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Revista de las Artes Escénicas
Artez 76.Agosto 2003
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    LUZ NEGRA

    La fascinante escena Argentina

    Josu Montero }

     

    Teatro Argentino Breve de Osvaldo Pellettieri(1)
    Nueva Dramaturgia de Buenos Aires de Casa de América(2)

    Disimular es fingir no tener lo que se tiene. Simular es fingir tener lo que no se tiene. En este sentido me parece que el teatro argentino actual es un teatro del disimulo, mientras que el teatro europeo, y por supuesto, el español es un teatro del simulacro”. Leyendo estos dos libros uno entiende estas extremosas palabras que Guillermo Heras escribe en el prólogo del segundo de ellos.
    Ambos libros resultan complementarios cronológicamente y nos sirven para acercarnos al que probablemente es el teatro más estimulante de los que hoy se escriben en castellano. En el prólogo mencionado, Heras habla de cómo la precariedad económica sumada a la lucidez y al rigor conduce a una búsqueda ética y estética no acomodaticia.
    En el primer libro se recogen varias de las 21 piezas que conformaron aquel ciclo, como las demoledoras Decir sí de G. Gambaro, Conciertos de aniversario de Eduardo Rovner o El acompañamiento de Carlos Gorostiza. Los once autores presentes en este libro se ubican entre Julio Mauricio (1919) y Mauricio Kartun (1946); la obra más antigua es La espera trágica de E. Pavlovsky (1962) y la más reciente la ya citada Conciertos de aniversario de Rovner (1983). Además de los ya nombrados podemos leer a Ricardo Halac (Tentenpié), Oscar Viale (Convivencia), Ricardo Monti (La cortina de los abalorios), Roberto Perinelli (Coronación) y Roberto Cossa (El tío loco).
    Los diez autores que recoge el segundo de estos libros se sitúan cronológicamente entre Beatriz Catani (1955) y Federico León (1975), y las ocho obras se han estrenado en los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI. La diferencia entre las obras de ambos libros es notable y de ella da buena cuenta un hecho significativo: los once autores recogidos en el primero son sólo dramaturgos, escritores; mientras que los diez del segundo son, además de dramaturgos, actores, directores o ambas cosas. Así el teatro de los jóvenes, esa “nueva dramaturgia”, no viene tanto de la tradición literaria sino de la complejidad de la tradición teatral. Es un teatro menos ingenuo dramatúrgicamente, más complejo, más orgánico, en busca de un nuevo discurso para el actor. En su prólogo, G. Heras afirma que muchos de estos textos solo pueden ser entendidos del todo cuando vemos su representación, y habla de cómo ésta desvela la enorme potencia polisémica de textos que a veces pueden parecer banales; todo esto desde luego obliga a un lector más activo, creativo y sagaz. Las metáforas transparentes del Teatro Abierto se vuelven aquí parábolas turbias, oscuras, fiel reflejo de una situación social conflictiva y angustiante pero en la que el enemigo ya no es tan nítido como en la dictadura. Así se ha hablado del paso de un “teatro de la resistencia” a un “teatro de la desintegración”. La influencia de Pinter, Mamet, Koltès, Müller, Kantor o Brook es palpable; y por supuesto el enlace con la vanguardia argentina de los 60.
    Tratamientos insólitos del espacio, del personaje, del lenguaje, de la estructura, influencia de lenguajes interdisciplinares, propuestas perturbadoras y extrañamente metafóricas como las que plantean Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack de F. León, Un canario de Luis Cano, Cuerpos A Banderados de B. Catani o la ya famosa La Escala Humana, escrita al alimón por tres de los más prometedores dramaturgos jóvenes argentinos: Javier Daulte –que ya triunfa en Barcelona– Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian, en la que juega un papel determinante un sentido del humor ácido, contundente, y por supuesto negro, que podría ser otra característica generacional. En esta pieza nos presentan a una amorosa madre que es a la vez una psicópata asesina a quien sus tres hijos pretenden proteger a toda costa y que además se ennovia con un peculiar policía. Daniel Veronese, fundador del grupo Periférico de Objetos y autor de la minimalista y shakespeariana Unos viajeros se mueren, es el eslabón entre esta joven generación y la de Pavlovsky/Gambaro. La derrota, de Bernardo Cappa, que nos sugiere a un Mamet atravesado por el fútbol; Señora, esposa, niña y joven desde lejos, de Marcelo Bertuccio, que vuelve al tema de los desaparecidos; y La historia de llorar por él, de Ignacio Apolo, completan este libro del que Heras quiere dejar clara su naturaleza de muestra que no de antología. Unos cuantos de estos autores coincidieron en el seminal y fugaz grupo Carajá-jí, del que Heras nos habla en el prólogo así como del renacimiento de la escena alternativa porteña, y su fascinante fertilidad creativa actual, tras su lento declinar en los años de la dictadura.

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