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Nuestro
éxito es tener la autoestima alta en los momentos creativos
El
inicio de la actual campaña de espectáculos de calle
ha sido especialmente satisfactorio para la compañía
zornotzarra Markeliñe. No en vano, en dos meses se concentraron
tres de las cuatro celebraciones en torno a su espectáculo
de calle DSO: el acto de entrega del Premio Umore Azoka, uno de
los dos obtenidos en la pasada temporada de verano en las ferias
de teatro de calle Leioa y Tàrrega, y el logro
de otros dos en los festivales también especializados que
son Vila-real y Valladolid. Pero, es más, al hecho se le
pueden sumar otros titulares como que la obra ha resultado premiada
en todos los eventos en los que se valoran los espectáculos
participantes o, con la vista puesta en quién otorga tales
reconocimientos, la coincidencia entre público y profesionales,
con dos galardones salidos de la votación popular y, el resto,
de sendos jurados formados por personas de diferentes ámbitos
de la profesión. Con los premios como excusa, hablamos del
trabajo y de la filosofía de la compañía con
Joserra Martínez, Iñaki Egiluz y Javi Renobales, los
fundadores de Markeliñe.
Borja
Relaño
En
primer lugar, felicidades. DSO ha hecho coincidir tanto a la crítica
como al público.
J. M.: Llevamos, desde que en el 92 estrenamos Armagedon, muchos
años trabajando y contando historias en la calle y el que
ese esfuerzo sea premiado nos enorgullece. Encima no sólo
hemos resultado galardonados en Leioa o Vila-real, que son eventos
muy interesantes, sino que también en sitios en los que la
competencia es mucho más dura, como Valladolid y Tàrrega,
en los que coincidimos con compañías como Titanik,
Sol Picó o Pan Optikum, lo que hace que en el segmento de
espectáculos de gran formato, DSO sea lo más pequeño
en tamaño.
I. E.: Como debate, es muy interesante hablar de esa puntualización
entre crítica y público. Es decir, si existen espectáculos
dirigidos a unos o a otros. Nosotros, cuando creamos los espectáculos,
pensamos mucho en el público, y buscamos para ellos los lugares
comunes existentes entre las personas más experimentadas
en teatro y los que asisten por primera vez a una representación.
Sin renunciar a experimentaciones, nuestro reto es encontrar esos
elementos teatrales que hagan que el espectáculo tenga interés
para todos los públicos.
¿Se trata de lugares comunes o de un equilibrio de guiños
a cada segmento de público?
J. M.: Creo que son las dos cosas al mismo tiempo. En todos los
espectáculos hay momentos uniformes, donde las expresiones
o los hallazgos son rotundos, pero en ocasiones la comunicación
se realiza con un determinado tipo de espectador.
¿Sois de la opinión de que los premios son arma
de doble filo?
J. M.: En cierto sentido. Los premios hacen que cuando te pones
a crear un nuevo espectáculo lo hagas con nuevas responsabilidades,
pero al mismo tiempo con ilusión y expectativas por superar
ese reto.
I. E.: Sin negar que nos alegra recibirlos, nosotros relativizamos
mucho el tema de los premios, porque lo que nos interesa es la creación.
Un premio inyecta moral por un par de días, pero al tercero
uno baja a ese rango de autoestima que es el que siempre tiene la
compañía y a partir de ahí tiene que mirar
al futuro con nuevas ilusiones. De hecho, en estos momentos, no
es que roce la indiferencia pero DSO no nos obsesiona. Ahora mismo,
nuestras energías están puestas en los proyectos que
tenemos entre manos.
Entonces, anímicamente, vivís de la creación.
J. M.: Anímicamente, sí. Dentro de lo que es la etapa
de representación de un espectáculo existen momentos
brillantes, como una función que por algún motivo
puede resultar mágica. Siendo conscientes que son los que
nos mantienen y nos permiten trabajar con ideas nuevas, los bolos,
el día a día, no son lo que nos da la ilusión
artística.
Desde
esa perspectiva, ¿El estreno del espectáculo es el
punto de inflexión?
I. E.: Poco después, porque a partir del estreno entran nuevos
puntos a tener en cuenta, como la acogida del mismo. Sin embargo,
somos de la opinión que el éxito es algo estadístico.
Si haces diez espectáculos es fácil que alguno guste
a mucha gente. El éxito para nosotros es sentirnos a gusto,
que la autoestima del grupo esté siempre alta pero sobre
todo en los procesos creativos. A partir del estreno, el espectáculo
entra en otro plano, el empresarial, el de la explotación
y la estabilidad económica de la empresa. Pero donde verdaderamente
está el alma, la llama viva de la compañía
es en el proceso creativo.
No obstante, os habéis marcado un nivel. Hace un año
estrenasteis KK y, al poco, decidisteis retirarlo.
J. M.: Sí, porque la gente confía mucho en el tipo
de trabajos que está haciendo Markeliñe y eso es un
buen valor que hay que mantener. Sin embargo creo que KK habría
funcionado relativamente bien en el mercado. Actualmente lo tenemos
apartado pero veremos qué es lo que pasa.
