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Revista de las Artes Escénicas
Artez 76. Agosto 2003
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    “Nuestro éxito es tener la autoestima alta en los momentos creativos”

    El inicio de la actual campaña de espectáculos de calle ha sido especialmente satisfactorio para la compañía zornotzarra Markeliñe. No en vano, en dos meses se concentraron tres de las cuatro celebraciones en torno a su espectáculo de calle DSO: el acto de entrega del Premio Umore Azoka, uno de los dos obtenidos en la pasada temporada de verano en las ferias de teatro de calle –Leioa y Tàrrega–, y el logro de otros dos en los festivales también especializados que son Vila-real y Valladolid. Pero, es más, al hecho se le pueden sumar otros titulares como que la obra ha resultado premiada en todos los eventos en los que se valoran los espectáculos participantes o, con la vista puesta en quién otorga tales reconocimientos, la coincidencia entre público y profesionales, con dos galardones salidos de la votación popular y, el resto, de sendos jurados formados por personas de diferentes ámbitos de la profesión. Con los premios como excusa, hablamos del trabajo y de la filosofía de la compañía con Joserra Martínez, Iñaki Egiluz y Javi Renobales, los fundadores de Markeliñe.

    Borja Relaño

    En primer lugar, felicidades. DSO ha hecho coincidir tanto a la crítica como al público.
    J. M.: Llevamos, desde que en el 92 estrenamos Armagedon, muchos años trabajando y contando historias en la calle y el que ese esfuerzo sea premiado nos enorgullece. Encima no sólo hemos resultado galardonados en Leioa o Vila-real, que son eventos muy interesantes, sino que también en sitios en los que la competencia es mucho más dura, como Valladolid y Tàrrega, en los que coincidimos con compañías como Titanik, Sol Picó o Pan Optikum, lo que hace que en el segmento de espectáculos de gran formato, DSO sea lo más pequeño en tamaño.
    I. E.: Como debate, es muy interesante hablar de esa puntualización entre crítica y público. Es decir, si existen espectáculos dirigidos a unos o a otros. Nosotros, cuando creamos los espectáculos, pensamos mucho en el público, y buscamos para ellos los lugares comunes existentes entre las personas más experimentadas en teatro y los que asisten por primera vez a una representación. Sin renunciar a experimentaciones, nuestro reto es encontrar esos elementos teatrales que hagan que el espectáculo tenga interés para todos los públicos.
    ¿Se trata de lugares comunes o de un equilibrio de guiños a cada segmento de público?
    J. M.: Creo que son las dos cosas al mismo tiempo. En todos los espectáculos hay momentos uniformes, donde las expresiones o los hallazgos son rotundos, pero en ocasiones la comunicación se realiza con un determinado tipo de espectador.

    ¿Sois de la opinión de que los premios son arma de doble filo?
    J. M.: En cierto sentido. Los premios hacen que cuando te pones a crear un nuevo espectáculo lo hagas con nuevas responsabilidades, pero al mismo tiempo con ilusión y expectativas por superar ese reto.
    I. E.: Sin negar que nos alegra recibirlos, nosotros relativizamos mucho el tema de los premios, porque lo que nos interesa es la creación. Un premio inyecta moral por un par de días, pero al tercero uno baja a ese rango de autoestima que es el que siempre tiene la compañía y a partir de ahí tiene que mirar al futuro con nuevas ilusiones. De hecho, en estos momentos, no es que roce la indiferencia pero DSO no nos obsesiona. Ahora mismo, nuestras energías están puestas en los proyectos que tenemos entre manos.
    Entonces, anímicamente, vivís de la creación.
    J. M.: Anímicamente, sí. Dentro de lo que es la etapa de representación de un espectáculo existen momentos brillantes, como una función que por algún motivo puede resultar mágica. Siendo conscientes que son los que nos mantienen y nos permiten trabajar con ideas nuevas, los bolos, el día a día, no son lo que nos da la ilusión artística.

    Desde esa perspectiva, ¿El estreno del espectáculo es el punto de inflexión?
    I. E.: Poco después, porque a partir del estreno entran nuevos puntos a tener en cuenta, como la acogida del mismo. Sin embargo, somos de la opinión que el éxito es algo estadístico. Si haces diez espectáculos es fácil que alguno guste a mucha gente. El éxito para nosotros es sentirnos a gusto, que la autoestima del grupo esté siempre alta pero sobre todo en los procesos creativos. A partir del estreno, el espectáculo entra en otro plano, el empresarial, el de la explotación y la estabilidad económica de la empresa. Pero donde verdaderamente está el alma, la llama viva de la compañía es en el proceso creativo.

