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Siempre quedará un lugar donde volver a juntarnos
Abrazando la memoria podemos recomponernos, recordar de dónde venimos, quiénes fuimos, con quiénes soñamos, a qué lugar nos ha llevado la propia vida, la profesión, la suerte, los anhelos y las ambiciones. No podemos reinventarnos a cada momento porque acabamos siendo una simple máscara sin expresión.
No es necesario volver a repetir la misma consigna, ni siquiera es posible cantar la misma canción, pero si es necesario volver a reclamar lo que nos parezca justo, lo que está dentro de la distribución equitativa de los recursos, o de las intenciones, estamos obligados a hacerlo. Porque si nos pasamos los días replanteando, circuitos, redes, posiciones estratégicas, acabaremos agotados de tanta formulación vacía de contenido, o deshabitada de presupuesto que es la manera de hacer ver que se hace algo, aunque nada se haga.
Nos vamos reuniendo en congresos, jornadas, encuentros, foros, y vamos llegando a la conclusión de que el mimetismo es el peor defecto de toda acción de gobierno. Si cada ciudad es igual a la otra y debe tener, para que sus autoridades se sientan reconocibles, un palacio de congresos y un museo de arte contemporáneo, parece que toda comunidad autónoma, por pequeña y manejable que sea debe tener una Red, asunto que es, cuando menos discutible, pero que nos lleva a un acotación de las decisiones de programación que empieza a ser un auténtico desastre para la libre circulación de las producciones, para el libre intercambio y para la mismísima libertad de expresión.
Dejando de un lado estas cuestiones burocráticas, que se nos venden como infraestructurales y decisorias para el bien del teatro en su globalidad en un territorio concreto, la verdad, es que posiblemente estemos ante un momento histórico, en el sentido de que se requiere volver a pensar qué es una red, un circuito, una producción privada y una pública. Quizás estemos atravesando una época en donde los recién llegados requieran información, ponerse al día, encontrar un fundamento básico para que sus decisiones parezcan provenir de un ámbito de reflexión y no de una actividad espontánea, o simplemente dirigida por amistades, sanas o peligrosas, eso lo sabremos en unos meses.
También puede ser que se trate de algo mucho más elemental y positivo: que se haya detectado un agotamiento de algunas fórmulas, que se deban renovar algunos de los conceptos con los que vamos funcionando de manera inercial desde hace mucho tiempo, que incluso se considere que es bueno refrescar el escalafón, poner al frente de los nuevos proyectos de las instituciones a personas con otros bagajes, con nuevas perspectivas. Todo ello se debe hacer con el máximo respeto a quienes han llevado el barco hasta aquí, sin renegar sistemáticamente de lo anterior a modo de borrón y cuenta
nueva. Y con el máximo consenso para que no se cree ninguna fisura en el débil tejido que une a las Artes Escénicas. Si se trata de esto, nos tendrán, primero aplaudiendo, y después colaborando en la medida de nuestras posibilidades y responsabilidades. Y como nos hemos declarado oficialmente optimistas, eso es lo que esperamos fervientemente que suceda.
Cada vez que nos aparece un obituario, nos encontramos con una gran duda, nuestra vocación de servicio no quiere ocultar la realidad, sino resaltar la parte más positiva de las Artes Escénicas, pero en los últimos meses se han ido acumulando las bajas, la desaparición de personas que han sido en su momento fundamentales para el desarrollo del teatro vasco, o para algunas personas, grupos o compañías . Se nos fue Miguel Garrido, con el que tanto reíamos. Han sido muchos sus seguidores, compañeras, amigos que nos han pedido hacer algo especial sobre este caso. y nos encontramos con una disyuntiva muy grande, porque en esos días había desaparecido también Albert Dueso, uno de los fundadores de la Cooperativa Denok, había fallecido Jordi Sorribas fundador de Els Joglars, entre otros .
Ahora encontramos una necesidad de recordarlos, porque estamos seguros que existe un lugar donde volveremos a ser aquellos jóvenes que intentamos cambiar el mundo del teatro, y algo empujamos para que fuera mucho mejor, para que hoy estemos donde estemos, que aunque no nos guste, porque somos muy exigentes, está mucho, pero que mucho mejor que cuando empezamos. Miguel Garrido ayudó a formar actores, a iniciar a muchos en el arte del clown, dirigió alguno de los espectáculos que le dieron el máximo prestigio a Teatro Paraíso, y fue siempre un hombre risueño, tímido como pocos. No sabemos hace más, no queremos olvidar, pero sabemos que la función debe continuar.
Y sigue, con la danza como eje, ya que el día 29 es su Día Internacional y comprobarán como en todas las portadas hay fotografías de espectáculos de esta disciplina escénica, que ha tomado preponderancia en todas las secciones, que les informamos de programaciones habituales como de dos de los encuentros más señeros del Estado español, Madrid en Danza y Dansa Valencia. Junto a ellos, otros festivales de igual importancia y los estrenos de las compañías vascas, así como las crónicas de aquellos eventos a los que hemos acudido.
Seguimos buscando la mejor manera de ofrecerles toda la información que se amontona, parece como si no existiera ningún desfallecimiento programático, y les adjuntamos junto a este cuerpo central dos suplementos: el del festival de calle de Valladolid y el de la Feria de Titelles de Lleida.
Carlos Gil Zamora
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