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Artez abril 2008
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    Gente de palabra: Entrevista con Légolas



    “Contar es el arte de encontrarte con el otro aquí y ahora”

     

    Virginia Imaz

    Légolas, colectivo escénico compuesto por Manuel Castaño Crespo, Carmen F. Calvet y Juan Alfonso Belmontes, siempre ha mantenido varias líneas de trabajo, donde ha ido investigando y probándose a si mismo en diferentes lenguajes escénicos y de comunicación. La filosofía de trabajo se basa en el juego como herramienta creativa y en ponerse al servicio de la historia que quieren contar. Con especial dedicación en los niños, usan títeres, actúan en calle, a veces en clown, narran historias… Desde hace unos once años se han sumergido en la narración oral escénica y se ponen a prueba con la gestión de eventos culturales, como la organización, cada abril desde el 2003, del Festival de Narración Oral Palabras en la Calle dentro del programa Abril de Cervantes-Festival de la Palabra en Alcalá de Henares. Recientemente, en noviembre de 2007 estuvieron invitados a narrar en México, en el Forum Universal de las Culturas de Monterrey y en el Festival un Madrid de Cuento. En ámbitos pedagógicos y bibliotecarios son reconocidas su trayectoria en animación a la lectura.

    ¿Qué es contar para vosotr@s?
    Contar es el arte de encontrarte con el otro en el aquí y en el ahora. Contar es ofrecer algo que llevas por dentro, que palpita tan rápido, o brilla tan­to, o es tan dulce que quieres compartirlo. Dejando aparte el lado sentimental, contar es en la mayoría de los casos ponerte al servicio de la historia, estudiarla mucho para encontrar la mejor forma de comunicarla e intentar hacerlo de la forma más digna posible. No me cuento a mí mismo, en parte soy un instrumento entre el cuento y el público.

    ¿Cómo se hace esto de contar en grupo?
    En nuestro caso ha sido algo que se ha fraguado lentamente, como una necesidad a la que hemos dejado crecer. Por eso no nos ha costado grandes esfuerzos llegar a contar a varias voces. Empezamos contando cada uno su cuento y poco a poco las voces y los alientos se fueron encontrando. Ahora no concebimos los cuentos en una sola voz. De hecho, cuando alguno de los tres tiene que contar solo los cuentos creados o trabajados en grupo se siente raro, como cuando te falta algo, y es que realmente es así.
    Contar a varias voces sólo se consigue a base de ceder, de confiar cuando no ves claro lo que el otro propone, y manteniendo tu criterio cuando lo tienes clarísimo. Después hay una parte técnica que trabajamos para crear una voz común. Por eso no resulta tan importante la visión personal del narrador sino la del colectivo, el grupo de personas que reúne fuerzas e imágenes ante una historia y ante un público.

    ¿Cuánto tiempo lleváis contando profesionalmente?
    Aunque nuestros comienzos llegan a 1991 (diecisiete añazos ya) empezamos a contar con verdadero compromiso hacia el oficio hacia 1997 en Alcalá de Henares.

    ¿Cómo fue que comenzasteis?
    Por puro azar. Como hacíamos talleres de juego dramático y expresión corporal, nos encargaron dinamizar una biblioteca y presentar un proyecto de animación a la lectura. Desde el principio tuvimos claro que el cuento y contar historias tenían cabida junto al teatro leído o al títere en ese espacio. Los inicios fueron dubitativos, experimentales, llenos de pasos en falso y de éxitos que no sabíamos muy bien a qué respondían. Después vino la reflexión y el compromiso con la profesión. El cuento nos enganchó porque vimos que era una forma de reunirnos con el público muy sencilla, muy de cerca y muy frecuente.

    ¿Un narrador/a nace o se hace?
    Un narrador nace porque le nacen las ganas de contar. Después se hace a base de técnica y sobre todo a base de sesiones. En una ocasión te escuchamos decir, a ti Virginia, que en el mundo del clown se habla de horas de nariz pues en esto del cuento deberíamos decir algo parecido, cuanto más cuentas, cuantas más horas de cuentos tienes a tus espaldas, más coges el tono, más se va fraguando tu forma, tu estilo propio.
    Pero también están los que debieron caerse en la marmita de pequeños como Obélix y esto de narrar les sale de forma natural. A nosotros nos da mucha envidia porque no somos de esos desde luego.

    ¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación?
    Ya hemos dicho que la mejor formación es contar y contar. Y no encasillarse al contar, si no, no aprendes más que a copiarte.
    Algunos narradores o narradoras comparten sus conocimientos con los que quieren iniciarse en este mundo a través de cursos o talleres, sin embargo, en nuestra opinión estas experiencias son buenas sólo para empezar a coger el idioma de la narración, los códigos o el lenguaje en que nos movemos. Alguna vez lo hemos hecho y siempre decimos que se trata de abrir puertas y que cada uno tendrá después que buscar su voz o su aliento propio. Pensamos que quizás es bueno formarse en campos que te puedan ayudar a narrar indirectamente (creatividad, improvisación, escritura lúdica, expresión dramática, laboratorio de cuentos, incluso clown,) para conformar poco a poco ese estilo propio como cuentista.

    ¿Para quién preferís contar? (edades, espacios, idiomas)
    Cuando llevamos muchas sesiones infantiles echamos de menos las de adultos, y viceversa. Sobre todo porque las historias cambian (no todas) de uno a otro y no te apetece dejar de lado parte del repertorio mucho tiempo. Cada público te ofrece un ambiente distinto, para adultos suelen ser sesiones en cafés, donde sabes que se sufre pero el ambiente es cálido y los chavales en las bibliotecas, lugares fenomenales si hay buenos bibliotecarios.

    Y ¿Qué tipo de historias? (de tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor)
    Pues las que surjan en cada momento. Cada sesión que montamos nos pide un tipo de cuento. Y en ese sentido son las historias las que afloran vengan de donde vengan, de la tradición oral, de la creación propia o de autores. Y tengan el sabor que tengan, de humor, de amor, tristes, alegres, irónicas…

    ¿Cuál es la ‘cocina’ de vuestras historias? ¿Cómo os preparáis o preparáis la historia para contarla?
    Primero la historia debe seducirnos y encajar en el cuerpo de la sesión porque solemos ir con sesiones temáticas (sobre todo para adultos). Para cada sesión los cuentos deben mostrar puntos de vista complementarios y diversos. Luego sacamos el esqueleto del cuento para conocer el camino y no perdernos. La última parte consiste en analizar las posibilidades técnicas del cuento para encajar las varias voces que lo van a contar. Pero aún así, hay historias que no sabes por qué pero te han impregnado tanto en la primera lectura que ya sabes como contarlas y que te van a acompañar para siempre.

    ¿Cuales son para vosotr@s las condiciones ideales para contar? (espacio, número de asistentes, edades, luz, ruido...)
    Bueno depende, para cafés, pubs, etc… un grupo de 50 o 60 personas, en un lugar de luz controlada y cálida, donde hayas podido saludar a la gente al entrar, donde alguien te presente como si de viejos amigos se tratara y donde ese alguien además se preocupe por recordar las poquitas normas indispensables que necesita un narrador para hacer su trabajo. ¡Y sin móviles!
    En las bibliotecas y en sesiones para público familiar esto mismo pero recordando a los adultos que cada niño o niña tiene su umbral propio de escuchar historias y que no es necesario ‘aguantar’ hasta el final porque el placer de escuchar se pierde.

    Contar ¿arte, tradición, terapia, instrumento pedagógico... ?
    Es un arte escénico. El resto son ‘daños colaterales’, puede servir para animar a leer, para entretener y divertir, como instrumento pedagógico y de transmisión de valores y hasta como terapia y no sólo para el que escucha. Es cierto que desciende de una tradición ancestral, pero se hace aquí y ahora y eso es arte.

