|
|
|
iritzia
|
opinión
|
|
LUZ
NEGRA
|
La
fascinante escena Argentina
|
|
Teatro
Argentino Breve de Osvaldo Pellettieri(1)
Nueva Dramaturgia de Buenos Aires de Casa de América(2)
|
Disimular
es fingir no tener lo que se tiene. Simular es fingir tener lo que
no se tiene. En este sentido me parece que el teatro argentino actual
es un teatro del disimulo, mientras que el teatro europeo, y por
supuesto, el español es un teatro del simulacro. Leyendo
estos dos libros uno entiende estas extremosas palabras que Guillermo
Heras escribe en el prólogo del segundo de ellos.
Ambos libros resultan complementarios cronológicamente y
nos sirven para acercarnos al que probablemente es el teatro más
estimulante de los que hoy se escriben en castellano. En el prólogo
mencionado, Heras habla de cómo la precariedad económica
sumada a la lucidez y al rigor conduce a una búsqueda ética
y estética no acomodaticia.
En el primer libro se recogen varias de las 21 piezas que conformaron
aquel ciclo, como las demoledoras Decir sí de G. Gambaro,
Conciertos de aniversario de Eduardo Rovner o El acompañamiento
de Carlos Gorostiza. Los once autores presentes en este libro se
ubican entre Julio Mauricio (1919) y Mauricio Kartun (1946); la
obra más antigua es La espera trágica de E. Pavlovsky
(1962) y la más reciente la ya citada Conciertos de aniversario
de Rovner (1983). Además de los ya nombrados podemos leer
a Ricardo Halac (Tentenpié), Oscar Viale (Convivencia), Ricardo
Monti (La cortina de los abalorios), Roberto Perinelli (Coronación)
y Roberto Cossa (El tío loco).
Los diez autores que recoge el segundo de estos libros se sitúan
cronológicamente entre Beatriz Catani (1955) y Federico León
(1975), y las ocho obras se han estrenado en los últimos
años del siglo XX y los primeros del XXI. La diferencia entre
las obras de ambos libros es notable y de ella da buena cuenta un
hecho significativo: los once autores recogidos en el primero son
sólo dramaturgos, escritores; mientras que los diez del segundo
son, además de dramaturgos, actores, directores o ambas cosas.
Así el teatro de los jóvenes, esa nueva dramaturgia,
no viene tanto de la tradición literaria sino de la complejidad
de la tradición teatral. Es un teatro menos ingenuo dramatúrgicamente,
más complejo, más orgánico, en busca de un
nuevo discurso para el actor. En su prólogo, G. Heras afirma
que muchos de estos textos solo pueden ser entendidos del todo cuando
vemos su representación, y habla de cómo ésta
desvela la enorme potencia polisémica de textos que a veces
pueden parecer banales; todo esto desde luego obliga a un lector
más activo, creativo y sagaz. Las metáforas transparentes
del Teatro Abierto se vuelven aquí parábolas turbias,
oscuras, fiel reflejo de una situación social conflictiva
y angustiante pero en la que el enemigo ya no es tan nítido
como en la dictadura. Así se ha hablado del paso de un teatro
de la resistencia a un teatro de la desintegración.
La influencia de Pinter, Mamet, Koltès, Müller, Kantor
o Brook es palpable; y por supuesto el enlace con la vanguardia
argentina de los 60.
Tratamientos insólitos del espacio, del personaje, del lenguaje,
de la estructura, influencia de lenguajes interdisciplinares, propuestas
perturbadoras y extrañamente metafóricas como las
que plantean Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack de F.
León, Un canario de Luis Cano, Cuerpos A Banderados de B.
Catani o la ya famosa La Escala Humana, escrita al alimón
por tres de los más prometedores dramaturgos jóvenes
argentinos: Javier Daulte que ya triunfa en Barcelona
Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian, en la que juega un papel
determinante un sentido del humor ácido, contundente, y por
supuesto negro, que podría ser otra característica
generacional. En esta pieza nos presentan a una amorosa madre que
es a la vez una psicópata asesina a quien sus tres hijos
pretenden proteger a toda costa y que además se ennovia con
un peculiar policía. Daniel Veronese, fundador del grupo
Periférico de Objetos y autor de la minimalista y shakespeariana
Unos viajeros se mueren, es el eslabón entre esta joven generación
y la de Pavlovsky/Gambaro. La derrota, de Bernardo Cappa, que nos
sugiere a un Mamet atravesado por el fútbol; Señora,
esposa, niña y joven desde lejos, de Marcelo Bertuccio, que
vuelve al tema de los desaparecidos; y La historia de llorar por
él, de Ignacio Apolo, completan este libro del que Heras
quiere dejar clara su naturaleza de muestra que no de antología.
Unos cuantos de estos autores coincidieron en el seminal y fugaz
grupo Carajá-jí, del que Heras nos habla en el prólogo
así como del renacimiento de la escena alternativa porteña,
y su fascinante fertilidad creativa actual, tras su lento declinar
en los años de la dictadura.
|