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III Festival de Teatro Clásico en la Villa del Caballero - Olmedo Clásico
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Cita con Lope en casa del Caballero
Olmedo Clásico presenta su primera producción propia, La dama boba · Se ofrecen también La Gatomaquia, La noche de San Juan y El cuerdo loco
No acostumbra a haber programa dedicado al teatro clásico español que obvie la figura de Lope, pero tampoco que ofrezca una visión tan pormenorizada de su obra y su persona como la que nos ocupa. No podía ser menos cuando se trata del instigador último de la celebración de este festival. Tal es así que el festival inicia una nueva línea en esta edición, entrando a ser parte activa en la creación, con el estreno de su primera producción, La dama boba, en coalición con las compañías vallisoletanas Pie Izquierdo y Pasito a paso. Con ello, toma cuerpo uno de los principales anhelos de Olmedo Clásico, por lo que se trata de un hecho “muy ilusionante” según manifiesta el director Benjamín Sevilla y en el cual han puesto muchas expectativas, ya que es un primer paso que esperan continuar en próximas ediciones, bien con compañías como en colaboración con otros festivales, que es un tema en el que ya están trabajando. “Evidentemente, no es azar que la primera producción del festival sea un Lope, ya que Olmedo tiene una deuda histórica con él”, considera Sevilla, de modo que han querido pagarle dándole a conocer entre los espectadores más jóvenes con una adaptación de una de sus ‘famosas comedias’ que protagonizará la sección En Familia y que está concebido para niños a partir de los siete años.
Para ello, cuentan con el trabajo de una persona ligada al festival desde sus inicios, Esther Pérez Arribas –adaptadora de la obra y, junto a Tatiana Ramos, directora del montaje–, quien en ediciones anteriores y dentro de su oferta formativa ha dictado cursos de verso para actores –materia que también imparte en la Escuela de Arte Dramático de Valladolid. A pesar de su vinculación al teatro clásico aborda por vez primera una obra clásica desde su compañía. “Siempre me ha tentado la idea de realizar un clásico para niños y si existen adaptaciones de Shakespeare, por qué no una comedia de nuestro Siglo de Oro. La dama boba me parecía muy propicia para este acercamiento”, sostiene la directora, sobre este montaje para cuya adaptación se ha basado en una experiencia personal, transformando a ‘la dama boba’ en una niña con la que los espectadores se podrán identificar, una niña a la que le gustan mucho los gatos pero que no es capaz de aprender las letras y su evolución no es otra que la natural: acabar entendiendo la utilidad de las materias que aprende y disfrutar del aprendizaje. “Debido a que la obra de Lope tiene una trama más complicada de lo que parece, sí que hemos quitado carga. Si la hiciéramos para adultos no haría falta, porque ellos saben filtrar y entender la obra en un contexto, pero cuando se hace para niños hay que tener un mayor cuidado con los mensajes, y sin caer en el paternalismo, hemos simplificado el conflicto y buscado un final más feliz”.
De esta forma, en la obra de Pie Izquierdo y Pasito a paso Finea es una niña que tiene muchas dificultades para aprender todo aquello que esté sujeto a reglas, normas o una técnica determinada. Sólo empezará a aprender cuando se enamora de Laurencio, porque necesita saber leer para descifrar lo que Laurencio le dice en sus poemas y porque el amor le despierta la sensibilidad hacia la música y la danza y en definitiva porque madura. Pero el padre de Finea, Octavio, quiere casarla con Liseo, al que ama su hermana Nise.
