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Vitrina
para retazos de realidad
Carlos
Gil
Podríamos
empezar por una polémica que puede empezar a ocuparnos. Realismo
sí; ¿pero qué realismo? Evidentemente en una
Feria no sólo hay obras que toma trozos de la realidad para
explicarnos una situación, sino que todo se va diseccionando
según sucede, y así, teniendo por un lado una amplia
muestra de danza, a la que por incompatibilidad horaria no pudimos
atender a excepción de la nueva propuesta de Damián
Muñoz, un trabajo muy bien presentado, quizás el espectáculo
más orgánico del creador arabarra, dejando muy buenos
aromas, especialmente formales, pero su Tres tristes strepteases
es un logro importante en su carrera.
La calle también nos llamaba, alguna de sus actuaciones conocíamos
de otros festivales o ferias, por lo que lo que nos quedaba por
ver, fueron sorpresas, no siempre gratas, porque debemos entender
que estamos en un momento en donde en todos los géneros,
maneras, concepciones, el teatro se está volviendo a definir,
y hoy en día lo que es un pasacalles que se para, debe utilizar
algunos recursos artísticos más importantes que lo
que pudimos ver, y si se parte de lo estático y frontal,
se debe tener una mejor estructura dramática y una mejor
resolución plástica para que pueda atraparnos y no
dejarnos suspendidos en los tópicos.
Insistimos
La programación nos deparaba varias obras que trataban el
mismo asunto: la inmigración. Quizás mejor deberíamos
decir, la integración, pero cada una partiendo de una situación
diferente y un tratamiento diverso. Nos referimos a Super Rawal,
Las mujeres de verdad tienen curvas y Víctor Bevch.
En todas ellas vemos un trozo de realidad, escenas sacadas de un
mundo reconocible, con un tratamiento realista, en cada caso con
diversa intensidad, que nos ayuda a insistir en la nunca acabada
discusión sobre qué realismo es el que es recomendable
para no caer en estadios de sainete, de costumbrismo plano o de
realismo social o realismo mágico no suficientemente delimitado.
Super Rawal presentado por Vania Produccions nos describe un abandono,
un desahucio integral, una demolición de un barrio y sus
habitantes. Muestra los residuos de un mundo que se acaba junto
a un mundo que llega. No hay choque cultural, hay lucha por un espacio
de miseria. Pero su expresión estética es paródica,
necesariamente superficial para mostrar rápidamente las intenciones.
Sentimos una desazón al entender que se hace con claves televisivas,
no con dramaturgia teatral profunda.
Las mujeres de verdad tienen curvas que presenta Ados Teatroa, parte
de un texto casi autobiográfico de Josefina López,
que cuenta la vida en un taller de costura clandestino en cualquier
ciudad del mundo occidental. En esta ocasión, para lograr
mayor acercamiento, el reparto está formado en parte por
actrices cubanas, por lo que se escucha un idioma muy fluido. La
opción realista es obvia en la dirección, en el espacio
escénico, solamente encontramos una fugas líricas,
como una liberación en las tensiones.
Un compendio
La
propuesta de Laila Ripoll para Vaivén Producciones, Víctor
Bevch es la más arriesgada ya que roza por todos los lados
con todas las posibles adjetivaciones del realismo, ya que hay tintes
de sainete, pero también al mostrarnos el mundo de los sueños,
nos acerca a lo mágico, aunque mostrado siempre con una interpretación
naturalista, lo que añade un riesgo en el trabajo actoral
que es difícil superar sin rasguños.
En cualquier caso estas tres obras nos han despertado de nuevo las
ganas de entender cómo debería ser el teatro que se
acercase social y políticamente a un amplio abanico de espectadores.
Podemos estar en un debate interminable, pero que sirva aunque sea
aproximadamente para aclarar o delimitar los terrenos más
apropiados para estar a la altura de las necesidades estéticas
que aventuren un futuro más apropiado
Imágenes
Una vez más el trabajo de Sémola, en donde las imágenes
se suceden con una contundencia que podría ser también
proveniente de un realismo sucio, aunque por su propia estructura
dramática escapa de todo convencionalismo, acercándose
mucho más a unos trazos de expresionismo abstracto, pero
con una fuerza interna inquietante que nos remite a una disposición
espacial mucho más desasosegante. Pero también nos
da unos trozos de una realidad retratada sin ningún tipo
de contemplación en donde además las soledades mostradas
se conjuntan en una denuncia de la desolación estructural
en que se puede llegar a convertir las formas de vida actuales.
Palabras
Frente al cuerpo, el trabajo físico, la imagen y el movimiento,
la poética de la palabra, el verso justo, la historia romántica
de Cyrano en un gran trabajo de síntesis de Julio Salvatierra
que Teatro Meridional representa con un reparto de cuatro actores
y con una escenografía compuesta por tres telones, pero que
logran toda la magia del gran teatro, en donde se sigue a la perfección
la peripecia de los personajes y se logra engancharse en la capacidad
de las palabras bien dichas.
De Donostia entresacamos estas disquisiciones entre tantas sensaciones
enfrentadas.
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