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antza
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Variedad creativa
| Obra: La
Stravaganza. Coreógrafo: Angelin Préljocaj. Duración:
30 min. |
| Obra: Rave.
Coreógrafa: Karol Armitage. Duración: 35 min.
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El
Ballet de Lorraine se presenta con tres piezas
Son coreografías de Préljocaj, Bouvier y Armitage
Diferentes estilos recrean diversas épocas históricas
El
Centro Coreográfico Nacional Ballet de Lorraine presenta
un repertorio formado por tres piezas de coreógrafos contemporáneos.
Se trata de La Stravaganza, Jeanne d´Arc y Rave, tres propuestas
muy diferentes creadas por los coreógrafos Angelin Preljocaj,
Joëlle Bouvier y Karole Armitage respectivamente. Durante una
hora y media, la compañía muestra al espectador el
choque de culturas y tiempos que supone la inmigración, la
violencia de la guerra y una recreación delirante de la sociedad
actual. El repertorio comienza con La Stravaganza, una coreografía
de Angelin Preljocaj, una de las personalidades más originales
de la danza contemporánea, que explora y muestra el choque
entre culturas y tiempos, que se da en todos los aspectos de la
pieza. Los bailarines, el vestuario y la música pertenecen
a distintas épocas y se encuentran sobre el escenario para
representar de una manera poética y dinámica una pequeña
historia de la inmigración.
Así, en La Stravaganza conviven sobre el escenario parejas
de bailarines pertenecientes al siglo XXI con otras llegadas del
siglo XVIII, y un hombre en pololos acaba raptando a una sabina
del mundo actual.
También las piezas musicales escogidas para esta coreografía
pertenecen a distintas épocas históricas, enfrentando
las composiciones de Vivaldi y la música contemporánea
de Evelyn Ficarra, Robert Normandeau, Serge Morand y Ake Parmerud.
Recreación histórica
Jeanne d´Arc es la segunda pieza del repertorio. En ella la
coreógrafa Joëlle Bouvier se inspira en la vida de Juana
de Arco, un personaje histórico, para plasmar la imagen de
la fragilidad dentro de un ambiente de guerra y destrucción.
Para su creación, la coreógrafa ha trabajado junto
a los bailarines en la búsqueda de las expresiones gestuales,
la energía, el ritmo y la música que expresaran con
precisión la violencia, esencia de la guerra, así
como el poder destructor del poder. Y, entre este grupo de seres
violentos, Joëlle Bouveir ha elegido el personaje de Juana
de Arco como contrapunto, proponiendo de ella una imagen mística
y alucinada. Así es como la coreógrafa presenta a
la protagonista: Ella camina con sus pies desnudos por un
torrente de brutalidad y fuerza, sorda a los gritos y los crujidos
de los huesos y mandíbulas rotas, llevada por la pureza inquebrantable
de su misión.
La estética de la guerra
Para
recrear estás imágenes, Joëlle Bouvier ha investigado
la estética de los bailarines guerreros, maquillando sus
rostros y bustos para que parezcan salidos de un cuadro de la edad
media y ha utilizado la proyección de imágenes para
potenciar la presencia de la destrucción. Imágenes
como, por ejemplo, la del fuego que parece incendiar el espacio.
En el aspecto musical, la partitura sonora compuesta por Raphaël
Pardillo y Emilio Urbina mezcla sonidos primitivos y étnicos
con fragmentos musicales de piezas de Bach, Pergolasi o Avopart.
Tras Juana de Arco, la compañía regresa a la actualidad
en su última coreografía, Rave, en la que Karole Armitage
hace una burla de lo artificial y lo falso. Rave es un extravagante
desfile donde se dan citan personajes de todo tipo. Mohicanos terroríficos,
baby dolls desvergonzados, clones de Andy Warhol y Marilyn Monroe
y otros personajes modernos con peluca ofrecen la imagen de una
sociedad paradójica, extrovertida a fuerza de ser extravagante.
Crítica social
Apasionada por las corrientes rock y punk así como por la
danza clásica, Karole Armitage utiliza la técnica
clásica en la que brazos y piernas se mueven en todas las
direcciones llevando la energía y la velocidad hasta su punto
extremo. En Rave la música de David Shea se mezcla con ritmos
africanos, technos, rap, punk y salsa entre otros, y la imagen es
eléctrica gracias a los colores chillones con los que Peter
Speliopoulus, creador de la casa de alta costura Cerruti y colaborador
de la coreógrafa desde el año 1999, viste a los bailarines.
Karole Armitage basa su trabajo en el ballet clásico y lo
envuelve con una estética de plástico y colores chillones,
ofreciendo así una orientación vanguardista de la
danza clásica.
El
año 1999 el Ballet Nacional de Nancy y Lorraine pasó
a llamarse Centro Coreográfico Nacional-Ballet de Lorraine,
cambio nominal que supuso también una modificación
profunda del estilo de danza de la compañía. Con
el nuevo nombre, la estructura del centro asumió una
nueva orientación hacia la danza contemporánea
y la creación coreográfica. Convencida de que
ninguna compañía puede limitarse a un repertorio
del pasado, el centro coreográfico ha seguido trabajando
en la evolución y la renovación de las formas
clásicas, pero al mismo tiempo ha decidido abrirse y
atender a las necesidades actuales de creadores y público
con la creación de piezas de coreógrafos que pertenezcan
a un espectro lo más amplio posible. El Centro Coreográfico
Nacional-Ballet de Lorraine está interesado en los periodos
y movimientos donde el arte coreográfico, y en particular
la danza clásica, ha conocido grandes cambios e incluso
rupturas tanto dentro de su ámbito como en relación
con otras formas de expresión, y, convencido de que la
puesta en perspectiva de las sombras del pasado y de las problemáticas
de la creación actual son los que más incumben
a los artistas y al público, el centro no pretende adquirir
un estilo determinado, ni ser el instrumento de un único
coreógrafo, sino una herramienta puesta al servicio de
numerosos creadores de estilos muy diversos para que estos puedan
proponer al público sus creaciones, el fruto de sus investigaciones,
sus interrogaciones y sus visiones del mundo, y promover el
encuentro entre artistas provenientes de los campos y la estéticas
más diversas. |
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