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    29 Festival Mondial du Cirque de Demain - París

    Una experiencia circense en primera persona

     

    La vigésimo novena edición del Festival Mundial del Circo del Mañana de París se celebró del 31 de enero al 3 de febrero. Se trata de uno de los eventos anuales más esperados por los profesionales, aficionados y amantes del circo. Este festival, uno de los más antiguos de su género, fue concebido en 1977 por Dominique e Isabelle Mauclair, dos amantes del circo que, en medio de una crisis del circo francés, consiguieron reunir un equipo de voluntarios para organizar, por primera vez, un evento en el que las jóvenes promesas pudieran mostrar sus habilidades a un público entusiasmado y a un jurado de profesionales del gremio. Desde entonces un total de casi mil números han pasado por el festival.
    Este año el festival estaba dividido en dos programas: A y B. Ambos estaban presentados por Calixte de Nigremont, que como en ediciones anteriores del festival, entretenía al público con su ironía mientras los alumnos de la escuela de circo de Rosny-sous-Bois preparaban las necesidades técnicas del siguiente número. Además la orquesta del festival, dirigida por el compositor François Morel, daba el ritmo necesario al espectáculo.

    Homenajes y recuerdos

    Entre las novedades de esta edición destacaba la sustitución del clásico escenario circular propio del circo por un escenario rectangular elevado, que permitía una mejor visibilidad desde todos los ángulos de la gran carpa del Cirque Phenix. Habitualmente el festival se celebraba bajo el techo del circo estable Bouglione en París, pero ya desde el año pasado el festival ha cambiado de lugar, lo que ha permitido un mayor número de plazas disponibles a un precio más asequible, sobre todo para los estudiantes de las escuelas de circo, deseosos de asistir a este evento.
    Como todos los años, el festival homenajea a un país y su forma de hacer circo. Este año el elegido fue Francia. Además, esta edición estaba dedicada al difunto Paul Fratellini (hermano de la famosa payasa Annie Fratellini) que, año tras año, había ayudado al festival en su búsqueda de nuevos talentos a través del mundo.
    El jurado estaba formado por artistas de circo (entre otros Roseline Guinet, clown y fundadora de la compañía ‘Le Nouveaux Nez’); actores (el francés Rufus); directores de Festivales (Christian Poner, director del festival de circo de Domont) y directores de circo (Francesco Bouglione y Nikolay Kobzov), entre otros. Un total de catorce personalidades, que junto con el público, decidieron qué artista era merecedor de una medalla o de un premio especial.
    Se pudieron ver números de una dificultad técnica increíble pero con poca implicación artística (más bien propio del circo tradicional); números de ‘nuevo circo’ (con una propuesta más teatral), números de circo con un toque cómico y los clowns; plenamente dedicados a la comedia.
    Entre los números de alta calidad técnica estaban la Troupe de Suining, galardonados con la medalla de oro del Festival. Estos dos jóvenes chinos fueron capaces de sorprendernos con un número de equilibrios acrobáticos y verticales de altura, en el que uno de ellos, como parte final de su número, descendía las escaleras de una plataforma de unos tres metros con un solo brazo y volvía a subir con el mismo brazo.
    No menos sorprendente era el número de la también galardonada con la medalla de oro del festival, la Troupe Acrobática de Hebei. Esta troupe de adolescentes chinas realizaba un número impresionante a la vez que estético con la manipulación de paraguas chinos con los pies. Continuando con los galardonados asiáticos no hay que olvidar el jóven Wei-Liang Lin. Su número de diábolo, además de técnico, era una bomba de energía y buena presencia escénica.
    También destacaban los números de los rusos: Galina Kuzmenko y Alexandre Kulakov, ambos malabaristas de aros de alto nivel; Daria Khramstova que realizaba un número de trapecio con estética taurina y la troupe Garamov, increíbles trapecistas que volaban sobre el escenario.
    Otros números corrían no tan sólo con el riesgo que implica el circo en sí, sino un riesgo artístico. Por ejemplo, los componentes de la compañía ‘Le Carré Curieux’ , que participaron con un número de pelotas y diábolo en una propuesta teatral original e interesante; ‘Les 7 doigts de la main’ que presentaron una parte de su espectáculo ‘Traces’, (concretamente su número de mástil chino en el que los cinco artistas no paran de saltar de un lado al otro del escenario) o el ucraniano Sergii Tymofieiev con un número de verticales y contorsión.

