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Revista de las Artes Escénicas
Artez 80. Diciembre 2003
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    Zeru Urdina por la Ruta de la Seda

    Garbiñe Tolosa

    Me sirvo de dos frases y de una serie de “borbotones” para acercar las vivencias del viaje:
    La Ruta de la Seda: “No sigas las huellas de los antiguos, busca lo que ellos buscaron”
    Mongolia: “Mongolia nos hizo un hermoso regalo, el viaje, sin ella el viaje no hubiéramos emprendido”.
    Silencios, la inmensidad de los horizontes, lo visto, lo intuido, lo soñado, lo vivido, las esperas, las largas e insípidas esperas en las fronteras, las miradas que se te clavan en la piel, esas miradas curiosas que te desnudan, que te dejan sin armas, los olores a ajo y tomillo en nuestras acampadas nocturnas, el azul, el inmenso azul cubriéndolo todo, las horas de mirar, de pegar la nariz a la ventanilla del coche y mirar, amanecer cada día en un horizonte diferente, encuentros, despedidas, sorpresas, decepciones, lloros, sonrisas, cielos, cielos inmensos, silencios sonoros, paisajes puros - vírgenes, roces de telas, aromas de “zocos”, militares, camellos, curiosidad en las miradas, Alá, Buda, la Madre Tierra, despotismos, repúblicas muy jóvenes, trashumancias…

    Sensaciones del viaje

    Acumulas imágenes, las confundes, las olvidas, vuelven a venir, te habitúas a lo más sorprendente, todo se vuelve cotidiano, aceptas cualquier señal no conocida como cotidiana. Tras un primer periodo de soltar tensiones, velocidades, todo el lastre que traes de casa, emociones, sentimientos…, entras en un dejarte estar, sintiendo, percibiendo; abandonas, de cierta manera, la tendencia a clasificar, a buscar explicación a todo, dejas que todo vaya llegando, que tras un horizonte llegue otro, tras una despedida un nuevo encuentro. Tu cuerpo se acostumbra a ver pasar detrás de la ventanilla del coche la infinitud de esos paisajes Terminas por ser absorbida por otra “dimensión” de la realidad, y esto es lo mejor, conseguir relativizar tu propia realidad para sumergirte en una nueva, aunque sólo sea por unos meses. Viajar tendría que ser una asignatura obligatoria.
    Y ahí estábamos nosotros, dejándonos la piel en cada nuevo encuentro, es como un intercambio, algo de ti se queda en el lugar, y algo del lugar te lo llevas bien guardado, llega un momento en el que pierdes la conciencia de realidad, no sabes si lo que está sucediendo fuera de ti es un sueño o ocurre de verdad.
    Mirar, horas mirando. Sólo puedes mirar
    Ojos irritados, enrojecidos de tanto mirar
    Aprendes a mirar como cuando eras pequeña
    Mirar como si siempre hubiera sido así…
    Mirar abierto, mirar por mirar, dejar que el tiempo pase mientras sólo se mira, no un mirar desinteresado, desidioso… En un viaje así solo puedes mirar, sólo te quedan los ojos… Silencios que duran horas, días… espacio sólo para el mirar, los pensamientos llegan lentos, tus ojos son los que funcionan… Te acostumbras a mirar silenciosamente, sin palabras, a ser testigo mudo de todo lo que va sucediéndose.
    Hemos regalado Zeru urdina, el espectáculo que llevábamos como equipaje, hemos dejado parte de nosotros en esas tierras, con esas gentes; venimos cargados de recuerdos, de imágenes, de sensaciones difíciles de olvidar, con la mirada cambiada y con ganas de compartir la experiencia.
    Ellos nos han ofrecido lo mejor que tenían, su hospitalidad, la sinceridad de sus miradas, las risas fáciles, su forma de vivir, la curiosidad todavía pura, limpia, entera…

    Crónica de Mongolia

    Recorrer la estepa, la interminable estepa a ritmo lento, pausado, a saltos… Acampar junto a una comunidad de ger’s (las tiendas redondas de fieltro blanco que los nómadas usan como viviendas), en medio de un amplio valle, junto a los caprichosos meandros del río que lo surca, dejar que las relaciones surjan, que nos contagien su risa, sus horarios, su vivir… Compartir visitas, charlas indescifrables, comidas que te revuelven el estómago (kumís-airak: leche fermentada de yegua o de yak, mil variedades de extraños quesos, cordero, más cordero…) y como regalo, ofrecerles Zeru Urdina.
    Nervios, toda la comunidad se sienta antes de que instales el “chiringuito”, vamos montando poco a poco el espacio que nos acogerá, que acogerá a los tres personajes, a los encuentros de estas tres mujeres con estas gentes, todo bajo el ojo avizor de los cámaras. El cielo más azul que nunca, la luz más intensa, suena el cuerno que anuncia el comienzo… Se sucederán risas, miradas cómplices, la txalaparta sonando mientras las cornamentas de dos yak’s (vacas peludas y con enormes cuernos) chocan cerca del río.. y surge la comunicación.
    Luego nos acercaremos a los vientos del Gobi, a sus inmensos silencios, a sus sencillas gentes… Y el encuentro se repetirá, nunca será el mismo, pero la comunicación, el intercambio seguirá ocurriendo.
    Son las diez de la mañana, el avión acaba de despegar y Ulan Baator va quedando chiquito, a esta altura Mongolia es un complicado entramado de líneas que surcan valles, colinas, culebrean en todas las direcciones, son las pistas que comunican este vasto país.
    Si algo no podremos olvidar de Mongolia son sus paisajes, el verde incondicional, verde sobre azul, sobre gris, sobre blanco… pero verde a fin de cuentas. Hay nieves, ocres montañas, pardas rocas que de vez en cuando se insinúan, pero tras un nuevo horizonte ahí está de nuevo el verde.
    Lo primero que los mongoles hacen cuando te obsequian con una visita es sentarse frente a ti y clavarte la mirada, una mirada curiosa pero tranquila. Y es en la segunda visita, generalmente acompañada de kumis o de sus muy especiales variedades de quesos, cuando empieza la conversación, aunque esto no quiere decir que les entiendas. Ríen mucho, ríen por todo. Les hace gracia nuestra gestualidad. Es fácil sentirse a gusto con estas gentes. Tienen una curiosidad por todo.

