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‘La tortuga de Darwin’ de Juan Mayorga
Una testigo privilegiada
de los hitos contemporáneos
Obra: La tortuga de Darwin.
Autor: Juan Mayorga.
Intérpretes: Carmen Machi, Vicente Díez, Susana Hernández, Juan Carlos Talavera.
Escenografía: José Luis Raymond. Iluminación: Paco Ariza.
Sonido: Nacho García, Antonio Castro. Figurines, ambientación: Ikerne Giménez.
Dirección: Ernesto Caballero. Producción: Teatro el Cruce, Teatro de la Abadía.
Duración: 105 min.
Lugar: Arriaga Antzokia - Bilbao.
Fecha: 24 a 26 de abril.
Hora: 20.00. |
Teatro el Cruce repasa 200 años de la historia de Europa, vistos desde el punto de vista de quien está a ras de suelo
Algunos de los acontecimientos más significativos de la Historia europea de la segunda mitad del siglo XIX y del siglo XX, analizados “por un testigo extraordinario” que ha observado esos hechos “desde abajo”, es decir, no desde la perspectiva de “quienes hacen la Historia sino desde quienes la padecen”, son algunos de elementos en los que se basó el dramaturgo Juan Mayorga para escribir La tortuga de Darwin, espectáculo producido por Teatro El Cruce y el Teatro de la Abadía con dirección de Ernesto Caballero. La protagonista de la historia, Harriet, es una tortuga gigante que Charles Darwin transportó en el barco Beagle desde las islas Galápagos hasta Inglaterra donde, según el autor, se vio obligada a adaptarse “una y otra vez a las más diversas circunstancias” y que evolucionó “hasta ser casi una persona, o hasta ser algo más que una persona”.
La tortuga se presenta una noche en casa de un historiador y le asegura que ella es la tortuga que Darwin trajo en el Beagle. Sus vicisitudes, sin embargo, no hacen más que comenzar porque pasará a convertirse “en el objeto de deseo de tres codiciosos; por un lado, un historiador que ve en ella un archivo histórico de primera magnitud; por otro, de un médico que ve en ella un archivo biológico y, por último, de una señora, la mujer del historiador, que ve en ella una posible estrella del espectáculo”, apunta Mayorga.
Este espectáculo que convierte el escenario en un gran terrario ideado por el propio Caballero y por el autor de la escenografía José Luis Raymond, muestra a una Harriet, a la que interpreta Carmen Machi, que se encuentra en el penúltimo escalafón de su evolución para convertirse en un ser humano. Mayorga sostiene que esa transición viene “determinada por acontecimientos históricos concretos pero que, al mismo tiempo, está siendo objeto de conflicto”. De hecho Harriet es una fuente inagotable de sabiduría y el autor la presenta, por ejemplo, como una observadora “de la Primera Guerra Mundial” que no ve la contienda como un conflicto entre países sino que la contempla desde el punto de vista “de quien ve cómo cae la gente en la trinchera”, o como un ser quien conoció “no sólo a Lenin, a Stalin y a Trotsky sino a los gemelos Demidóvich, la mano izquierda y la derecha de Stalin, que nunca aparecen en los documentos”.
Harriet: "Sólo veo personas que se
comportan como
bestias y personas que son tratadas como bestias"
La tortuga que ha sobrevivido a once papas y a treinta y cinco presidentes norteamericanos, a dos guerras mundiales, a la Revolución de Octubre y a la Perestroika, “aprendió a andar en el bombardeo de Gernika, donde se puso en pie, con un enorme dolor en las ingles, para escapar de las bombas, o adquirió la voz en el ghetto de Varsovia para advertir a un niño de la presencia de alemanes que buscaban judíos”, indica Mayorga.
La protagonista de La tortuga de Darwin evidencia el deseo reconocido por el propio autor de “haber estado allí y haber sido el testigo directo” de los hechos históricos que se describen, aunque Harriet muestra un discurso “escéptico” que, al mismo tiempo, resulta “tierno, humorístico y cómico”. Sin embargo, Harriet sentirá “primero decepción y luego vergüenza hacia la Historia de la Humanidad” sentimientos que con el paso del tiempo le han convertido en un ser “más compasivo hacia quienes padecen”.
En la escritura de esta pieza Mayorga vuelve a recurrir a la humanización de los animales, técnica a la que también recurre en otras obras como ‘Últimas palabras de Copito de Nieve’, ‘La paz perpetua’ o la versión libre de la obra de Cervantes ‘Palabra de perro’. Con ello el autor desarrolla una “estrategia” que le permite “tomar una distancia respecto de la vida humana para observarla y, eventualmente, criticarla”, algo que es “tan viejo como la cultura” porque humanizar a los animales “nos permite hablar sobre nosotros mismos”.
El reciente ganador de dos premios Max por su autoría de ‘El chico de la última fila’ y la adaptación de ‘Un enemigo del pueblo’, que atesora además un larguísimo listado de premios en su breve pero fructífera trayectoria, incluye ecos de Ionesco, Bulgakov o Kafka, aunque la humanización animal adquiere otro valor desde Kafka, “porque detectó que junto a las transformaciones positivas iban a darse otras perversas”. Es lo que le lleva a poner en boca de Harriet que “sólo veo personas que se comportan como bestias y personas que son tratadas como bestias”.
Joseba Gorostiza
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