    Contar con aliados ( música, dibujos, títeres, objetos...)
    Nosotros participamos de la idea oída a Eugenia Manzanera de que el narrador crea un entramado de imágenes para contar. Hace visualizar lo que pasa. A veces echamos mano de objetos si creemos que pueden ayudar a crear esas imágenes. Nuestros comienzos fueron en el teatro y por eso arrastramos muchos amaneramientos de este otro arte, pero también del tiempo que trabajamos el títere nos han quedado códigos e imágenes, o del tiempo que hicimos teatro de calle nos ha quedado la frescura y la capacidad de improvisación. Y por supuesto, como a tantos otros narradores y narradoras, tenemos varios cuentos que nos gusta contar con libro.

    Sobre la animación a la lectura.
    Desde luego hay mucho campo en este sentido y siempre nos queda la curiosidad sobre si los chavales que nos sufren acaban descubriendo algún libro que les seduzca. Los cuentos pueden ayudar si los padres y las madres aprenden a reconocer las buenas historias de los subproductos editoriales. Y en ese sentido nos permitimos recomendar libros cuando contamos. Cuando realizamos talleres de animación lectora nuestro objetivo fundamental es que el primer acercamiento de los participantes a una historia sea siempre de forma lúdica, juguetona, amena… muchos recordamos que nuestro primer acercamiento al Quijote fue una imposición que no disfrutamos. Si pasado el tiempo se vuelven a encontrar con la lectura de alguna de las obras que trabajamos en un taller, el recuerdo será bueno y la disponibilidad a leer mayor.

    ¿Cómo veis este oficio de vivir del cuento en la actualidad?
    Carente de espacios en varios aspectos: espacios físicos, ya que salvo algún que otro festival donde la narración comparte escenarios de otras artes como los teatros, en general la narración oral, considerada en el mejor de los casos arte menor, como los títeres o el teatro infantil, se ve relegada a cualquier sitio, al todo vale. Falta un espacio administrativo perfectamente reconocible y dignificador de la profesión, ya que en la agencia tributaria no aparecemos, y aquí cada uno se registra en el epígrafe que puede como autónomo (cómico, caricato,…) o con la estructura que un gestor le da a entender, asociación cultural, sociedad limitada, sociedad laboral, etc. Y finalmente nos falta un espacio de identidad. ¿Quiénes somos? ¿qué hacemos? Tenemos una identidad confusa, incluso entre nosotros mismos, los narradores y narradoras no nos ponemos de acuerdo, este es tema de discusión y debate en los encuentros que celebramos, en los foros, etc. Y esta es la razón por la que ahora compartimos nombre con otros muchos intereses o interesados (pseudobohemios, actores buscándose la vida, pedagogos, oportunistas, animadores, “cuentiflautis”) que no siguen la sencilla regla de estar comprometidos con el cuento como arte escénico.

    Como gremio, ¿cuáles serían nuestras prioridades en vuestra opinión?
    Es importante asentar nuestra imagen de cara a la sociedad. Para ello necesitamos espacios donde oír cuentos como cualquier arte escénico maduro. Necesitamos de críticas para poder mostrar que no todo vale. Los programadores deben “educar” al público mostrando la pluralidad de estilos. Y los narradores del oficio debemos trabajar para mostrar espectáculos cuidados y profesionalidad antes y durante la sesión.

    Anécdotas de cuentacuentos.
    Dos anécdotas, una con niños y otra con adultos. En un cuento preguntamos a los chicos “¿Y sabéis porque las chicas no entran en el servicio de los chicos?” y una chica respondió a voz en grito “porque se les ve el pene”. Nuestra respuesta era ”porque huele mal”.
    Al principio de nuestra existencia como narradores al terminar una sesión en un café de Santiago de Compostela una señora se acercó y nos dijo que lo que más le había gustado de toda la sesión había sido “el momentiño”. Se refería a que tras una sesión desternillante y movida al final del todo, el último cuento había sido de esos para degustar despacio, y que a ella le había sabido a beso de buenas noches. Aquello nos encantó y nos reveló lo que estábamos haciendo sin haberlo meditado antes. Decidimos que en la medida de lo posible, en los espectáculos de adultos, nos despediríamos siempre con un momentiño.

     

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