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Abierta
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BAD
asume su tendencia experimental
Carlos
Gil
En
ocasiones la necesidad se convierte en virtud, y la utilización
de espacios públicos diseñados para otros menesteres
como lugar para las representaciones, pueden ayudar a crear unas
señas de identidad, como ha sucedido este año con
el Bilbao Antzerkia Dantza, BAD, que ha logrado crear una plataforma
de exhibición y de encuentro para los experimentos escénicos,
no nos atrevemos a llamarles vanguardia por lo que tienen de incipientes
y de collage de otros lenguajes, pero sin lugar a dudas dejando
muestras de unas inquietudes que huyen del clasicismo y de lo convencional.
Se están perfilando las posibilidades de una mayor conexión
con la real circunstancia teatral de Bilbao, y por lo que se ha
ido viendo y las energías acumuladas, si definitivamente
se optase por un formato de festival convivencial, en donde las
experiencias se pudieran contagiar en talleres, prácticas,
espectáculos de creación rápida, debates y
formulaciones teóricas, podría entrar en un camino
de especialización, de claridad en los objetivos y por lo
tanto su diferencia se podría remarcar junto a su valor de
formación para el conjunto del teatro vizcaíno y de
todo Euskadi.
Aquí hay playa
Sin forzar excesivamente las retóricas, con la selección
de espectáculos presenciados, se puede decir que en este
terreno del teatro más experimental, la comparación
de calidades y de objetivos estéticos, de usos de las nuevas
dramaturgias y los estilos de interpretación, entre los grupos
que trabajan en otros puntos del Estado español y los del
País Vasco, el equilibrio es manifiesto.
Quizás sí exista un mayor oficio en la presentación,
una terminación de los trabajos que los colocan como algo
acabado, dispuesto para el mercado, mientras que en las propuestas
vascas, salvando los presentados por FTI, o Txusma que son productos
bien acabados, coherentes en sus concepciones y con marchamo de
listo para su exhibición, lo demás eran experimentos
demasiado balbucientes, con momentos muy señalables, pero
sin control de ritmos, ni coherencia estética, ni de homogeneización
de las claves interpretativas.
Es por estas razones que se debiera entender que el BAD podría
ser la plataforma, el lugar donde mostrarse y crecer, la cita anual
con lo más novedoso, las dramaturgias más nuevas,
menos habituales. Sería un gran servicio a toda la comunidad
y de esa forma ayudaría a su propia definición como
Evento señalado en el calendario de los que están
buscando nuevos caminos de comunicación, nuevas formas de
acercarse a unos públicos, que por lo visto existen, que
disfrutan con estos lenguajes, la mayoría de las veces de
un mestizaje multimediático significativo y en otros utilizando
narrativas fraccionarias que provienen del cómic o de los
medios audiovisuales predominantes.
Todas las actividades paralelas, el mercado, el punto de encuentro
son cuestiones a potenciar. Lo mismo que los forums al finalizar
las representaciones que son una buena idea. El tener un lugar de
encuentro con posibilidades de comprar libros, o leerlos y ver propuestas
de diferentes grupos en vídeo es muy positivo. Y el espacio
del mercado de La Ribera parece idóneo, pero nadie sabe cuál
será su destino para el próximo año.
De lo que vimos
Pero
este año había una programación más
abierta a todos los públicos, trabajos de interés
pero que no escapan a lenguajes más convencionales con mayor
o menor atención. Espectáculos que posiblemente no
tengan cabida en otras programaciones de los escenarios vascos.
En el Teatro Arriaga Blanca Li presentó un magnífico
trabajo: Borderline, realmente bello en su espacialidad, su colorido,
la frescura de las coreografías la transmisión de
placer de todos los intérpretes, la hacen singular. Al igual
que el tema inspirador, la frontera entre la cordura y la locura,
o esa línea en donde la imaginación transforma la
realidad. Con una buena dramaturgia que le da solidez en el discurso
escénico, la utilización de la maquinaria del teatro
de manera activa y a la vista, le dota de otro significado, al igual
que le da una calidad armónica, un espléndido vídeo
de creación que pone fondo a todo el espacio. Repetimos,
un magnífico espectáculo de danza para todos los públicos.
Otro espacio
Bilborock es otro de los puntos de referencia para las actividades
del BAD y allí vimos un trabajo de la compañía
andaluza El velador, La cárcel de Sevilla que su director,
Juan Dolores Caballero la activa para acercarla a su estilo estético,
en su concepción esperpéntica del hecho teatral, con
unas actuaciones que deben trabajar la máscara corporal de
manera muy significativa. Se ve la mano de la dirección,
tanto para lo bueno, que es mucho, como para algunos excesos, como
el abundamiento en algunos tics expresivos tanto de composición
física, como de tratamiento de voz en los actores.
Infame es el trabajo que ofreció La Elemental, que está
en un estado de creación que apunta algunos detalles interesantes,
con una grabación videográfica como elemento contador
de una historia que después se desmenuza en escenas fragmentarias
expresadas en vivo, a veces ilustrativas, otras netamente incidentales
con un extraño tejido dramatúrgico que acaba en un
largo chiste.
Parecida es la experiencia presentada por TAC-Teatro de Acción
Candente, y su Hamlet García con djs en directo, en donde
la textualidad tiene una curiosa utilización.
Rodrigo García
La última representación tuvo lugar en el espacio
de La Ribera, con las gradas repletas de espectadores para presenciar,
Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba de la Carnicería
Teatro. Alegato anticonsumista que contiene todos los elementos
que hacen de este dramaturgo y director, una de las referencias
en el teatro contemporáneo, partiendo de momentos de un hiperrealismo
que se va trasformando en un grotesco, con una violencia sorda y
contenida que revienta en los movimientos, en el trabajo físico,
y el tratamiento del propio texto.
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