I. E.: Últimamente, en los momentos creativos de todo lo
que hacemos noto que hay un elemento común: la obsesión
por escapar de lo que ya sabemos hacer. Estamos convencidos de que
Markeliñe desde que surgió hasta ahora ha evolucionado
muchísimo y el futuro pasa por adentrarnos en campos diferentes.
Se nos enmarca dentro del teatro mudo, que no utiliza palabras y,
de hecho, llevamos manteniendo esa premisa durante años,
pero dentro de ese apartado, que a primera vista puede ser limitado,
se abren muchas posibilidades. Siempre nos planteamos como reto
encontrar formas diferentes, pero no sólo en el resultado
que ve el espectador, sino también en los procedimientos
para la creación. Aún habiendo encontrado una fórmula
que nos ha ido bien, también buscamos caminos diferentes.
Eso es positivo para nosotros, porque a veces nos podemos equivocar
pero nos abre mucho las perspectivas artísticas.
J. M.: En eso también nos ayuda mucho el hecho de que los
equipos sean cambiantes. No es lo mismo enfrentarse desde un ámbito
de dirección a unos actores que a otros y viceversa.
Para comprender un poco mejor toda esta concepción que tenéis
sobre la compañía, hablemos de los inicios. Tengo
entendido que Markeliñe nació en épocas de
universidad.
J. M.: Así es. Cuando éramos universitarios Iñaki
tuvo la genial idea de ir de vacaciones haciendo mimo por las calles.
Enseguida nos pusimos a trabajar en el control corporal, la flexibilidad
y ayudados por el libro de Peter Roberts Mimo. El arte del silencio
adquirimos las técnicas clásicas. Así, trabajando
sobre pequeñas ideas salió un Mudo fantástico
que funcionó muy bien gracias a lo inocente, la falta de
pretensión y de medios.
Buena forma de empezar.
J. M.: Sí, pero a eso, se le sumó otro ingrediente
positivo. Como estábamos convencidos de lo terriblemente
buenos que éramos, creamos otro espectáculo. Aunque
este nos devolvió a la tierra y nos empujó a estudiar.
Todo ese tanteo, esos primeros años, fue una búsqueda
de nuestro sitio y de las cosas que podíamos ofrecer con
un sello propio. Ahora parece que todo lo que hemos hecho ha sido
para llegar hasta donde estamos, pero en cinco años quizá
digamos que lo que estamos haciendo ahora iba encaminado hacia lo
que hagamos entonces. Porque en esa evolución de seguir haciendo
cosas que no conocemos ni controlamos totalmente, en esa investigación
está lo rico.
I. E.: Resumiendo a rasgos generales toda esa evolución hay
que decir que tras esa primera etapa de conocer nuestros cuerpos,
conocernos a nosotros mismos, hemos ido cayendo en la cuenta de
lo que es el medio, la profesión. A partir de ahí
entra en juego la manipulación de objetos, la relación
cuerpo-material. Últimamente, como tercer paso, a ese binomio
se le ha sumado una clara intención dramatúrgica,
casi diría literaria. Porque no sólo nos interesa
la plástica, la estética o el divertimento, sino todos
estos elementos al servicio de una historia. Desde el momento en
que cuidamos cada vez más el contar cosas estamos yendo de
hacer un teatro plano hacia uno más redondo.
Curiosamente
es en la calle, con Armagedon, que comienza a notarse esa preocupación
por los contenidos, cuando la tendencia general es buscar el entretenimiento.
J. M.: En efecto. No se ven muchos montajes que tengan algo que
decir, algo que contar, aunque sean sensaciones siquiera. Aunque
no han sido excesivas, nosotros hemos perdido funciones por hacer
espectáculos con clara implicación y compromiso social,
pero esa es la apuesta de la compañía.
Markeliñe lleva años compaginando espectáculos
de calle y de sala cuando actualmente existe una inclinación
hacia la especificidad y opiniones que aseguran que un buen creador
de sala puede fallar al intentar trabajar en la calle y al contrario.
J. R.: Puede ocurrir, pero cuando se tiene una capacidad el resto
es conocer los códigos de cada espacio. Un pintor que pinta
abstracto tendría que ser capaz de hacer hiperrealismo. En
mi opinión, la habilidad creativa se puede trasladar a la
sala o a la calle. Sin embargo, hilándolo con lo anterior,
el problema de los espectáculos callejeros radica en que
cada vez se estila menos el trabajo dramatúrgico en beneficio
del diseño de ingeniería y de la opción estética.
I. E.: En ese sentido, todos nuestros trabajos se basan en la idea
de relación actor-material siempre y cuando la persona controla
el objeto. Si es el material el que supera al intérprete,
malo. De este modo, y esto es algo tan válido para calle
como para sala, el actor es quien tiene que transmitir la emoción,
las ideas. Si se olvida al actor pensando en que la plástica,
la imagen sorprendente, es lo que va a calar, opino que se está
cayendo en un error.
