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Gente de palabra: Arnau Vilardebò
“Cuanto más controlo, más sensible soy a la atención del público”
Arnau Vilardebò, (Barcelona 1949) Actor, autor y productor teatral. En 1972 debutó profesionalmente con El temps escènic de Joan Brossa. Fue uno de los actores encarcelados por el caso de la obra La Torna (1977) de Els Joglars. En el campo de la producción teatral fundó en Barcelona en 1984 la Marató de l’Espectacle, entre 1999 y 2004 organizó la muestra de narradores escénicos Des de la paraula / Festival de la Paraula/Mots en el Mercat de les Flors de Barcelona y en otros espacios . El año 1995 recibió el premio “Sebastià Gasch d’Arts Parateatrals” y entre 1998 y 2004 fue presidente de dicho jurado. En su repertorio actual figuran espectáculos de humor sobre la mitología y Ciencia infusa con Jesús Alonso, un espectáculo de humor sobre lo cierto. Actualmente está preparando un disco de canciones propias. Desde hace 22 meses hace temporada en el Café Teatre El Llantiol y en la Ruqueria Querubí, de Barcelona.
¿Te consideras narrador, actor, showman...?
Prefiero llamarme a mí mismo artista escénico. Narro, actúo, me encanta hacer de presentador. Toco el timple. Canto y grabo mis propios temas. También construyo elementos escénicos. Acabo de hacer dos cuervos enormes para narrar el nacimiento de Asclepio, el patrón griego de la medicina….
¿Qué es contar para ti?
Es crear un clima de complicidad con la gente que escucha para que puedan entrar en los valores y en el humor de las historias que cuento. Cuando la gente se ríe en mis espectáculos es que han entendido algo.
¿Cuánto tiempo llevas de charlatán profesional?
En el mundo del espectáculo desde 1972 y en la narración desde 1995
¿Cómo fue que comenzaste?
Yo hacia de actor al uso, teatro, cine, televisión. Pero un día me planteé un espectáculo propio. Admiraba la imagen del saxofonista que con un ligero equipaje puede irse a, por ejemplo, Nueva York y vivir. Empecé a leer de todo pero hasta que no di con la mitología griega no encontré mi principal fuente. Un amigo, Cristian Atanasiu habló de mí a los de La Carátula de Elche, actué en su festival y aquel verano ya viajé a Colombia.
¿Crees que un narrador/a nace o se hace?
En mi caso: se hace. Admiro mucho a los que tienen buenas neuronas relacionadas con el lenguaje. No es mi caso. Yo era bastante tartamudo de pequeño. Admiro a los que familiarmente han recibido el don de la palabra y de la observación. Sobre todo este último.
¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación?
La mejor escuela debería ser la vida misma. Viviendo aprendes a proyectar tus visiones en tus observaciones pero también en las historias que lees. Si eres capaz de contar bien algo apasionante de tu vida, triste o alegre, ya tienes la pauta para otras cosas. Se ve rápido cuando un narrador no entiende la historia que cuenta. O si en lugar de ver imágenes, ve palabras. Y creo que se debería ser más avaro dando clases. ¡O cobrarlas carísimas! El mercado se llena, por oleadas, de competencia de personas que no tienen un punto de vista personal. Es lo que más me aburre. Y hay que ver la mala influencia que han tenido las películas dobladas en muchos narradores. Soplan sobre el habla para parecer más cálidos o sugerentes. Es un defecto que han recogido especialmente las mujeres.
¿Para quién prefieres contar? (Edades, espacios, idiomas )
Me interesa el público adulto. Pero la presencia de niños y niñas entre el público es muy buena. Lo ideal es una sesión convocada para adultos en la que dejan entrar a los niños. Incluso es lo mejor para éstos. Entienden unas cosas e intuyen otras por la reacción de los mayores. Es la mejor manera de aprender …y de formar futuros espectadores. Yo hago mis espectáculos en catalán, español, francés, inglés e incluso en portuñol. Cada vez que cambio el idioma se me revelan matices y gags nuevos. Estuve en un festival de Gales y se reían de lo mismo que aquí.
¿Qué tipo de historias prefieres contar? (De tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor?)
Yo, aparte de algún cuento personal y alguno para convenciones empresariales siempre cuento mitología griega. Allí puedo proyectar mi visión del mundo. Tiene la ventaja que, de hecho, los mejores libros de mitología son diccionarios. Hay mucho margen para imaginar.
¿Cuál es la ‘cocina’ de tus historias? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla?
Leo y releo mucha mitología. Pasa un tiempo y de repente llega un motivo, un suceso público o personal, o un objeto, que centra la idea de espectáculo. Entonces el proceso para tener la historia lista es rápido.
¿Cuales son para ti las condiciones ideales para contar? (Espacio, número de asistentes, edades, luz, ruido...)
Me encantan tanto los espacios grandes, incluso enormes, como los pequeños. En cada uno de ellos hay una táctica específica para poder controlarlos. Siempre se trata de estar atento a la globalidad del público. Hay que lograr ver los ojos de todos ellos. Me encanta el espacio escénico y me gusta usarlo todo. Cada posición aporta algo específico a la representación. Lo curioso es que cuanto más controlo, más sensible soy a la atención del público. ¡Incluso me afecta el lenguaje corporal del público! En un pub me tengo que currar la cosa para que no me miren de lado que es lo que provoca las mesas redonditas.
Contar, ¿arte, tradición, terapia, instrumento pedagógico...?
Contar es arte. Y también lo que los demás piensen.
Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...)
Introduzco objetos cuando no hay otra manera posible de que el público siga la historia sin perderse. Sólo en este caso. Y en todo caso me gustan los objetos banales. Yo uso juguetes y objetos cotidianos. De momento no deseo trabajar con títeres específicamente construidos para la ocasión. Los cuervos que acabo de hacer rezuman reciclaje. También soy muy austero con la música. Y en todo caso todas mis historia se pueden contar aunque un día falle el aparato de música.
¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad?
En Catalunya no es fácil. Pero me resisto a aceptar actuaciones para niños sólo como medio de supervivencia y me resisto sobre todo a dar clases. Es un oficio maravilloso para poder viajar a muchos lugares.
Como gremio, ¿cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión?
Entender que pertenecemos al mundo escénico. Los estilos varían pero siempre hay espectadores y personas que actúan. Prefiero la narración: por lo menos somos capaces de saludar antes de empezar. Lo de la cuarta pared del teatro me parece anacrónico. Y el gremio que no se queje del intrusismo si crea tantas expectativas dando clase a gente que trabaja de otras cosas y que se apunta, si hay ocasión, a actuar por muy poco dinero. Y una colleja a los colegas: “antes o después dirás al público de quién es el cuento”.
Anécdotas de escena...
Una vez actué con mi espectáculo TAURO delante de unas 1200 personas en Colombia. Es uno de los espectáculos en los que uso objetos pequeños. Les encantó. Pues bien, el otro día en el Llantiol de Barcelona, delante unas 25 personas hubo una espectadora que me escribió con la queja de no veía bien los muñequitos. Y es que en Colombia tienen muy bien desarrolado el deseo de escuchar.
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