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    ‘El otro lado’ de Ariel Dorfman por Galo Film

    Una frontera que atraviesa
    las vidas y la propia casa

    Obra: El otro lado.
    Autor:
    Ariel Dorfman.
    Intérpretes:
    Charo López, Eusebio Lázaro, José Luis Torrijo.
    Escenografía:
    Eusebio Lázaro.
    Iluminación:
    José Manuel Guerra.
    Vestuario:
    Dietlind Konord.
    Dirección:
    Eusebio Lázaro.
    Producción:
    Galo Film.
    Duración:
    90 min.
    Lugar:
    Getxo Antzokia.
    Fecha:
    15 de marzo.
    Hora:
    20.00.

     

    Eusebio Lázaro dirige la pieza que protagoniza junto a Charo López y José Luis Torrijo y que llega este mes al Getxo Antzokia

     

    Las fronteras que se generan para marcar territorios y que originan el temor y el odio de quien lo ve desde la otra parte de una línea que divide a los seres humanos, son las premisas de la obra de Ariel Dorfman, El otro lado, que protagonizan Charo López, Eusebio Lázaro y José Luis Torrijos y que llega a Getxo tras su estreno en Cartagena. A pesar de la seriedad del tema que aborda este espectáculo, la pieza del autor argentino que se complace por ver estrenada su obra en su idioma nativo tras haber sido producida y representada en Tokio, Seúl y Nueva York, tiene un “tono tragicómico que lleva al público a reírse y a sonreírse, pero sin dejar de reconocer una realidad que está todos los días en los periódicos y en la televisión”, apunta Eusebio Lázaro que además dirige la puesta en escena.
    Esta obra atemporal “porque no se concreta la época histórica en la que se desarrolla la acción, que puede ser ayer, hoy o mañana”, presenta a un matrimonio que vive en una vieja casa en la frontera entre Constanza y Tomis, dos imaginarios países en guerra. “La pareja ha sido encargada por los gobiernos de ambos países para recoger a los cadáveres que caen en su lado y darles sepultura, aunque también deben tomar los datos de los fallecidos con la finalidad de que sus familiares puedan reclamar sus cuerpos una vez finalizado el conflicto”, asegura el director.
    Este punto de partida da origen a la llegada de la paz y a la de un soldado que se presenta para establece la frontera justo en medio de la casa en la que vive el matrimonio. Esa situación que rompe su macabra rutina resulta además absurda hasta el límite porque “la línea fronteriza atraviesa la cama de la pareja, lo que les obliga a pedir visados para usar su propio lavabo o acercarse a la cocina a preparar la comida”.

    Ideas sin ideología

    Además de la peripecia principal sobre la que gira El otro lado, para Lázaro destaca la presencia del soldado “que puede ser el hijo del matrimonio que se fue de casa cuando tenía 15 años. La mujer cree que puede ser su propio hijo, y aunque expresa en un momento que no le importa que lo sea o no, le pide que se quede con ellos”. Aunque la mujer ha padecido la ausencia del hijo, Lázaro destaca “la ausencia que siente el chico porque desde que empezó la guerra ha estado en diferentes fronteras, comiendo mal, sin hogar, sin cariño, sin caricias y encontrará el amor en esas dos personas”.
    Lázaro apunta además que en este espectáculo “no importa tanto el juego dramático de la fábula, porque el ‘leit motiv’ radica no tanto en la identidad de la persona como en los sentimientos y eso es lo que se muestra”, lo que le permite realizar un paralelismo con otra conocida obra de Dorfman, ‘La muerte y la doncella’, que fue llevada al cine por Roman Polanski y protagonizada por Sigourney Weaver, Ben Kingsley y Stuart Wilson. La protagonista cree que el personaje que llega a su casa es el torturador que la torturó, algo que él niega en todo momento, mientras que el marido duda entre creer a una o al otro. Lo que queda al final es que “se trate del torturador o no, la pareja no puede torturar al visitante porque de esa manera ellos se convertirían en torturadores”, señala el director.

    El autor alivia la gravedad temática con gags, ironía y un humor inteligente que permite el regocijo del público


    Aunque Dorfman aborda en el texto un tema tan serio como lo es el de las fronteras y las identidades, la pieza elude la ideología aunque no las ideas “y eso es lo interesante de la pieza de Dorfman, porque las buenas obras de teatro carecen de ideología y eso les permite trascender a diferentes épocas”. Además, la utilización de diferentes gags y de la ironía, lleva a Lázaro a emparejar al autor argentino con Beckett o Brecht al escribir sobre una cuestión tan seria para el público aunque matiza que el texto “nos alivia con la sonrisa del tradicional ‘delectando’..., porque hay un humor inteligente que permite regocijarse a los espectadores”. El autor se vale para ello del humor del absurdo y toma como base una “metáfora fantástica” porque lo que Dorfman quiere mostrar es que “en el mundo siempre hay gente que vive en el otro lado, lo cual quiere decir que también nosotros estamos en un ‘otro lado’. Eso resulta paradójico y que te toque estar en un lado o en el otro, eso ya no depende de uno mismo”.

    Equilibrio interpretativo


    Un aspecto que destaca en la escritura de Dorfman es el equilibrio entre los tres personajes que intervienen en la representación. Si al principio parece que el soldado es más fuerte y quien activa toda la trama de la representación mientras que el matrimonio se muestra más receptivo, al final “la pareja da muestras de grandes dosis de amor y de cariño, lo que les permite conquistar al soldado”.
    Para ubicar espacialmente esta singular propuesta el director, que asume además el diseño escenográfico, ha optado por un clima que sugiere las obras de Beckett y que, al mismo tiempo, resulta muy pictórica porque los materiales tienen la belleza de la decadencia. “No se trata de una reproducción naturalista de una casa de campo o de una caseta, sino que es un espacio grande con blancos, óxidos, goteras, con la finalidad de que sugiera un espacio mental de un lugar metafórico”.
    El juego que permite la ‘división’ de la vivienda en la que se desarrolla El otro lado ha sido resuelto desvirtuando las dimensiones reales de algunos elementos de la vivienda, tales como la cama, ya que, según Lázaro, “Dorfman pone los elementos que permiten jugar en torno a las funciones ‘diarias’ de una casa”. Para resolver las particularidades que presenta el espacio escénico, entre las que Lázaro cita el momento en el que llega el soldado y que muestra la casa parcialmente destruida, la producción ha recurrido a “efectos cinematográficos que han sido diseñados en colaboración con la firma Reyes Abades, ganadora de ocho premios Goya de efectos especiales”.

    Joseba Gorostiza

     

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