J. M.: Además, en Markeliñe hay una premisa en cuanto
al formato de los espectáculos: el límite en los espectáculos
de mayor tamaño está en que quepa todo en nuestro
camión. Si no, vamos jodidos. Además, acostumbramos
a analizar y organizar concienzudamente el montaje de los mismos
para intentar ser autosuficientes y que dure el menor tiempo posible.
¿Este nivel de autosuficiencia es un legado de taras que
os encontrasteis en los inicios?
J. M.: Sí, porque hace diez años era normal ir a plazas
en las que si conseguías la toma de corriente y gente para
carga y descarga, ya era un logro. Esa es la razón por la
que las compañías vascas más antiguas tenemos
trusses y focos, porque venimos de actuar en frontones y entonces
teníamos que aportar el material nosotros.
I. E.: En Markeliñe la creación está muy ligada
a la explotación, a la manejabilidad. No somos artistas de
culto, nunca hemos supeditado la viabilidad de la empresa a un espectáculo.
Hablando del funcionamiento interno, ¿Markeliñe
es sociedad cooperativa?
J. R.: Sí, es una cooperativa formada por cinco personas
en la que cada uno es un voto, pero siempre al servicio de la marca.
Es por eso que aunque haya una coordinación delegada en algunas
de las personas todos los trabajos los firma el colectivo.
I. E.: De hecho, todos nuestros trabajos nacen de una intuición
personal a la que, luego, el colectivo va aportando. Así
todos los espectáculos salen con el concurso de todos los
miembros. Para nosotros el hecho de poder valorar lo que otro sugiere
es casi más importante que la propia sugerencia.
Hace poco en Markeliñe ha entrado una nueva hornada de jóvenes
intérpretes.
J. M.: Y muy enriquecedora, porque son gente que viene de otra escuela,
algunos incluso de la danza o los títeres, de otra forma
de trabajar y con otro modo de ver las cosas, desde el teatro hasta
la vida misma. Así, las propuestas que hacen a partir de
nuestras sugerencias pueden ser completamente inesperadas, sorprendentes.
I. E.: No obstante, eso también ha incidido en los procesos
creativos, ya que ahora nuestra labor ha pasado de imaginar y fabular
situaciones a buscar métodos de trabajo para sacar el mayor
partido a esas personas. De hecho, estamos intentando implantar
en la compañía un tiempo de creación permanente
que no esté ligado necesariamente a la producción
de un espectáculo. Queremos llegar a un ambiente de juego
continuo que vaya produciendo ideas para que en un momento dado
nos agarremos a una y arrastre todos los esfuerzos hacia la creación
de un espectáculo. Creo que si tenemos algún mérito
como compañía es que, por debajo de esa punta de iceberg
que es lo que el público ve en los espectáculos, hay
una organización que facilita el conocimiento.
¿En qué consiste esa metodología?
J. M.: Es algo que cada vez se ve más en las compañías,
como los horarios de ensayo fijos, incluso los previos a un estreno,
siempre que no haya que probar iluminación de noche o excepciones
similares. Asimismo, planificamos las estrategias a largo plazo,
de tres en tres años, con lo que no damos pie a veleidades
artísticas. Si uno tiene una buena idea para un infantil
que no tenemos previsto hasta dentro de dos temporadas, se la guarda
hasta que sea el momento.
Y en esos planes, ¿Cabe la posibilidad de abordar montajes
de texto?
J. M.: Creo que esa es una línea que está ahí,
desde siempre, pero que en cualquier momento se puede ir disipando.
De hecho, en Underground se hablaba bastante, y en Punto Rabo o
en el mismo DSO ya hay chistes verbales. No hemos renunciado a la
palabra como elemento expresivo. Otra cosa es que probablemente,
y porque no la controlamos, no llegue nunca a ser el elemento más
importante en ninguno de nuestros montajes porque entendemos que
nuestro campo de actuación es el teatro visual. En un principio
dejamos de renunciar a su riqueza sonora y cada vez renunciamos
menos a su riqueza expresiva.
I. E.: En ese sentido, no somos dogmáticos. Lo que está
claro es que la palabra está llegando a Markeliñe
y tendrá cada vez más presencia. Será un proceso
lógico y bienvenido dentro de esa línea de apertura
a nuevas ideas. Es más, Markeliñe pretende ser un
espacio lo suficientemente abierto como para que en un momento dado
llegue una persona a la que le apetezca utilizar nuestra infraestructura
y modo de creación para sacar adelante un proyecto. Uno de
los problemas aquí es que hay artistas, pero faltan núcleos
de producción con capacidad para sacar adelante proyectos.
Y, aprovechando la característica de hacer teatro gestual
y los premios obtenidos, ¿habéis puesto la vista en
el ámbito internacional?
J. M.: Estos últimos años sí hemos salido por
Europa, a Finlandia, Irlanda, Francia... Pero de forma más
casual que articulada. Son mercados difíciles. Veremos qué
es lo que pasa el año que viene con DSO.
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