    Regreso: Septiembre 2003

    Aterrizas de golpe, nadie te ha preparado para ello, todo se detiene y se abre ante ti. Parece que nada ha cambiado, pero es como si todo recomenzara de nuevo, no puedes borrar las imágenes, los sonidos que la memoria se encarga de traer consigo. No estabas avisada, llegas con esa mirada extraña, extraviada, lo evidente deja de serlo pues dentro de ti algo ha cambiado, todo lo cuestionas, lo preguntas… ¿dónde quedaron las estepas, los silencios infinitos, el tiempo para la contemplación, el tiempo de estar, de dejarse estar?
    Sabes que muy pronto, y sin apenas darte cuenta, todo se irá haciendo cotidiano. Se mezclarán los lugares, las gentes. ¿Dónde localizar cada momento, cada paisaje?, ¿recordarás lo que sentías en ese momento? o lo mezclarás, lo mentirás… Antes de que ocurra y como tentativa de recomponer y legar esa experiencia, queremos compartir la vivencia y para ello en el 2004 organizaremos sendas giras:
    Es por lo que preparamos y organizamos todo el material recogido, para poder proponeros un viaje a otros modos de entender y percibir el mundo e impregnar cada lugar donde se realicen del aroma de una Ruta de la Seda muy personal y “compartible” al mismo tiempo, invitaros a sumergiros por un instante en otras sensaciones, a perderos en otras miradas, a abrir una puerta a otras vivencias.
    Queremos ofrecer a la vuelta de nuestra pequeña Odisea, un tejido vivo de pensamientos, de sueños, de experiencias que los cinco miembros de la expedición.
    Todavía estamos revisando el material gráfico, sonoro y escrito que hemos recopilado durante el viaje. Una vez realizada la selección pasaremos a la fase de maquetación y edición.
    Varios son los caminos, cada cual ha elegido el más adecuado a su proyecto, pero los reunimos en forma de dos giras diferentes:
    a. Giras informativas: Compartir las experiencias vividas
    Actividades: Charlas-conferencias, Instalación sonoro-visual “zein da begiraden doinua?”, Proyección del vídeo de la pieza “Zeru urdína”, Diaporama de las diapositivas “Cuaderno de Bitácora”, Edición del libro “¿Quiénes son las mujeres de la estepa?”. En este proyecto colabora el Gobierno Vasco y la Diputación de Bizkaia.

    Más planes

    1. Maquetación del vídeo recogido en la gira de la pieza de danza-teatro: “Zeru Urdina”:
    Dentro del proyecto de gira de la pieza Zeru Urdina, se incluía la labor paralela de documentación audiovisual a cargo del cámara Juan González
    2. Revisión del material recogido en el proyecto: ¿Quiénes son las mujeres de la estepa mongola?
    Entrevistas realizadas a varias mujeres mongolas (pertenecientes a varias comunidades de ger’s) sobre la forma de vida y pequeñas anécdotas de su vivir cotidiano para mostrar desde la propia experiencia de la autora, Amaia Ibarrarán, todas las impresiones y vivencias junto a estas mujeres a través de la edición de una publicación, libro multimedia. Idoia Zabaleta y Juan González son la ayudante y el cámara.
    3. Maquetación y diseño de la instalación visual y sonora “zein da begiraden doinua?”:
    Instalación interactiva de la serie de miradas sonoras capturadas al azar durante los encuentros con mujeres en el viaje. Este trabajo de Garbiñe Tolosa, en colaboración con María Berzosa, Raúl Cabrero, Raúl Pérez y Marije Manterola, está compuesto de elementos sonoros y visuales
    4. Preparación y selección de textos e imágenes que compondrán el proyecto “Cuaderno de Bitácora”:
    Diaporama, montaje audiovisual fotográfico del paisaje natural, geográfico, cultural y humano recogido durante el recorrido de Juan Gonzalez.
    b. Encuentros con mujeres occidentales
    Giras de sensibilización por todo Euskal Herria para compartir y acercar nuestra experiencia. Para fomentar y promover encuentros con las mujeres vascas a modo de hilo de unión y transmisión del encuentro con las mujeres mongolas y del resto de la Ruta. Proyecto organizado con la colaboración del Gobierno Vasco, FOCAD y dirigido a colectivos y asociaciones de mujeres.

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