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El magno festival en Bogotá
de Fanny Mikey
A veces, ea el evento se leía “El más grande festival de Hispanoamérica”. En otras ocasiones se anunciaba como “El más grande festival del mundo”. No vamos a entrar en juegos tipo Record Guinness. Lo cierto es que a lo largo de nuestra larga vida de espectador de festivales, nunca habíamos asistido a una cita teatral tan grande, bien organizada, y con criterios tan bien definidos. En el número anterior de Artez, Mariló Rincón se refirió con gran penetración y capacidad de síntesis a los tres festivales que más o menos coincidieron en Bogotá. Nos concentraremos en el llamado Festival Iberoamericano de Teatro que tuvo lugar entre los días 7 y 23 de marzo de este año. Nuestra colega, por lo que deducimos, alcanzó a ver la primera parte. Por tanto analizaremos los espectáculos a los que no se ha hecho mención en estas páginas.
Habíamos tenido la ocasión de ver en nuestros festivales del estado español algunos de los espectáculos presentados en la sección internacional, como fue el caso de ‘Gaviota: tema para un cuento corto’ del brasileño Enrique Díaz. En el fondo, se agradecía mucho porque así se alcanzaban a ver propuestas nuevas. Destacaríamos por su última calidad el gran trabajo ‘Un poema ridículo’ del extraordinario director Kama Ginkas, uno de los más reputados creadores de Rusia. Partiendo del capítulo “El gran inquisidor” de la novela Los hermanos Karamazov de Dostoievski, Ginkas logró una propuesta fascinante en donde se planteaban abiertamente los grandes temas que atenazan al ser humano. Los actores eran absolutamente extraordinarios y el decorado sólo se limitaba a ser funcional. Todo el conjunto y la puesta en escena iban a servir un texto admirable, a priori nada teatral si aplicamos los criterios habituales del teatro aristotélico, pero llevado a cabo con una fuerza y con una valentía narrativa fuera de serie. En otras palabras, trabajo de un gran Maestro.
Algo parecido ocurrió con el gran texto presentado por Olivier Py, ‘Epístola a los jóvenes actores para que la Palabra sea devuelta a la Palabra’. Por fin el Odéon-Théâtre de l’Europe tiene al frente un creador capaz de todas las provocaciones con el mejor sentido del riesgo y de la aventura. Un director de escena que además de decir cosas importantes sabe cómo decirlas. Aquí también la escenografía no pretendía más que servir el verbo. Nos enfrentamos a un texto importante que expresa las grandes líneas del pensamiento teórico teatral de este inicio del siglo XXI. Alguien, por fin, tenía que decir lo que Py se atreve a plantear sobre la necesidad de que el pensamiento vuelva al teatro y de que éste sea de nuevo el templo de la palabra. El espectáculo contó con dos actores de primerísimo nivel, John Arnold y Samuel Churin.
Señalaríamos de manera muy especial, por el gran trabajo de puesta en escena, ‘Celebración’ de Chela De Ferrari con la compañía Teatro La Plaza Isil de Lima. Hemos visto cuatro puestas europeas de esta obra basada en la película Festen pero ninguna tan acabada, matemática, bien actuada y sabiamente bien explicada como la que señalamos.
En el nivel de la danza habría que destacar ‘Ekodom’ de Israel, con un creador absolutamente original y personal, Rami Be’er, que sabe recoger las enseñanzas de Harold Kreuzberg y Pina Bausch. Las luces fueron prodigiosas y sugestivas. Se habló mucho en Bogotá y con grandes elogios de ‘Cimbelino’, de la Royal Shakespeare Company junto con Kneehigh Theatre. Asimismo, habría que señalar el gran éxito obtenido por ‘Barroco’ de Tomaz Pandur con Blanca Portillo que fascinó a los bogotanos.
Pero nos urge hablar de la aportación colombiana. El nivel medio de las producciones del país fue extraordinario y se presentaron trabajos de gran capacidad creativa, como por ejemplo el de la compañía de la Fundación L’explose, La mirada del avestruz, donde pudimos descubrir a un gran creador llamado Tino Fernández. Habrá que seguir atentamente su trayectoria.
Por otra parte, el texto ‘Pinocho y Frankestein le tienen miedo a Harrison Ford’ de Fabio Pubiano, poseía un altísimo interés. Un autor que juega fuerte, que nos presenta una mirada sobre la infancia absolutamente original, y que nos resultó una especie de complemento latinoamericano a la admirable ‘El despertar de la primavera’ de Wedekind.
También destacaríamos la excelente puesta en escena de Adela Donadío con ‘El pánico’ de Rafael Spregelburd. Para acabar, recordamos el encanto del circo Déjà Vu, la ambición de la ‘Electra’ de Farley Velásquez, y el arriesgado ‘Ricardo III’ de Carlos Sepúlveda, el espléndido ejercicio de estilo de ‘Ansío los Alpes: Así nacen los lagos’ de Händl Klaus con dirección de Heidi y Rolf Abderhalden, en uno de los espacios teatrales más bellos que hemos visto nunca: Mapa Teatro.
Constituyó para nosotros una revelación ‘El solar de los mangos’ de Orlando Cajamarca, por la solidez dramatúrgica y valentía denunciatoria de su propuesta. Y, a otro nivel, el de análisis de la propia historia de Colombia, un texto y una propuesta insólita como fue ‘Fernando González Velada Metafísica’, de Cristóbal Peláez. Un trabajo realmente admirable a todos los niveles porque se valora a un pensador maldito del país. Y esta operación (recupero) se llevó a cabo con una gran calidad interpretativa y con una marcada originalidad en la visualización escénica.
Y con todo esto sólo hablamos de una ínfima parte. Simplemente, lo que lleva a cabo la gran Fanny Mikey resulta absolutamente extraordinario por su grandeza y por la última capacidad de gestión empresarial.
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