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Autores
contemporáneos
en el Don Quijote de París
La
XII Edición del Festival Don Quijote de París concluyó
con síntomas de recuperación del impulso de presentar
las nuevas dramaturgias latinoamericanas y si en la semana que concentraba
las actuaciones no pudimos estar, sí acudimos para ver el
estreno de la obra de Ernesto Caballero Solo para Paquita que en
la versión en francés de Antoine Rodriguez que presentó
Zorongo, el grupo organizador del Festival, bajo la dirección
de Luis F. Jiménez se titula, Stimulant, amer et necessaire.
En la representación presenciada, con la coqueta sala del
Instituto Cervantes abarrotada de público, la actriz Emmanuelle
Marquis muestra su bravura escénica en este monólogo
de la soledad y la metáfora de la adicción al juego
como manifestación sintomática de la necesidad de
extraviarse de la protagonista, en una huida de su realidad terca
y agobiante.
En esta propuesta el director coloca físicamente a un personaje
masculino que es uno de los antagonistas dramatúrgicos, y
su presencia carga en la ausencia del otro, del macho, la carga
del discurso. Un montaje sencillo, con un juego de sillas y una
iluminación, en esta ocasión, muy circunstancial trasladan
un texto muy sugerente a un lenguaje escénico reconocible
y eficaz.
Posteriormente hubo un encuentro con tres autores españoles
pertenecientes a tres generaciones diferentes. El autor de la pieza
representada, Ernesto Caballero, la autora de la obra representada
anteriormente por Zorongo, Dompteur dombres, Itziar Pascual,
y José Sanchis Sinisterra que será el autor de la
producción del Festival del año 2004, su conocida,
exitosa y siempre atractiva Ay Carmela.
Los tres expresaron su pesadumbre ante la situación general
de las producciones españolas respecto a los autores vivos.
Los tres como docentes en dramaturgia y como conocedores de la realidad
señalaron el gran momento existente de nuevas dramaturgias,
con gran número de autores interesantes y advirtieron sobre
la posibilidad de que esta bonanza pase desapercibida en los escenarios.
París bien vale un debate.
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