    No obstante, os habéis marcado un nivel. Hace un año estrenasteis KK y, al poco, decidisteis retirarlo.
    J. M.: Sí, porque la gente confía mucho en el tipo de trabajos que está haciendo Markeliñe y eso es un buen valor que hay que mantener. Sin embargo creo que KK habría funcionado relativamente bien en el mercado. Actualmente lo tenemos apartado pero veremos qué es lo que pasa.
    I. E.: Últimamente, en los momentos creativos de todo lo que hacemos noto que hay un elemento común: la obsesión por escapar de lo que ya sabemos hacer. Estamos convencidos de que Markeliñe desde que surgió hasta ahora ha evolucionado muchísimo y el futuro pasa por adentrarnos en campos diferentes. Se nos enmarca dentro del teatro mudo, que no utiliza palabras y, de hecho, llevamos manteniendo esa premisa durante años, pero dentro de ese apartado, que a primera vista puede ser limitado, se abren muchas posibilidades. Siempre nos planteamos como reto encontrar formas diferentes, pero no sólo en el resultado que ve el espectador, sino también en los procedimientos para la creación. Aún habiendo encontrado una fórmula que nos ha ido bien, también buscamos caminos diferentes. Eso es positivo para nosotros, porque a veces nos podemos equivocar pero nos abre mucho las perspectivas artísticas.
    J. M.: En eso también nos ayuda mucho el hecho de que los equipos sean cambiantes. No es lo mismo enfrentarse desde un ámbito de dirección a unos actores que a otros y viceversa.
    Para comprender un poco mejor toda esta concepción que tenéis sobre la compañía, hablemos de los inicios. Tengo entendido que Markeliñe nació en épocas de universidad.
    J. M.: Así es. Cuando éramos universitarios Iñaki tuvo la genial idea de ir de vacaciones haciendo mimo por las calles. Enseguida nos pusimos a trabajar en el control corporal, la flexibilidad y ayudados por el libro de Peter Roberts Mimo. El arte del silencio adquirimos las técnicas clásicas. Así, trabajando sobre pequeñas ideas salió un Mudo fantástico que funcionó muy bien gracias a lo inocente, la falta de pretensión y de medios.

    Buena forma de empezar.

    J. M.: Sí, pero a eso, se le sumó otro ingrediente positivo. Como estábamos convencidos de lo terriblemente buenos que éramos, creamos otro espectáculo. Aunque este nos devolvió a la tierra y nos empujó a estudiar. Todo ese tanteo, esos primeros años, fue una búsqueda de nuestro sitio y de las cosas que podíamos ofrecer con un sello propio. Ahora parece que todo lo que hemos hecho ha sido para llegar hasta donde estamos, pero en cinco años quizá digamos que lo que estamos haciendo ahora iba encaminado hacia lo que hagamos entonces. Porque en esa evolución de seguir haciendo cosas que no conocemos ni controlamos totalmente, en esa investigación está lo rico.
    I. E.: Resumiendo a rasgos generales toda esa evolución hay que decir que tras esa primera etapa de conocer nuestros cuerpos, conocernos a nosotros mismos, hemos ido cayendo en la cuenta de lo que es el medio, la profesión. A partir de ahí entra en juego la manipulación de objetos, la relación cuerpo-material. Últimamente, como tercer paso, a ese binomio se le ha sumado una clara intención dramatúrgica, casi diría literaria. Porque no sólo nos interesa la plástica, la estética o el divertimento, sino todos estos elementos al servicio de una historia. Desde el momento en que cuidamos cada vez más el contar cosas estamos yendo de hacer un teatro plano hacia uno más redondo.

    Curiosamente es en la calle, con Armagedon, que comienza a notarse esa preocupación por los contenidos, cuando la tendencia general es buscar el entretenimiento.
    J. M.: En efecto. No se ven muchos montajes que tengan algo que decir, algo que contar, aunque sean sensaciones siquiera. Aunque no han sido excesivas, nosotros hemos perdido funciones por hacer espectáculos con clara implicación y compromiso social, pero esa es la apuesta de la compañía.
    Markeliñe lleva años compaginando espectáculos de calle y de sala cuando actualmente existe una inclinación hacia la especificidad y opiniones que aseguran que un buen creador de sala puede fallar al intentar trabajar en la calle y al contrario.
    J. R.: Puede ocurrir, pero cuando se tiene una capacidad el resto es conocer los códigos de cada espacio. Un pintor que pinta abstracto tendría que ser capaz de hacer hiperrealismo. En mi opinión, la habilidad creativa se puede trasladar a la sala o a la calle. Sin embargo, hilándolo con lo anterior, el problema de los espectáculos callejeros radica en que cada vez se estila menos el trabajo dramatúrgico en beneficio del diseño de ingeniería y de la opción estética.
    I. E.: En ese sentido, todos nuestros trabajos se basan en la idea de relación actor-material siempre y cuando la persona controla el objeto. Si es el material el que supera al intérprete, malo. De este modo, y esto es algo tan válido para calle como para sala, el actor es quien tiene que transmitir la emoción, las ideas. Si se olvida al actor pensando en que la plástica, la imagen sorprendente, es lo que va a calar, opino que se está cayendo en un error.
    J. M.: Además, en Markeliñe hay una premisa en cuanto al formato de los espectáculos: el límite en los espectáculos de mayor tamaño está en que quepa todo en nuestro camión. Si no, vamos jodidos. Además, acostumbramos a analizar y organizar concienzudamente el montaje de los mismos para intentar ser autosuficientes y que dure el menor tiempo posible.

