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A
L´OMBRA DE ROBRENYO
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La
danza en el Festival
de Otoño de Madrid
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| martha
de Richard Move ©Josef Astor |
Cuando
escribo estas líneas acabo de llegar del Teatro Fernando
de Rojas (Círculo de Bellas Artes), donde he visto un original,
divertido espectáculo, muy en estética de última
barriada, transcultural, titulado Slippin Slidin, presentado
por la Compañía Pyro, en una coproducción entre
Francia, Alemania y diferentes festivales. Esta propuesta, después
de la de Marta Carrasco, curiosamente, es la que más nos
ha interesado de la Sección de Danza del Festival de Otoño,
entre otras cosas, por usar las técnicas del hip-hop. Hace
poco admiramos The Phantom Project a cargo de la Compañía
de Bill T. Jones y la Arnie Zane Dance Company. Los dos directores
celebran, con estos trabajos, su XXº aniversario como grupo coreográfico
multicultural. Esta ya mítica compañía norteamericana
ha presentado tres trabajos. Según se nos informa, este The
Phantom Project es "el primer resultado de un trabajo que durará
varios años". Las propuestas de The Phantom Project
me han fascinado por su perfección técnica, por la
preparación y belleza de los intérpretes, por la calidad
extrema de la iluminación, por el perfecto acabado de los
espectáculos.
Uno, con todo, se preguntaba: ¿qué nos dicen los coreógrafos
y directores de las propuestas, con los doce o más ballets
o danzas que nos han presentado? Todo era de una gran belleza y
calidad, todo muy refinado, pero quedábamos con un regusto
incómodo, con la sensación de haber asistido a unas
funciones faltas de verdadera vibración humana. Crear belleza
es siempre una actividad admirable, y no debemos nunca dejar de
agradecer, a quien es capaz de crearla, el hecho de mostrárnosla,
pero ¿no se puede crear belleza y, a la vez, implicarse un
poco más en nuestro estar aquí, en un tiempo y espacio
determinados? En otras palabras, en nuestro vivir en una sociedad
muy concreta y llena de terribles contradicciones.
Puestos a jugar fuerte, cuando se pretende sólo crear belleza,
sin duda nos decantaríamos más hacia el admirable
solo presentado por la gran maestra de origen finlandés Carolyn
Carlson, por su última categoría, por su refinamiento
y rotundidad expresiva. Nos referimos a Escritos sobre el agua.
Pero resulta que la gran bailarina nos habla, además, de
unos hechos y de unas sensaciones que nos llevan a sentirnos muy
implicados en todo lo que nos transmitía con su cuerpo. La
Carlson nos hablaba de la fragilidad y la fuerza de uno mismo
ante el espejo cósmico de la memoria
Writings on water
es un testimonio de la memoria que guardamos como un tesoro en el
fondo de nuestra mente. Son palabras de la alta dama de la
danza, que reflejan muy bien la aportación de su creación
e interpretación coreográfica. Nos movimos por entre
una dimensión abstracta y para-metafísica importante
y reveladora de nuevos horizontes, pero a la vez, excesivamente
vaga y abstracta. Estábamos aún demasiado cerca de
el arte por el arte.
Tanto Carolyn Carlson, como la compañía de Bill T.
Jones y Arnie Zane, sin olvidar también el espectáculo
de Richard Move, titulado Martha (un trabajo no muy inspirado, dedicado
a la gran maestría de Martha Graham) y sin dejar de considerar
la aportación de la Compañía Nederlands Dans
Theater la tercera de las compañías que tiene
la entidad, compuesta por bailarines de cuarenta a sesenta años
tenían, las cuatro, unas facilidades de trabajo insólitas
e inimaginables, si pensamos en cómo han de sobrevivir nuestras
compañías de danza.
Tres compañías catalanas han actuado en el Festival
de Otoño: Lanonima Imperial, la de Sol Picó y la de
Marta Carrasco. De fuera de Cataluña, del resto del estado
español sólo había, compañías
de flamenco algunas, excelentes. Es un dato significativo.
El nivel de la danza catalana o barcelonesa es muy alto. En esta
ocasión, en la cita de este año, se ha impuesto Marta
Carrasco con un espectáculo implacable, inteligente, fascinante
y delicado a la vez, pero que nos aportaba una visión durísima
y valiente sobre nuestra condición, nuestros miedos y nuestras
soledades. He visto todos los ballets o propuestas coreográficas
de Marta. Pero la sorpresa que he tenido con Eso sí que no
ha sido increíble, insospechada. Me ha conmovido profundamente.
Una Marta más madura que nunca, más segura de sus
registros creativos, se nos ha impuesto. Sabía inquietarnos,
incomodarnos, emocionarnos, trabajando en unas condiciones económicas
más bien precarias, y en un espacio bello, La Cuarta Pared,
pero absolutamente inadecuado para su espectáculo.
Viendo cómo trabaja Marta y comparando todos sus esfuerzos
con las compañías extranjeras presentes en el Festival,
nos decíamos que tal vez ya empieza a durar demasiado la
indiferencia con la que se tiene a nuestros mejores creadores aquí,
en casa. ¿Cuándo nos daremos cuenta, cuándo
aceptaremos que Marta podría ser nuestra gran creadora coreográfica
por excelencia si se la ayudara como ella, sus colaboradores y su
vocación merecen?
Mientras tanto, Marta Carrasco puede contentarse con la satisfacción
de haber sido una de las aportaciones que ha tenido una mayor aceptación
de público y crítica. Podría decirse que ha
obtenido un gran triunfo, que ha conseguido entusiasmar a todos.
Pero, ¿todo esto es suficiente? Siendo muy importante, diríamos
que no. Los creadores tienen necesidad de una cierta estabilidad
en su trabajo.
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