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Abierta
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Las
burbujas llevan en sí la poesía y yo,
simplemente, las he acercado al público
Pep
Bou uno de los pocos artistas en utilizar pompas de jabón
como principal elemento escénico en sus montajes acaba de
estrenar su cuarto y último espectáculo Diáfano
en conmemoración a los veinte años de profesión.
El director teatral Fernando Bernués se ha encargado de dirigir
esta nueva propuesta que desde el pasado 18 de diciembre y hasta
el 4 de enero se está representando en el Teatre Nacional
de Catalunya con el acompañamiento musical en directo de
la Orquesta de Cámara de Granollers.
Irune
Larruzea
¿Qué
tienen de especial las burbujas?
La burbuja tiene una capacidad de absorción, de dejar anonadado
por la magia que contiene. Ellas llevan la poesía en si y
yo simplemente las acerco al público. Ya me dedicaba profesionalmente
al teatro cuando comencé con las pompas de jabón.
Tras haber echo un poco de todo me interesaba hacer cosas en el
escenario, acercar un acto artesanal, una metamorfosis en directo,
mostrar cosas que se crean en el momento. Siempre me ha parecido
muy seductor ver a gente hacer cosas con las manos; oficios como
carpintero o alfarero me parece que tienen mucha vida además
de un gran contenido poético. En un principio me plantee
manipular papel o piedra, agua hasta que decidí decantarme
por las burbujas.
¿Cuáles fueron tus primeros pasos?
De 1980 a 1982 me dediqué en cuerpo y alma a investigar el
mundo de las pompas. Me relacioné con químicos y probé
todo tipo de jabones. Desde hace ya unos cuantos años utilizo
la misma marca, se trata de un producto que se fabrica en Estados
Unidos. En su momento intenté que, de alguna manera, me patrocinara
los espectáculos pero no hubo suerte. Ahora para el estreno
de Diáfano, montaje conmemorativo de los veinte años,
en el Teatre Nacional de Catalunya contamos con el patrocinio puntual
del jabón KH 7.
¿En este proceso de investigación has tenido alguna
referencia?
Empecé a interesarme por los clowns que hacían pompas
de jabón en sus espectáculos así como números
de circo alrededor de esta misma actividad aunque me pareció
que eran piezas muy simples y poco exigentes. Únicamente
me gustó el trabajo de un mago estadounidense que tiene un
lenguaje particular y les da una personalidad diferente a las burbujas.
Profundicé en conseguir que las pompas tuvieran vida y evolucionasen.
En ese momento me di cuenta realmente que las burbujas eran una
cosa que se generaba soplando una lámina esférica,
una membrana con magia contenida.
¿Veinte años dan para mucho?
Cuando estrené en la Fira de Tàrrega mi primer espectáculo
con pompas de jabón, Bufaplanetes, fue una sorpresa muy agradable.
Después de veinte años el espectáculo sigue
en cartel. Por él han pasado muchos actores como Quique Amorós,
Jordi Bardario, Jaume Ventura y ahora está Lluís Bevià
que también interpreta el rol del personaje de Bufaplanetes
que es el ayudante del profesor loco que lo encarno yo. La gente
me pregunta si no es un poco raro que me dedique a hacer burbujas,
pero en definitiva cuando tienes un oficio donde trabajas con honestidad
y a fondo no puedes ir cambiando de materia cada dos o tres años,
sino los directores de cine no harían cine siempre. Dice
el dicho que el oficio se hace con el tiempo. El hecho de que siga
con las burbujas es porque todavía veo que hay grietas para
pasar, no se abren puertas, en este oficio se dan pasos muy pequeñitos.
Calculo más o menos que cada cinco años puede salir
un nuevo espectáculo. No obstante, lo he ido compaginando
con otro tipo de proyectos como colaboraciones en puestas en escena,
además de dirigir la mayoría de los trabajos de Marta
Carrasco, quien también ha colaborado en este espectáculo.
¿Qué dificultades surgen al trabajar con burbujas?
Interpretar con burbujas no tiene nada que ver con interpretar personajes,
y ahí reside la dificultad de ésto. Un espectáculo
de burbujas es una ecuación de tantas incógnitas que
nunca se sabe. Cuando estás haciendo pompas estás
pendiente de lo que vas a hacer, hasta que no tengas la cosa muy
rodada no te puedes permitir el lujo de dar un toque diferente.
La burbuja nunca se comporta igual, cambia permanentemente. Sabó,
sabó nuestro segundo espectáculo, fue el más
complicado de llevar a escena. Con este proyecto me puse el listón
muy alto y la experiencia resultó ser muy dura. Teatralmente
era una idea muy difícil de resolver ya que eran estructuras
estáticas en arcos. Un proyecto muy ambicioso que resultó
casi imposible ir de gira con él. Por problemas de visibilidad
no lo podíamos hacer en cualquier sitio pero creí
en el proyecto y cuando terminamos me quedé satisfecho del
trabajo que habíamos realizado.
Ambrossia, tu tercer montaje es un homenaje a Joan Brossa, ¿En
qué sentido y hasta qué punto a influido en tu trabajo?
Desde el principio, con Bufaplanetes y hasta su muerte, he estado
muy vinculado a Brossa. El decía que las burbujas eran la
poesía hecha imagen y sentía gran admiración
por el hecho de que hubiera gente que se dedicara a esculpir y crear
pompas de jabón y llevarlas a escena. Para mí ha sido
como un especie de guía o referencia, de como hacer las cosas
con el centro de gravedad conveniente. Al poco tiempo de empezar
con Ambrossía Brossa murió y decidimos hacer el espectáculo
en su honor.
¿En qué radica la diferencia de Diáfano con
los anteriores tres espectáculos?
Digamos que Diáfano es el resumen de veinte años de
profesión realizado con gran sencillez dramática.
Luis Bevià quien me acompaña en este caso y yo queríamos
meter más cosas, más historias pero Marta Carrasco
y Fernando Bernués que se han encargado de la dirección
teatral han decidido que sea más simple y que a partir de
ese punto vaya creciendo, si no coremos el riesgo de que se desmorone.
¿A qué tipo de público van dirigidas tus
obras?
Yo prefiero el público adulto por la manera que concibo mis
espectáculos. El niño tiene con la burbuja un concepto
de divertirse, de explotarlas; es otra cosa si están mezclados
con los adultos. De todas formas se agradece la naturalidad con
la que actúan, de repente oyes un comentario en voz alta
de algo que les ha emocionado y le contagian a todo el público.
Al hilo de lo dicho, en el Teatre Nacional de Catalunya las funciones
son a las siete de la tarde y su director insistió mucho
para que lo presentara ahí, argumentando que no había
demasiados espectáculos para público familiar y lo
que yo proponía cuadraba.
¿Siendo casi algo único o por lo menos excepcional
es fácil abrirse camino?
Curiosamente trabajamos más en el extranjero que en España.
Creo que aquí se está tendiendo mucho a lo comercial,
tanto a la hora de crear como de programar. Son poquitos los que
arriesgan y éstos últimos tampoco están ayudados
como se merecen, ni siquiera un mínimo. Los teatros también
están programando cosas dependiendo de la taquilla, pensando
en llenar o programando espectáculos con gente de la televisión.
A este paso vamos a vaciar el contenido humano y creativo del oficio.
Pero en todo caso prefiero arriesgar algo. He recibido críticas
duras pero lógicas cuando un día las burbujas te dan
la espalda y no te sale nada como es debido, pero también
he tenido críticas buenísimas. De todas formas, a
veces te falta que te valoren la apuesta que tu haces.
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