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Artez 80. Diciembre 2003
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    A L´OMBRA DE ROBRENYO

    La danza en el Festival
    de Otoño de Madrid

    Ricard Salvat }

     

    martha de Richard Move ©Josef Astor

    Cuando escribo estas líneas acabo de llegar del Teatro Fernando de Rojas (Círculo de Bellas Artes), donde he visto un original, divertido espectáculo, muy en estética de última barriada, transcultural, titulado Slippin’ Slidin’, presentado por la Compañía Pyro, en una coproducción entre Francia, Alemania y diferentes festivales. Esta propuesta, después de la de Marta Carrasco, curiosamente, es la que más nos ha interesado de la Sección de Danza del Festival de Otoño, entre otras cosas, por usar las técnicas del hip-hop. Hace poco admiramos The Phantom Project a cargo de la Compañía de Bill T. Jones y la Arnie Zane Dance Company. Los dos directores celebran, con estos trabajos, su XXº aniversario como grupo coreográfico multicultural. Esta ya mítica compañía norteamericana ha presentado tres trabajos. Según se nos informa, este The Phantom Project es "el primer resultado de un trabajo que durará varios años". Las propuestas de The Phantom Project me han fascinado por su perfección técnica, por la preparación y belleza de los intérpretes, por la calidad extrema de la iluminación, por el perfecto acabado de los espectáculos.
    Uno, con todo, se preguntaba: ¿qué nos dicen los coreógrafos y directores de las propuestas, con los doce o más ballets o danzas que nos han presentado? Todo era de una gran belleza y calidad, todo muy refinado, pero quedábamos con un regusto incómodo, con la sensación de haber asistido a unas funciones faltas de verdadera vibración humana. Crear belleza es siempre una actividad admirable, y no debemos nunca dejar de agradecer, a quien es capaz de crearla, el hecho de mostrárnosla, pero ¿no se puede crear belleza y, a la vez, implicarse un poco más en nuestro estar aquí, en un tiempo y espacio determinados? En otras palabras, en nuestro vivir en una sociedad muy concreta y llena de terribles contradicciones.
    Puestos a jugar fuerte, cuando se pretende sólo crear belleza, sin duda nos decantaríamos más hacia el admirable solo presentado por la gran maestra de origen finlandés Carolyn Carlson, por su última categoría, por su refinamiento y rotundidad expresiva. Nos referimos a Escritos sobre el agua. Pero resulta que la gran bailarina nos habla, además, de unos hechos y de unas sensaciones que nos llevan a sentirnos muy implicados en todo lo que nos transmitía con su cuerpo. La Carlson nos hablaba de “la fragilidad y la fuerza de uno mismo ante el espejo cósmico de la memoria… Writings on water es un testimonio de la memoria que guardamos como un tesoro en el fondo de nuestra mente”. Son palabras de la alta dama de la danza, que reflejan muy bien la aportación de su creación e interpretación coreográfica. Nos movimos por entre una dimensión abstracta y para-metafísica importante y reveladora de nuevos horizontes, pero a la vez, excesivamente vaga y abstracta. Estábamos aún demasiado cerca de “el arte por el arte”.
    Tanto Carolyn Carlson, como la compañía de Bill T. Jones y Arnie Zane, sin olvidar también el espectáculo de Richard Move, titulado Martha (un trabajo no muy inspirado, dedicado a la gran maestría de Martha Graham) y sin dejar de considerar la aportación de la Compañía Nederlands Dans Theater –la tercera de las compañías que tiene la entidad, compuesta por bailarines de cuarenta a sesenta años– tenían, las cuatro, unas facilidades de trabajo insólitas e inimaginables, si pensamos en cómo han de sobrevivir nuestras compañías de danza.
    Tres compañías catalanas han actuado en el Festival de Otoño: Lanonima Imperial, la de Sol Picó y la de Marta Carrasco. De fuera de Cataluña, del resto del estado español sólo había, compañías de flamenco –algunas, excelentes–. Es un dato significativo. El nivel de la danza catalana o barcelonesa es muy alto. En esta ocasión, en la cita de este año, se ha impuesto Marta Carrasco con un espectáculo implacable, inteligente, fascinante y delicado a la vez, pero que nos aportaba una visión durísima y valiente sobre nuestra condición, nuestros miedos y nuestras soledades. He visto todos los ballets o propuestas coreográficas de Marta. Pero la sorpresa que he tenido con Eso sí que no ha sido increíble, insospechada. Me ha conmovido profundamente. Una Marta más madura que nunca, más segura de sus registros creativos, se nos ha impuesto. Sabía inquietarnos, incomodarnos, emocionarnos, trabajando en unas condiciones económicas más bien precarias, y en un espacio bello, La Cuarta Pared, pero absolutamente inadecuado para su espectáculo–.
    Viendo cómo trabaja Marta y comparando todos sus esfuerzos con las compañías extranjeras presentes en el Festival, nos decíamos que tal vez ya empieza a durar demasiado la indiferencia con la que se tiene a nuestros mejores creadores aquí, en casa. ¿Cuándo nos daremos cuenta, cuándo aceptaremos que Marta podría ser nuestra gran creadora coreográfica por excelencia si se la ayudara como ella, sus colaboradores y su vocación merecen?
    Mientras tanto, Marta Carrasco puede contentarse con la satisfacción de haber sido una de las aportaciones que ha tenido una mayor aceptación de público y crítica. Podría decirse que ha obtenido un gran triunfo, que ha conseguido entusiasmar a todos. Pero, ¿todo esto es suficiente? Siendo muy importante, diríamos que no. Los creadores tienen necesidad de una cierta estabilidad en su trabajo.

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