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III Festival de Teatro Clásico en la Villa del Caballero - Olmedo Clásico
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Tres maneras de acercarse a Calderón
‘Casa con dos puertas mala es de guardar’, ‘La devoción de la cruz’ y ‘Las manos blancas no ofenden’, forman la oferta calderoniana
Calderón de la Barca estará presente por partida triple puesto que se representarán Las manos blancas no ofenden, Casa con dos puertas mala es de guardar y La devoción de la cruz. Del poeta y dramaturgo del Siglo de Oro se dice que toma su apellido porque al nacer parecía que estaba muerto y para comprobar si esto era cierto, lo metieron en un caldero de agua caliente, y al entrar en contacto con el líquido comenzó a llorar. En su larga trayectoria ha escrito piezas tan conocidas y aclamadas como ‘El Alcalde de Zalamea’, ‘La vida es sueño’ o ‘La dama duende’. Pero en este caso no será ninguna de estas las que se puedan ver en los escenarios de Olmedo.
La compañía Manuel Canseco Producciones presentará Casa con dos puertas mala es de guardar con dramaturgia de Juan Antonio Castro y bajo la dirección de Manuel Canseco. La obra es una comedia de enredo y de burlas, es uno de los textos de Calderón de la Barca en los que busca la complicidad con el público para divertirle. El título pone ya de relieve que se trata de un vaudeville clásico, en el que queda plasmado el Calderón divertido, irónico y lúdico, con una muy buena estructura teatral. La versión de Castro pretende entrar dentro de la obra y desde ahí burlarse de la burla del teatro. La propuesta muestra a Félix que invita a su casa a un antiguo amigo, Lisardo, y para no dejar lugar a las habladurías, hace que su hermana Marcela se retire a un cuarto oculto para que no vea ni sea vista por su amigo. Pero la curiosidad de Marcela hace que ésta salga al camino por el que pasa Lisardo todos los días, y así conocerle sin mostrar su rostro, y sin desvelar su nombre.
Por otro lado, Félix pretende a Laura, una amiga de su hermana, a la que Marcela visita para que le preste su casa para verse con Lisardo, pero cuando ambos jóvenes están hablando vuelve el padre de Laura, quien a su vez pretende a Marcela, antes de lo previsto y han de esconder al joven para que no sea sorprendido. De esta manera el padre de Laura y es quien acompaña a Marcela a casa. Cuando parece que todo se ha calmado y están a punto de sacar a Lisardo de su escondite, llega Félix y piensa que Laura tiene un amante escondido. Este equívoco es la base de la comedia en la que las mujeres son las que llevan la iniciativa, sirviendo las puertas, tanto de la casa como de los cuartos, como base de ese vaudeville de época. Como es de prever, la obra acaba bien, y caballeros y damas acceden a casarse al haberse aclarado los malentendidos.
De Palacio
Otra de las obras de Calderón de la Barca, La devoción de la Cruz, será representada por la compañía Cámara Negra, dirigida por Carlos Álvarez - Ossorio. La devoción de la cruz es un drama religioso en tres actos, que Calderón denomina como jornadas, y que trata temas como el amor, el engaño, la privacidad de la libertad y el dudoso parentesco. El personaje principal del texto original es Eusebio, asesino de Lisardo y pretendiente de Julia. Su devoción por la cruz, la cual lleva grabada en el pecho, lo salva de morir, y reconoce en Julia a su hermana y en Curcio a su padre.
La obra ha sido versionada en holandés, Albert Camus la adaptó al francés, y cabe destacar los montajes que Meyerhold hizo del texto en 1910 y 1912. En ella se da un tono shakesperiano con reminiscencias del ‘Rey Lear’, ‘Tito Andrónico’ o ‘Romeo y Julieta’. La compañía quiere potenciar todos estos aspectos en su versión, aspectos cercanos también al Teatro de la Crueldad de Artaud, junto con lo que es característico de Pedro Calderón de la Barca, como es su estilización hacia el auto sacramental, su carácter ritual y simbólico. Cámara Negra centra la trama en los cuatro personajes principales de la obra, el padre y los tres hijos, convirtiendo de esta manera la historia en una tragedia familiar e intimista, utilizando una dramaturgia cercana a la que la propia compañía utilizase en su montaje de Shakespeare, ‘Otelo’.
Cabe destacar que en 1892, El Correo Nacional de Bogotá, calificó esta obra de Calderón como inmoral, lo que da una idea del potencial subversivo de la misma, que en apariencia es piadosa. Esto lleva a la compañía hasta el centro de su propuesta, en la que se encuentra la problemática del Tótem y el Tabú, tal y como la planteó Freud.
Por último, la tercera obra que se podrá ver de Pedro Calderón de la Barca es Las manos blancas no ofenden, que será llevada a escena por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, de la cual se ha encargado de versionar y dirigir Eduardo Vasco. El montaje es una comedia elegante y descocada, efectiva y arriesgada, en la que Calderón utiliza algunos de sus trucos dramáticos más efectivos como el accidente en el río, que se da por partida doble en este caso, el travestismo, que será doble también, el pretendiente sin recursos que confunde amor con interés, la dama abandonada que persigue al amante ingrato, la pretendida por todos que no se decide, los paralelismos de todo tipo, la música dentro de la escena, y un sinfín de características más. Las manos blancas no ofenden, cuyo título parte de un conocido refrán, ofrece al espectador un enredo festivo.
La propuesta muestra una farsa de amores cortesanos, una comedia de capa y espada destinada al público de palacio, asiduo a las representaciones de los corrales, pero que en este caso se trata de la representación de una comedia compuesta específicamente para el público cortesano. El tono de la obra siendo cómico, pero con una comicidad menos gruesa, llena de guiños al espectador, que en aquel entonces era un público selecto que se encontraba en un espacio similar al que ambienta la comedia. Aparecen juegos de corte que crean un microcosmos donde el esparcimiento y la alegría son el único propósito. Se recrea una Italia soñada, en este caso, con personas de alto linaje que buscan el amor o la posición, enredados en una maraña de celos, amistad, juegos, torneos, comedias, rivalidades políticas encubiertas y desavenencias familiares históricas, unidas por un río, el Pó.
Las manos blancas no ofenden presumiblemente fue una obra muy conocida en su época, esto es así por el número de representaciones realizadas como por la cantidad de ediciones sueltas que se realizaron durante los siglos XVII y XVIII.
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