    ¿Por qué no?

    Entre los participantes del festival que apostaban por la comedia estaba la familia Goldini, que hacían equilibrios acrobáticos, Morgan el malabarista que estaba siempre abierto a ‘jugar’ con el público, la compañía Hors Cycle que realizaba un dúo impresionante de bicicleta y monociclo en el trampolín o la pareja de portor coreano Morosof con una propuesta cómica a la vez que técnica. Y por último los entregados plenamente a la comedia: el holandés Goos; el trío suizo Starbugs, y yo; Rubén.
    Así es; no sólo tuve la oportunidad de asistir por primera vez como espectador al festival sino también participar como artista invitado. De hecho mi experiencia personal en el festival fue un poco extraña.
    Todo empezó cuando Claude Bordez, un escritor, crítico y, sobre todo, apasionado del circo, vino a hacerme una entrevista mientras mis compañeros y yo estábamos haciendo el espectáculo de fin de curso de la Escuela Nacional de Circo de Montreal en la Tohu (un circo estable que está al lado de la escuela): “entonces, Rubén, ahora ¿al festival del circo del mañana?”; y yo, sin pensarlo, dije: “¿por qué no?”.
    Antes de la entrevista ni siquiera me había planteado la posibilidad de participar al festival pero, desde entonces empecé a preguntarme si el número que había creado especialmente para mi examen de la escuela podía funcionar en un evento como este. Empecé a buscar información: qué debía hacer para ir y a quién enviar el video, pero no encontré ni la página web ni ninguna información al respecto.
    Pasados unos meses fue la misma organización del festival quien contactó conmigo a través de la escuela de circo. Llamé rápidamente al organizador y me dijo que si quería presentar mi candidatura para el festival, a lo que dije sí, aún sabiendo que no era totalmente seguro que fuese seleccionado.
    Estuve esperando un par de meses sin saber nada al respecto y con muy poca esperanza porque la fecha del festival se aproximaba y no había tenido noticias todavía; hasta que a tres semanas del comienzo del festival me dijeron que me habían aceptado.
    Allí fue donde empezó la gran duda; si ir o no ir, porque con tan poco tiempo no me sentía preparado para adaptar mi número y ni siquiera estaba seguro si iba a funcionar en otro contexto que no fuese el del examen final de la escuela. En ese momento estaba ensayando con el circo Starlight en Montreal para una nueva producción, por lo que no tenía todo el material que necesitaba para hacer mi número. Además, un compañero con el que trabajaba en ese momento presentaba su número de clown en el festival y tenía miedo que nuestra relación cambiase por culpa de una medalla.
    Después de consultar a amigos, familia, profesores e incluso al festival decidí que sería una buena oportunidad para presentar mi trabajo, darme a conocer, conseguir nuevos contactos y vivir una experiencia nueva.
    Una vez en París me sorprendió como los medios de comunicación anunciaban el festival: “los juegos olímpicos del circo han comenzado…” o “que gane el mejor…”. Afortunadamente entre los artistas y la organización no había este sentimiento de competición. Incluso todo lo contrario, fue un reencuentro entre artistas, algunos que ya conocía de otras ocasiones. Lo que sí se sentía era la presión que todos los artistas teníamos encima, algo normal, porque muchas personas del gremio del circo venían a ver nuestro trabajo y además, varias televisiones de diferentes partes del mundo grababan el festival.
    Otra cosa que me sorprendió fue ver que había más números de circo tradicional de lo que pensaba. Siempre había pensado que cuando nombraban el festival como “el circo del mañana” se referían a nuevo circo, pero no; se refieren más al hecho de que los participantes tienes menos de 25 años (excepto los payasos; que pueden participar hasta los 30 años).
    Finalmente mi número funcionó bien. Tal vez no era el número que me hubiera gustado presentar en un festival como este pero estoy contento de haber participado de todas formas. No he tenido ningún premio; y ni siquiera he conseguido nuevos contactos pero ha sido una experiencia de la que he aprendido.
    Así que si sois amantes el circo, ya sabéis que tenéis la buena oportunidad de ver circo del bueno (ya sea tradicional o nuevo circo) cada año en Paris, a finales del mes de enero (o si sois artistas de circo la oportunidad de participar… ¿por qué no?).

     

    Rubén Martín

     

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