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Futuro imperfecto de cifras y letras
El
ambiente huele a tarjeta de crédito. Los iconos que predominan
son símbolos y marcas de consumo. Las artes de representación
en vivo y en directo parecen entrar en la misma cesta de la compra.
Empezamos el año con demasiadas citas coyunturales que inciden
en el hecho teatral de una manera tozuda. La misma tozudez con la
que se suceden los procesos creativos, productivos, de exhibición
y de desaparación. Casi todos tenemos el convencimiento de
que está el mercado sufriendo una inflación de producciones,
y que los presupuestos para cultura se han congelado, lo que produce
una deriva recesionista en la contratación.
Pueden ser simples secuelas fruto de las sensaciones porque cuando
se miran las cifras resulta que todo parece ir mucho mejor, pero
en cuanto se leen las letras, las declaraciones y se piensa en los
futuribles, se encuentran síntomas de colapso. Al menos mental.
Quizás sea necesario empezar a actuar. Tras la reflexión.
O cuando las reflexiones nos lleven a convencimientos, luchar por
lograrlos. El dejarse llevar por la inercia, es un malísimo
síntoma. El no pararse una vez más a definir de nuevo
la función de los espacios de exhibición de titularidad
pública, con contratación pública. La relación
que deben tener estos edificios con la vida cultural y teatral realmente
existente, las políticas de programación, los programas
de acercamiento a nuevos públicos, y todo eso que tanto y
tanto discutimos de manera informal pero que debe empezar a tomar
cuerpo teórico, con decisión para marcar objetivos,
en delimitar el terreno de juego desde una mirada no patrimonialista,
ni partidista de la Cultura y, muy especialmente, de la de exhibición,
la que necesita de los públicos.
En nuestro ámbito de decisión se presentan espectáculos
casi de estreno, de estreno absoluto, de reposición. Parece
seguir el ritmo, pese al cambio de ejercicio económico que,
a veces, tantas disfunciones crea. Y las salas y teatros mantienen
un buen nivel de programación, a principio de año,
obviamente, dedicado a niños y niñas, y el resto marcando
la pauta habitual.
En danza, tenemos un estreno de Kukai-Tanttaka, la presencia en
nuestros escenarios de compañías de ballet clásico
y de nuevos creadores, al igual que la música, manifestando
algunos espacios su clara definición como receptores de grandes
actuaciones.
La primera feria del año, es la de Madrid, organizada por
ARTEMAD, como las anteriores, pero con nuevos bríos, como
Escena Contemporánea, que arranca a finales de enero, para
mostrar su parte más densa en febrero. Y es que enero tiene
en Burgos otra cita con el teatro más arriesgado, y Santiago
de Chile acoge su Festival Teatro Mil que contiene el FESUR, la
feria de Teatro suramericano.
Nieves Mateo ha entrevistado a Itziar Pascual, damos espacio a un
artículo de una programadora sobre cuestiones profundas de
su oficio, la visión de un autor, Alfonso Plou, sobre sus
obras vistas en escenarios internacionales, y nuestras secciones
habituales, con nuestros colaboradores afinando en sus percepciones.
El próximo mes de febrero cumpliremos ocho años y
vamos a cambiar un poco el formato y la maquetación, lo que
nos llevará a ajustar las secciones. Esperamos acertar.
Carlos
Gil Zamora
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