|
|
abal
gunea
|
ona
Abierta
|
Abre
en Madrid el Teatro Mayor
En
la calle Mayor de Madrid, a dos pasos de la emblemática Puerta
del Sol, nace un nuevo teatro: el Teatro Mayor. Una sala que ve
la luz después de ocho años de trabajos para su reestructuración.
Gracias al tesón y el empeño del empresario Mariano
Torralba y la actriz Luisa María Payán, el Teatro
Mayor recupera un espacio artístico con el objetivo principal
de potenciar un género muy nuestro, la comedia de dramaturgos
españoles. El Mayor comenzó su andadura el día
9 de junio, día de la inauguración oficial, con el
espectáculo La Faroles o (de cómo un Gobernador Civil
cumplimentó la orden de un Ministro) de Joaquín Calvo
Sotelo.
Belén
Fernández. Madrid
El
productor Mariano Torralba y su esposa, la actriz Luisa María
Payán, han estado toda la vida ligados al mundo del espectáculo.
Durante más de diez años mantuvieron abierto el Teatro
Príncipe en Gran Vía y, como ellos mismos afirman,
les faltaba algo sin un telón que levantar. Desde hace años,
han apostado por obras de dramaturgos españoles y seguirán
en esta línea. Siempre nos hemos decantado por obras
españolas antes que por traducciones de obras extranjeras.
Porque es más nuestro, tiene más frescura
Pero
la verdad es que hay poca producción. Hay autores que escriben
una función cada tres años. Es difícil tirar
sólo de teatro español porque no hay tanto. Además
la iniciativa privada casi no tenemos ayudas. Hay poco y mal repartido,
asegura la actriz.
Luisa María Payán inicia una nueva etapa en su vida.
Tras varios años alejada del teatro y dedicada exclusivamente
a la poesía, todos los críticos coinciden en denominarla
como la voz blanca de la poesía porque en ella caben
todos los matices, vuelve a subirse a un escenario, en su
teatro, el Teatro Mayor, para representar a La Faroles, la madame
de un prostíbulo de provincias.
La aventura
La aventura comienza una noche del año 1995, durante una
cena a la que asistían Mariano Torralba, Luisa María
Payán, Montse Clot y, su marido, el autor Jaime Salóm.
Jaime nos dijo si queríamos un teatro, que había
un local estupendo en la calle Mayor asegura Torralba
y yo, que normalmente soy un poco perezoso para reaccionar
rápidamente, a la mañana siguiente, me vine a verlo
y quede fascinado por las posibilidades del local. La mitad
de la superficie era una sala de cine, la otra mitad había
quedado condenada desde la Guerra Civil por un enorme muro y servía
de escombrera de los restos de una bomba que había caído
en ese mismo edificio. Mariano Torralba empezó a negociar
con el propietario hasta que llegaron a un acuerdo, después
estuve tres meses recorriendo cada rincón, metiéndome
por cada cueva de esto que era una cloaca, para hacer un plan básico.
Me puse en contacto con el arquitecto Manuel Padilla Alcalde y entre
los dos empezamos poco a poco a configurar el teatro en el papel.
El Teatro Mayor surge de iniciativa privada, aunque sustentado por
las ayudas a fondo perdido que ofrece el Consorcio de Rehabilitación
de Teatros de Madrid, para la recuperación o reestructuración
de teatros. Un consorcio constituido por el Ministerio de Cultura,
la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital que ha aportado
691.000 € (115 millones de pesetas). Poner en pie el Teatro
Mayor ha costado cerca de 3.000.000 € (500 millones). Mariano
Torralba cuenta su andadura para conseguir un patrocinador que posibilitara
la terminación de la obra del teatro. Nos dirigimos
a más de cuarenta empresas, en un esfuerzo inútil
por convencer a sus directivos de la importancia de prestigiar su
imagen al vincular su marca al nombre de un teatro
todo fue
inútil. El milagro se produjo gracias a mi amigo José
María Castiblanque, que me presentó a su primo Jesús
Castiblanque, dueño de la constructora JCH, S.A. Este hizo
suyo el empeño y.. ¡Aquí está el Teatro
Mayor!.
Durante estos ocho años de reconstrucción, han surgido
muchos problemas, sobre todo con Protección Civil, ya que
el teatro tiene un fuerte desnivel con respecto a la línea
de la calle. Los promotores afirman que se han adoptado todas las
medidas de seguridad que se exigen, incluso las hemos superado,
estamos por encima de las medidas mínimas.
El edificio
El
edificio en donde se ubica actualmente el Teatro Mayor, fue a principios
del XX el Teatro María Cristina, después la Sala Rex,
en la que Azorín estrenó Brandy, mucho brandy, interpretada
por él mismo, y Cyros Español, un cabaret donde
actuaron La Yanky y Raquel Meyer. En la década de los 30,
con el boom del cinematógrafo sonoro, el teatro se transformó
en una sala de cine, el Pleyel.
Las luces y los carteles de programación en el número
6 de la calle Mayor anuncian que al fondo de un pequeño hall
está la entrada del teatro. Las funciones son de miércoles
a domingo, con varios pases los fines de semana, y los precios oscilan
entre los 12 y los 20 euros dependiendo del día y la hora.
