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Antonio Serrano y sus Jornadas
Las Jornadas de Teatro Clásico de Almería han cumplido 25 años. Se han descentralizado aún más. Ahora han llegado a Adra, Roquetas de Mar, Vera, Tabernas, Senés, Vélez-Rubio, Vícar. Los teatros y las Jornadas estuvieron más llenos que nunca. La edición de este año fue absolutamente jubilosa y llena de alegría. La siembra llevada a cabo durante años dio, entre los días 8 de febrero y 15 de marzo, sus mejores y más generosos frutos. Se improvisaron actos y más actos de homenaje a Antonio Serrano. Se llegó a unos niveles de emoción, que muchos de sus amigos temimos casi casi por su salud. Fueron muchos agasajos, reconocimientos, complicidades ilusionadas. Tanto que uno se preguntaba si eso podía pasar en este país. Pues sí señores, pasó.
No es habitual que una misma persona se mantenga un cuarto de siglo en un mismo cargo. No es nada normal que esa misma persona, luchando contra todos los vientos y todas las mareas, contra todos los cambios políticos, haya ido reuniendo en su ciudad a los mejores especialistas en teatro clásico y algunos de los más interesantes espectáculos sobre nuestro repertorio áureo. Quizás haya llegado el momento en que sea conveniente dar un giro copernicano a estas Jornadas, hacer una especie de escapada hacia adelante con los que se pudiera fortalecer la misma esencia de los encuentros.
Ya empieza a haber un marcado cambio generacional, y ha ido llegando, estos últimos años, una nueva generación de investigadores más atentos al hecho teatral de lo que lo estaba la generación de los grandes maestros anteriores. Como dijo Amaya Curieses en uno de los múltiples homenajes, la fusión entre el mundo de la Universidad y el mundo de la práctica teatral se ha logrado finalmente. Se ha conseguido hasta tal punto, que los coloquios han perdido vitalidad. Es evidente que los espectáculos eran buenos pero no oímos en las mesas redondas ningún comentario crítico de ninguno de ellos. De los extremos hipercríticos que vivimos en los primeros años de las Jornadas en Almagro se ha pasado a una especie de bonhomie general que nos llevó a pensar que tal vez vivimos en el mejor de los mundos posibles. Sólo en una ocasión los ánimos se exacerbaron. La profesora Merced de los Reyes Peña de la Universidad de Sevilla, expuso la recuperación de una obra totalmente desconocida para la mayoría de los asistentes, La fábula de Criselio y Cleón, de Diego Jiménez de Enciso. Después de su espléndida intervención, el profesor Agustín de la Granja (Universidad de Granada) contestó a algunas de sus aseveraciones de manera contundente, y tuvimos por fin un poco de pasión en las charlas. Lo agradecimos mucho. La mencionada investigadora y su grupo de Sevilla, están encontrando cada vez más obras nuevas. Las universidades del Estado Español están publicando voluminoso libros de teatro. Este año se presentó el volumen VIII de las obras de Mira de Amescua a cargo de Agustín de la Granja y el primer volumen de las obras completas de Francisco Rojas Zorrilla (Universidad de Castilla de la Mancha).
Asimismo, se distribuyó el espléndido libro de Luciano García Lorenzo Las puestas en escenas de El Caballero de Olmedo, y La pasión de los celos en el Teatro del Siglo de Oro que recoge las actas del III Congreso del Aula Biblioteca Mira de Amescua (Universidad de Granada). Regularmente van apareciendo obras nuevas, pero en los repertorios que llevan a cabo las compañías de teatro clásico permanecen casi siempre los mismos títulos. Este año vimos una Numancia de Cervantes admirable a cargo de una compañía japonesa, KSEC ACT, que tiene muchos títulos de nuestro teatro áureo en su repertorio. Es, sin duda, la mejor Numancia que hemos visto. Es curioso. Mientras aquí aún se considera que Cervantes no es un verdadero autor teatral, algunas de las mejores compañías del extranjero lo valoran de manera justa y adecuada. En ninguna otra ocasión hemos visto que la grandeza del texto se viera correspondida en la grandeza de las imágenes y los ritmos visuales y auditivos que vimos en el bellísimo Teatro Cervantes.
Este año vimos una Numancia de Cervantes admirable a cargo de una compañía japonesa, KSEC ACT, que tiene muchos títulos de nuestro teatro áureo en su repertorio. Es, sin duda, la mejor Numancia que hemos visto.
En nuestra ponencia nos referimos también a la necesidad de recuperar Mira de Amescua y Juan de la Cueva, entre otros. Se llevan a cabo muchas publicaciones, muchos estudios, pero nuestros grupos teatrales y compañías subvencionadas siguen de espaldas a ellos. Serrano, que es un gran conocedor de las puestas en escenas actuales del teatro clásico, y que ha trabajado muy a fondo Mira de Amescua, ha intentado, en su larga trayectoria, que se recuperasen textos olvidados. Se creó en Almería un Aula de Teatro que fue orientada por él. Se hizo un espectáculo admirable que reunía dos entremeses desconocidos. Entremés primero del parto de la Rollona de Franciso Navarrete y Ribera, y La infanta Palancona de Félix Persio Bertizo. Serrano ha sido apartado de la dirección de esta Aula. Un grave error. Como dijimos en nuestra intervención, se deben crear compañías jóvenes, recuperar La Barraca, las Misiones Pedagógicas, el Teatro de Guerrilla de los tiempos de la República. Es, desde esa dimensión que se podrá ampliar nuestro repertorio.
Uno de los más entrañables homenajes fue el que Antonio Serrano le dedicó a la gran actriz María Jesús Valdés. Los 25 años de las Jornadas merecían una personalidad muy especial. María Jesús, presentada por Andrés Peláez, estuvo divertida, emocionada, siempre altamente inteligente. Gracias a ella se recuperó una época olvidada, los años cincuenta, en donde era posible que una compañía privada como la suya montara por ejemplo Macbeth. Nos supo a poco la intervención de María Jesús, y pensamos que su trayectoria merece un libro o un estudio especial. Y para acabar, mil felicidades Antonio por los 25 años de tus Jornadas.
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