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A
l´ombra Robrenio
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Aproximación
al Grec 2003.
Teatre. Música. Dansa
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DEL ESPECTÁCULO DER FENSTERPUTZER DE PINA BAUSCH. ©
C. Birgit |
Escribimos
estas líneas a la mitad de la marcha del Festival Grec 2003.
Creemos que las grandes líneas de la cita de este año
ya se han podido ver de manera bastante clara. Al igual que sucedió
en Sitges, nos preocupa en la sección dedicada al teatro,
la falta de renovación, la escasa aparición de creadores
jóvenes y el querer mantener, quizá de manera excesiva,
la programación de grandes nombres históricos a pesar
de que en alguna ocasión el producto presentado creara más
de una inquietud o estupefacción.
Por ejemplo sorprendió a algunos, aunque muy pocos, en realidad
nadie, lo dijera públicamente, el carácter profesionalmente
incorrecto de la propuesta Je prends ta main dans la mienne, de
Carol Rocamora, dirigido por Peter Brook. Este gran director parece
que quiere en sus últimos años permitírselo
todo. Y así asistimos a un espectáculo en donde los
actores cuando no se sabían el papel recurrían a un
cuaderno y leían el texto. Nadie duda de la última
calidad de los intérpretes pero pensamos que hay excesos
que no deben permitirse nunca.
A un parecido nivel, pero en las antípodas de esta propuesta,
estuvo Der Fensterputzer (El hombre que limpiaba ventanas), de Pina
Bausch. Espectáculo irónico y sugestivo que algunos
consideraron que repetía planteamientos de otras épocas,
pero que tuvo un acabado profesional total y absoluto.
Como puede verse se tendió a ir sobre seguro. Curiosamente
fue en los espectáculos que menos lanzamiento mediático
recibieron donde tuvimos las más agradables sorpresas del
festival. Por ejemplo Borges, de Rodrigo García, espléndidamente
dirigido por Mathias Langhoff. Un texto malintencionado y sumamente
inteligente que dio pie a que el director alemán sacara una
propuesta de un nivel altísimo por su rigor y gran novedad.
Sin duda ninguna una de las mejores noches, sino la mejor del festival
en su sección Teatro.
Otra muy agradable experiencia la constituyó Oh les beaux
jours, de Samuel Beckett, dirigida con una matematicidad admirable
por Arthur Nauzyciel, con una actriz fuera de serie, Marilú
Marini, que supo encontrar el tono, genuinamente becketiano de las
primeras puestas en escena, pensamos en Roger Blin y en las que
hizo el propio Beckett.
Otra gran aportación la constituyó la originalísima
creación escénica, dirigida por Phil Soltanoff, Plan
B, un espectáculo que nos dio la impresión de que
correspondía exactamente al tipo de teatro que debería
hacerse en los comienzos de este siglo.
Otra aportación importante y arriesgada fue Querelle, sobre
la novela de Jean Genet en una adaptación libre de Federico
Bellini y Antonio Latella. Esta propuesta del Teatro Garibaldi de
Palermo y del Teatro de Europa de Nápoles, consiguió
unos niveles de libertad expresiva que a lo largo de nuestra, ya
muy larga vida de espectador, muy raramente habíamos visto.
Algo muy positivo está sucediendo en esta nueva Europa del
siglo XXI, para que en Palermo y Nápoles, dos sedes del catolicismo
más tradicional y del machismo más retrógrado
sea posible ese espectáculo, magmático y difícil,
pero lleno de momentos de una belleza plástica inolvidables.
No hablaremos de los dos espectáculos de Daulte, Gore y Bésame
mucho, porqué venían de Sitges. Por lo que vimos,
quien no los había visto en Sitges quedó maravillado
en Barcelona.
Muy esperanzador ha resultado el que algunos de los mejores espectáculos
del festival sean catalanes. La arriesgada propuesta de Joan Ollé,
en su mejor momento como director, con una obra sin texto de Peter
Handke, Lhora en que res no sabíem els uns dels altres,
y el descubrimiento de un nuevo autor, Octavi Egea, que con J.R.S.
(de dotze anys), primer Premi Fundació Romea, ha logrado
un texto adulto, bien construido que apasiona al espectador. Claro
está, habla de un tema de hoy, la pederastia, y le sabe dar
una lectura muy malintencionada y personal. Una importante reflexión
sobre el Mal.
Pero, con todo, los niveles más altos por lo que llevamos
visto de este Grec 2003 se han conseguido en el apartado de música.
La aportación de Faiz Ali Faiz con Miguel Poveda y Duquende,
la de Omou Sangaré, la de Yousour NDour, sin olvidar
Nit Africana, de Angelique Kidjo y Femi Kuti. ¿Por qué
la música sabe ser transcultural y mestiza y el teatro no?
En una futura edición esperamos seguir reflexionando sobre
estos hechos y sacar conclusiones del Grec 2003.
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