Una amplia escalinata nos sumerge a tres niveles del suelo. Paredes
a estuco color cereza nos guían hasta el vestíbulo
mayor en donde encontramos una pequeña barra de bar, todavía
sin servicio. Una exposición permanente de cuarenta cuadros
al óleo del artista Marcos Rubio alegran este espacio, y
si el espectador se encapricha de alguno de ellos lo puede adquirir
en el mismo teatro. Camerinos, baños, salidas y entradas
confluyen en este hall. Según Mariano Torralba, la amplitud
de los vestíbulos es un homenaje al público, porque
es malo que la gente se encuentre constreñida en espacios
pequeños como tienen casi todos los teatros.
La sala se asemeja a los teatros del siglo XIX. Entre los dos pisos,
un total de 346 butacas tapizadas en un azul intenso, con cabeceras
y apoyabrazos de madera en blanco con decoraciones en oro. Hemos
insistido en que el teatro fuera cómodo para el público,
las butacas son extraordinariamente cómodas, es un diseño
exclusivo. Las paredes, los techos, la moqueta y el telón
también en tonos azules, con la idea de que la sala oscurezca
lo máximo posible para evitar que los espectadores distraigan
su mirada del espectáculo. Es un teatro pequeño, íntimo.
El escenario tiene una altura de siete metros y medio, no dispone
de telar porque no había posibilidades, pero, según
el empresario, ahora la mayoría de los decorados son fijos
y tampoco es muy necesaria una mayor altura. El teatro está
dotado con los últimos adelantos técnicos en cuanto
a iluminación, sonido y acústica.
Programación
Torralba declara que en el Teatro Mayor se va a dar oportunidad
a otras compañías pero, de momento, hemos comenzado
con la nuestra propia. Vamos a hacer hincapié, dentro de
lo posible, en que se interpreten autores españoles. Va a
seguir esta línea de comedia. Es un género que se
ha perdido un poco en los teatros porque la mayoría de los
productores buscan los éxitos contrastados ya en el extranjero.
Confían más en algo que ya está probado, que
en algo que está por probar.
La Faroles (o de cómo un Gobernador Civil cumplimentó
la orden de un Ministro), última comedia de humor de Joaquín
Calvo Sotelo es la función que se representa y que se representará
durante todo el verano en el Teatro Mayor, dentro de la programación
de los Veranos de la Villa. La Compañía de Comedias
Luisa María Payán, dirigida por Ramón Ballesteros,
interpreta este texto irónico con toques de humor, del que
dijo su propio autor que son variaciones irónicas sobre
un tema de hoy.
Un Gobernador de provincia recibe, desde el Ministerio de Gobernación,
sito en la Puerta del Sol de Madrid, y en una de aquellas primeras
conversaciones telefónicas de comienzos de siglo, la orden
de cerrar el prostíbulo del lugar. La noticia convierte a
la capital de provincia en un levantamiento continuo de masas ya
que el pueblo considera una necesidad de primer orden mantenerlo
abierto. Durante el desarrollo de la trama, el Gobernador D. Fermín
Robledo, interpretado por Francisco Hernán-dez, recibe en
su despacho a diferentes representantes sociales, la iglesia, la
prensa, el ejército, y a las mismas prostitutas, que le presentan
sus alegaciones para evitar el cierre del club. Todos defienden
el trabajo de La Faroles, de nombre Narcisa, y de sus niñas.
Incluso el Gobernador, en sus años mozos, tuvo una relación
muy especial con la madame. El Gobierno conservador cae, suben los
liberales al poder y D. Fermín Robledo es destituido del
cargo. La orden ministerial se archiva sin cumplirse.
Queda en el aire la pregunta que los personajes lanzan al público
al final del espectáculo: ¿es necesario cerrar los
prostíbulos?, ¿sería obligatoria una licencia
de trabajo para todas las prostitutas?. Son cuestiones de hoy, que
Calvo Sotelo presenta inmersas en un cuadro de costumbres del ayer.
El autor de La Faroles pertenece a ese grupo de dramaturgos representativos
de la posguerra, entre la década de los 40 y los 60, como
José María Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena,
Claudio de la Torre o López Rubio, tan poco presentes en
los escenarios contemporáneos. La comedia, la farsa y el
drama de tesis son las tendencias principales de las obras de Calvo
Sotelo, entre las que destacan Tánger (1945), Una muchachita
de Valladolid (1957), Criminal de guerra (1951), El jefe (1952),
La muralla (1954) o La ciudad sin Dios (1957).
Los carteles del Teatro Mayor anuncian también la obra La
petición de mano o Frenesí, una versión libre
de una de las piezas más conocidas de Chéjov. Esta
comedia es la historia de un soltero, que a sus 40 años decide
dar un cambio a su vida y pide la mano de la hija de su vecino.
Bajo la producción de Phillipe Ch. Garcon, Roberto Cairo,
Ania Iglesias y Paco Ferrer dan vida a estos personajes.
|