consiguió unos niveles de libertad expresiva que a lo largo de nuestra, ya muy larga vida de espectador, muy raramente habíamos visto. Algo muy positivo está sucediendo en esta nueva Europa del siglo XXI, para que en Palermo y Nápoles, dos sedes del catolicismo más tradicional y del machismo más retrógrado sea posible ese espectáculo, magmático y difícil, pero lleno de momentos de una belleza plástica inolvidables.
    No hablaremos de los dos espectáculos de Daulte, Gore y Bésame mucho, porqué venían de Sitges. Por lo que vimos, quien no los había visto en Sitges quedó maravillado en Barcelona.
    Muy esperanzador ha resultado el que algunos de los mejores espectáculos del festival sean catalanes. La arriesgada propuesta de Joan Ollé, en su mejor momento como director, con una obra sin texto de Peter Handke, L’hora en que res no sabíem els uns dels altres, y el descubrimiento de un nuevo autor, Octavi Egea, que con J.R.S. (de dotze anys), primer Premi Fundació Romea, ha logrado un texto adulto, bien construido que apasiona al espectador. Claro está, habla de un tema de hoy, la pederastia, y le sabe dar una lectura muy malintencionada y personal. Una importante reflexión sobre el Mal.
    Pero, con todo, los niveles más altos por lo que llevamos visto de este Grec 2003 se han conseguido en el apartado de música. La aportación de Faiz Ali Faiz con Miguel Poveda y Duquende, la de Omou Sangaré, la de Yousour N’Dour, sin olvidar Nit Africana, de Angelique Kidjo y Femi Kuti. ¿Por qué la música sabe ser transcultural y mestiza y el teatro no? En una futura edición esperamos seguir reflexionando sobre estos hechos y sacar conclusiones del Grec 2003.

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