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LUZ
NEGRA
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Rodrigo
García, las
palabras y los cuerpos
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| Rodrigo
García. Pliegos de Teatro y Danza / 9 |
Volvió
Rodrigo García para cerrar el Festival Bilbao Antzerki Dantza.
El pasado 2 de noviembre en el Mercado de la Rivera, La Carnicería
nos plantó en los morros Compré una pala en
Ikea para cavar mi tumba, un estremecedor canto fúnebre
lleno de piedad por un ser humano anegado por la mercancía
y la superabundancia material, en el que los tres actores Patricia
Lamas, Juan Loriente y el chaval Rubén Escamilla hacen
un trabajo espléndido encarnando esa pasión, ese vía
crucis masoquista del hombre en el capitalismo. Evidentemente el
trabajo actoral de La Carnicería, al no basarse en la creación
de personajes y bordear siempre el filo de lo excesivo, soporta
casi todo el peso del espectáculo; yo no veo por ninguna
parte el distanciamiento, la frialdad que objetaban algunos espectadores
en el debate posterior. Quizá es que como casi siempre, antes
de liarse en discusiones estériles, haya que aclarar el contenido
de las palabras: distanciamiento, realismo
Como tantos dramaturgos,
R. García no cree en las palabras, desconfía de ellas
ha trabajado durante mucho tiempo de publicista cree
más en los cuerpos, en el sufrimiento de los cuerpos más
allá del discurso que las palabras articulan. Por eso para
él, el texto es sólo un elemento más de los
que intervienen en el teatro, pero no ese eje vertebrador básico
de la obra que casi siempre ha sido; y lejos de relegarlo, esta
filosofía suya consigue de rebote liberar al texto de sus
servidumbres utilitarias y darle alas, y si a eso se le suma que
R.García es un notable escritor, el resultado son unos textos
potentes más o menos explícitos panfletarios,
dice él, más o menos poéticos, que tienen
vida a parte más allá de la plasmación escénica.
Es imposible leer una obra de R. García, leemos en todo caso
el texto de una obra de R. García; con él en las manos
resulta imposible imaginarnos el espectáculo.
En 1997 La Avispa editó Rey Lear, de R:G., como
número 1 de la colección Los cretinos de Velázquez;
en la solapa se explicaba: Esta es una colección no
de textos teatrales sino de materiales para las artes escénicas.
Lo que define a un texto como apropiado para las artes escénicas
es su azarosa utilización ulterior, su potencialidad demostrada
en una sala frente a unas almas. Se anunciaban libros en preparación
de dos artistas plásticos y performers cuyo trabajo admira
R.G.: Jenny Holzer y Paul McCarthy; desgraciadamente la colección
se quedó en aquel primer libro, hoy además inencontrable.
Como resulta inencontrable cualquiera de sus textos. En el debate
del BAD, Carlos Gil, que oficiaba de falso moderador, señaló
cómo en Francia están editados todos los textos de
R.G., mientras que en castellano hoy por hoy es imposible hacerse
con ninguno de ellos.
En 2000 La Avispa editó Obras (In)completas,
un volumen que contenía: Notas de cocina, Acera
derecha, Martillo y Matando horas,
y que a pesar de su éxito, ya que está agotado, no
ha sido reeditado. La pequeña editorial La uña
rota publicó en 2001 su polémico Borges,
también inencontrable. También en 2001 la propia Carnicería
se propuso editar todos los textos de R.G. desde 1987; comenzó
con Lo bueno de los animales es que te quieren sin preguntar
nada, que había sido estrenada en Francia como
tantas de sus últimas obras el año anterior;
una vez más el proyecto se quedó en aquel primer libro,
hoy desaparecido. Quizá los únicos textos localizables
sean los publicados en la revista Primer Acto; en 2000
se publicaron en ella Aftersun y Haberos quedado
en casa, capullos y en 2002 algunos fragmentos de Compré
una pala
. Si consideramos además que R.G.es especialmente
prolífico son un buen montón los textos que piden
a gritos ser publicados.
En el debate del BAD el dramaturgo comentaba cómo tras la
obra que acabábamos de ver escribió una serie de textos
más abiertamente panfletarios palabras suyas
y que en los últimos tiempos, y comprobado cómo todo
le aprovecha al sistema, estaba volviendo a textos mucho más
poéticos. En septiembre del presente año estrenó
La Carnicería en Sicilia Agamenón. Volví
del supermercado y le di una paliza a mi hijo, cuyo texto
ve ahora la luz en estos ejemplares Pliegos de Teatro y Danza;
sin duda es uno de esos textos panfletarios de los que hablaba R.G.,
pero sobre los tramposos e interesados conceptos de panfleto,
arte o estética se podría
y debería hablar largo y tendido al día de hoy; y
joder, hay que escribir cosas como: No sé donde empezó
esta epidemia del consenso y de la moderación. Si en una
Multinacional o en el Ministerio del Interior. Sólo sé
que antes nos daban por culo y gritábamos. No nos estaba
permitido gritar, pero nos daban por culo y gritábamos. Ahora
todo está previsto para que uno grite si le da la gana, pero
tú mismo te dices: ¡Eh! No hay que levantar la voz,
joder o Matando no se va a ninguna parte, dicen. Y nos
proponen a nosotros que no matemos. Y mientras tanto ellos no paran
de matar. Enseñan moderación, piden moderación,
exigen moderación mientras asesinan aquí y allá.
En esta colección de cuadernillos han publicado también
los textos de sus obras algunos de los compinches teatrales y vitales
de La Carnicería, dramaturgos y directores como Carlos Marquerie
El rey de los animales es idiota y 120 pensamientos
por minuto, Antonio Fernández Lera Mátame,
abrázame, Carlos Fernández López
Llamad a cualquier puerta o las coreógrafas
y bailarinas Elena Córdoba y Mónica Valencianos.
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