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III Festival de Teatro Clásico en la Villa del Caballero - Olmedo Clásico
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El hambre que agudiza el ingenio
R?afael Álvarez ‘El Brujo’, desde su primera colaboración en 1969 en el montaje ‘La escuela de los bufones’ de Michel de Ghelderode, ha participado en diversos montajes como ‘La taberna fantástica’ de Alfonso Sastre, ‘La sombra del Tenorio’ de José Luís Alonso de Santos o ‘Una noche con el Brujo’ dirigida por él mismo. En este caso presenta su última propuesta De Místicos y Pícaros, sobre ‘El Buscón’ de Quevedo y otros clásicos, dirigida también por el propio Rafael Álvarez.
“El Brujo” cuenta que la idea de esta obra le surgió cuando visitó el museo egipcio del Cairo, cuando por un momento reparó en unas figuritas pequeñas que parecían estatuas de juguete, que representaban a unos egipcios amasando pan. El guía le explicó que los panaderos habían quedado inmortalizados por el faraón, puesto que sus imágenes garantizaban la supervivencia de éste en el más allá, ya que para vivir en el otro mundo el faraón necesitaba pan, y con ello los panaderos también se habían asegurado la vida eterna.
De ello trata De Místicos y Pícaros, del hambre, del pan, puesto que en su opinión, el hambre es la metáfora esencial que une a los pícaros y a los místicos. Dentro de las diversas obras, se encuentran numerosos personajes hambrientos, como el Lazarillo de Tormes o Guzmán de Alfarache, que eran pícaros deseosos de conseguir ese pan que puede curar esa enfermedad que es el hambre. O el infeliz Don Pablo, que intentando demostrar su condición de caballero, termina asumiendo su condición de marginado, de hambriento, ansiando también ese alimento.
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