    ¿Este nivel de autosuficiencia es un legado de taras que os encontrasteis en los inicios?
    J. M.: Sí, porque hace diez años era normal ir a plazas en las que si conseguías la toma de corriente y gente para carga y descarga, ya era un logro. Esa es la razón por la que las compañías vascas más antiguas tenemos trusses y focos, porque venimos de actuar en frontones y entonces teníamos que aportar el material nosotros.
    I. E.: En Markeliñe la creación está muy ligada a la explotación, a la manejabilidad. No somos artistas de culto, nunca hemos supeditado la viabilidad de la empresa a un espectáculo.

    Hablando del funcionamiento interno, ¿Markeliñe es sociedad cooperativa?
    J. R.: Sí, es una cooperativa formada por cinco personas en la que cada uno es un voto, pero siempre al servicio de la marca. Es por eso que aunque haya una coordinación delegada en algunas de las personas todos los trabajos los firma el colectivo.
    I. E.: De hecho, todos nuestros trabajos nacen de una intuición personal a la que, luego, el colectivo va aportando. Así todos los espectáculos salen con el concurso de todos los miembros. Para nosotros el hecho de poder valorar lo que otro sugiere es casi más importante que la propia sugerencia.
    Hace poco en Markeliñe ha entrado una nueva hornada de jóvenes intérpretes.
    J. M.: Y muy enriquecedora, porque son gente que viene de otra escuela, algunos incluso de la danza o los títeres, de otra forma de trabajar y con otro modo de ver las cosas, desde el teatro hasta la vida misma. Así, las propuestas que hacen a partir de nuestras sugerencias pueden ser completamente inesperadas, sorprendentes.
    I. E.: No obstante, eso también ha incidido en los procesos creativos, ya que ahora nuestra labor ha pasado de imaginar y fabular situaciones a buscar métodos de trabajo para sacar el mayor partido a esas personas. De hecho, estamos intentando implantar en la compañía un tiempo de creación permanente que no esté ligado necesariamente a la producción de un espectáculo. Queremos llegar a un ambiente de juego continuo que vaya produciendo ideas para que en un momento dado nos agarremos a una y arrastre todos los esfuerzos hacia la creación de un espectáculo. Creo que si tenemos algún mérito como compañía es que, por debajo de esa punta de iceberg que es lo que el público ve en los espectáculos, hay una organización que facilita el conocimiento.

    ¿En qué consiste esa metodología?
    J. M.: Es algo que cada vez se ve más en las compañías, como los horarios de ensayo fijos, incluso los previos a un estreno, siempre que no haya que probar iluminación de noche o excepciones similares. Asimismo, planificamos las estrategias a largo plazo, de tres en tres años, con lo que no damos pie a veleidades artísticas. Si uno tiene una buena idea para un infantil que no tenemos previsto hasta dentro de dos temporadas, se la guarda hasta que sea el momento.

    Y en esos planes, ¿Cabe la posibilidad de abordar montajes de texto?
    J. M.: Creo que esa es una línea que está ahí, desde siempre, pero que en cualquier momento se puede ir disipando. De hecho, en Underground se hablaba bastante, y en Punto Rabo o en el mismo DSO ya hay chistes verbales. No hemos renunciado a la palabra como elemento expresivo. Otra cosa es que probablemente, y porque no la controlamos, no llegue nunca a ser el elemento más importante en ninguno de nuestros montajes porque entendemos que nuestro campo de actuación es el teatro visual. En un principio dejamos de renunciar a su riqueza sonora y cada vez renunciamos menos a su riqueza expresiva.
    I. E.: En ese sentido, no somos dogmáticos. Lo que está claro es que la palabra está llegando a Markeliñe y tendrá cada vez más presencia. Será un proceso lógico y bienvenido dentro de esa línea de apertura a nuevas ideas. Es más, Markeliñe pretende ser un espacio lo suficientemente abierto como para que en un momento dado llegue una persona a la que le apetezca utilizar nuestra infraestructura y modo de creación para sacar adelante un proyecto. Uno de los problemas aquí es que hay artistas, pero faltan núcleos de producción con capacidad para sacar adelante proyectos.

    Y, aprovechando la característica de hacer teatro gestual y los premios obtenidos, ¿habéis puesto la vista en el ámbito internacional?
    J. M.: Estos últimos años sí hemos salido por Europa, a Finlandia, Irlanda, Francia... Pero de forma más casual que articulada. Son mercados difíciles. Veremos qué es lo que pasa el año que viene con DSO.

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