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'El zoo de cristal’ de Tennessee Williams
Las miserias cotidianas de
una familia venida a menos
Obra:
El zoo de cristal .
Autor: Tennessee Williams.
Intérpretes: Tania Lafuente, Javi García, Eduardo Ruiz, Begoña Baena, Juan Luis Mendiaraz.
Escenografía:
Miguel de Lózar.
Iluminación: Fernando Serrano.
Música: Rubén Romero Pascual.
Dirección: Begoña Baena.
Producción: Compañía de Teatro de Begonia Baena.
Duración: 90 min.
Lugar: Zelai Arizti Aretoa - Urretxu-Zumarraga.
Fecha / Hora: 2 de mayo / 22.30
Lugar: C. C. Palacio de la Audiencia - Soria - Red de Teatros de Castilla y León
Fecha / Hora: 6 de mayo / 20.30 |
La compañía que dirige Begoña Baena se ha basado en la última traducción de la célebre obra de Tennessee Williams
Una pieza que se ha convertido en “un hito del teatro universal del siglo XX” y cuyo autor, Tennessee Williams, “conoce el alma humana como nadie” son algunas de las razones que han llevado a Begoña Baena, directora de la Compañía de Teatro de Begonia Baena, para afrontar la puesta en escena del texto El zoo de cristal y convertirlo en un espectáculo que se estrena en el teatro guipuzcoano Zelai Arizti de Zumarraga y Urretxu. Para producir esta pieza escrita por un autor al que Baena define como “el Shakespeare del siglo XX”, la compañía soriana ha recurrido a una nueva traducción realizada por Amado Diéguez y publicada el pasado año, a partir de la cual ha realizado su propia adaptación con la pretensión de “dotarla de ligereza y del ritmo que requiere la historia”. La versión que ha realizado Diéguez es, en opinión del actor Juan Luis Mendiaraz, “la que tiene una mayor actualidad y un castellano más adecuado de las diferentes versiones que hemos leído”.
Esta pieza autobiográfica, a caballo entre el drama y la comedia, en la que el escritor “habla de sí mismo y de su familia, de la memoria y de los recuerdos de su propia vida”, es un fiel reflejo de las vivencias de Williams, cuya existencia estuvo determinada por las vicisitudes que padeció su hermana Rose, a quien le diagnosticaron una esquizofrenia que desembocó en una paranoia, por lo que sus padres autorizaron una lobotomía que la dejó incapacitada. La representación, por su parte, presenta la historia de una familia del Sur venida a menos y su desesperada lucha por sobrevivir, en la que cuatro personajes encerrados en un piso desnudan su fragilidad, temores y frustraciones a través de unos diálogos cargados de ironía.
La madre, Amanda, añora un pasado más esplendoroso de cuando era “una niña mimada y rica” que ahora se ve obligada a luchar para arrancar a sus hijos del letargo, por lo que intenta empujarles hacia un futuro que ella cree más seguro. Esas ilusiones condicionadas por sus valores tradicionales, para por intentar conseguir un futuro más ambicioso para su hijo Tom mientras que el objetivo para su hija Laura es lograr que contraiga matrimonio. Tom es el encargado de mantener a toda la familia con los cuatro duros que recibe por su trabajo en un almacén de calzado, y se pasa las noches en el cine y escribiendo poesía, mientras que Laura, “una chica coja, tanto psicológica como físicamente, y extremadamente tímida”, se refugia en el mundo protector de sus figuritas de cristal. Jim, por último, es el catalizador del drama y el pretendiente soñado para Laura.
Aunque la producción mantiene la esencia de una obra que supuso para Williams el inicio de su reconocimiento como dramaturgo, la adaptación realizada por la Compañía de Teatro de Begonia Baena incluye como novedad más destacada la ubicación en el escenario de dos actores que dan vida a Tom, uno de ellos en edad adulta y el otro en su juventud. “Hemos hecho algo que no está en ninguna parte porque hemos desdoblado ese personaje, lo que nos ha parecido más oportuno porque ello nos permite mostrar a un Tom adulto y a un Tom joven. No tiene ningún sentido que un actor diga “voy a hablaros de mis recuerdos...” mientras el público observa que quien aparece en escena es un jovencito”.
Sonido de cristal
Además de esa aportación encaminada a incrementar la “verosimilitud” de la puesta en escena, Baena ha optado por suprimir algunos de los monólogos para dotar a la historia creada por Williams del ritmo deseado y por dar absoluta preeminencia a la labor actoral por encima de los artificios. Baena asegura que “a mi lo que me interesa es la interpretación por encima de todo porque, para mí, el texto lo es todo. Me gusta que todo lo demás resulte ligero; que flote” porque los elementos escenográficos que se han incluido en la puesta en escena están justificados “porque los pide el espíritu de la obra”.
La labor de adaptación realizada se plasma también en la ubicación de la pieza de una época que “puede ser la actual”, para lo que se han decantado por “cuidar los detalles escenográficos” en aspectos como el mobiliario que utilizan los protagonistas y que muestra de forma evidente “los restos de un naufragio de una familia que fue más pudiente pero que se ha venido a menos”.
La propuesta que dirige Baena, sin embargo, concede una importancia destacada tanto a la música como a la iluminación “que son cuestiones que cuidamos muchísimo y a los que concedemos más importancia que a la escenografía”. De hecho, tras haber contado con Pascal Gaigne para que creara la banda sonora de su anterior espectáculo, ‘Tras el amor’, en esta ocasión han optado por las piezas ideadas por Rubén Romero Pascual, a quien Baena define como “un pequeño genio”. La directora recurre a una metáfora para explicar las creación de Romero y asegurar que “sus precisas notas suenan a cristal”, al tiempo que remarca la importancia que la música tiene en los espectáculo de la compañía ya que permiten “crear el clima adecuado para cada nueva creación que presentamos”.
La vigencia de la primera obra que estrenó el dramaturgo norteamericano, está justificada porque “me parece que las nuevas generaciones no tienen ni idea de quien es Tennessee Williams y eso que se trata de un autor cuyas obras se están montando ahora mismo en todo el planeta”, apunta Baena, que sostiene que El zoo de cristal es “una pieza que está llena de humanidad y en los espectadores surge la empatía con los personajes porque, además, hemos eliminado el ‘cristal’ que separa a los actores y al público, con lo que llegan las emociones y hay una retroalimentación”.
Joseba Gorostiza
| Exprimiendo el texto al máximo. Para llevar a escena El zoo de cristal, la Compañía de Teatro de Begonia Baena ha contado con la colaboración de “un amigo americano aficionado al teatro, que ha permitido profundizar y terminar de extraer el jugo que tiene la obra original de Tennessee Williams”, según destaca el actor Juan Luis Mendiaraz. La obra de uno de los dramaturgos y escritores estadounidenses más destacados del siglo XX, que fue el precursor del realismo psicológico norteamericano y que supo plasmar con una sutil y tórrida profundidad el desamor, las represiones sexuales, raciales y sociales de ese mundo cruel y perverso, presenta “un pequeño defecto” al incidir la pieza en “la representación de un hecho que sucedió con anterioridad”, y que es narrado por el protagonista, lo que la compañía ha resuelto con la puesta en escena de un Tom adulto que recuerda unos hechos que serán protagonizados por un Tom más joven. |
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