Interesados en que los niños se diviertan con el teatro, “eso es fundamental”, en Olmedo les presentará la ocasión de realizar un acercamiento al teatro clásico “de una forma lúdica, ya que en la formación reglada o no se toca o se hace mal. En los años que llevo como profesora vengo observando como cada generación llega con menos conocimientos sobre el teatro clásico, les cuesta leerlo y les cuesta entenderlo, porque no se fomenta. De ahí el interés de poner en pie este montaje aunque hacerlo a partir de un Lope es todo un reto e impone mucho respeto”. Más si cabe, cuando como premisa se han marcado el hacerlo en verso, ya que no se trata de contar a los niños la historia, sino de que disfruten con el teatro clásico y aprendan mientras se divierten, con lo que la acción se sitúa en una clase que imparte Rufino, un maestro excepcional.
Canciones, coreografías, manipulación de títeres y sombras chinas y las acciones de los personajes que interpretan Ángel Téllez, Tatiana Ramos, Eva Lago, Beatrice Fulconis, Raúl Escudero, Miguel Moreiras, Esther Pérez Arribas, Xiqui Rodríguez y Enriqueta Morejón son los ingredientes de un montaje que estéticamente también se inspira en la época de Lope. “Queríamos que el vestuario nos situara en otro momento, que tuviera su referente en la época, pero que a la vez tuviera ciertas reminiscencias a los cuentos”, explica la directora, quien ha contado con la colaboración de Mario Pérez Tapanes en su diseño, así como en el de la escenografía, que ha elaborado un vestuario “muy colorista que diferencia a los personajes a un golpe de vista”. Asimismo, la directora sostiene que “de una forma sutil, sin evidenciarlo en la obra” han tratado de romper con ciertos moldes preestablecidos, los cánones de belleza, con personajes repolludos.
Lope inédito
Incluido el estreno de esta primera producción del festival, hasta cinco montajes se presentan sobre las palabras del Fénix de los Ingenios, desde el más temprano a su etapa más madura y que permitirá descubrir alguna de sus piezas más desconocidas. Es el caso de El cuerdo loco, una de sus primeras piezas escritas en torno a 1600 y, al parecer, no estrenada nunca antes de que Carlos Aladro lo haya hecho con su nueva compañía, Teatro en Tránsito. Poco conocido, sí, pero tal y como asegura el director, plagado de interesantes elementos, “especialmente aquellos que tienen un innegable paralelismo con el Hamlet de Shakespeare, y con una acción escabrosa y sanguinaria, donde todos los personajes se dejan llevar por sus pasiones, convirtiendo la traición y hasta el asesinato en su moneda de cambio”. Y es que se trata de una truculenta historia de intrigas y tejemanejes, donde el Príncipe Antonio, hijo del recientemente fallecido Rey de Albania, se las ha de ingeniar para acercarse a su amada Lucinda, para lo cual envía al hermano de ésta lejos de la corte, sin saber que el peligro verdadero queda de puertas adentro, ya que su madrastra y su nuevo amante intentan envenenarlo. El príncipe se fingirá loco, para poder enfrentarse a los traidores y conservar a su amada.
Israel Elejalde, Juan Ribó, Quique Fernández, Emilio Buale, Jorge Gurpegui, Beatriz Segura y Silvia Espigado afrontan un texto que califican como inusual en el teatro clásico español, con un esquema de personajes que se sale del modelo al uso y donde tanto los personajes masculinos como femeninos se muestran excesivos en su conducta, adentrándose en un universo propio de la tragedia renacentista y formalmente cercano a la postisabelina, mientras se presenta una “corte que deviene una especie de espacio bárbaro e incivilizado donde los hombres son bestias pasionales que ansían el poder a cualquier precio. La máxima renacentista de El príncipe de Maquiavelo, según la cual ‘el fin justifica los medios’ se nos muestra en esta pieza en toda su virulenta y paradójica contradicción”.
De su etapa de madurez, se podrán ver dos obras. La primera es La noche de San Juan, que se trata del segundo montaje que realiza la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, en esta ocasión bajo la dirección de Helena Pimenta sobre la versión realizada por Yolanda Pallín y con un elenco conformado por Eva Rufo, Rebeca Hernando, David Boceta, Alejandro Saá, David Lázaro, Javier Lara, Isabel Rodes, María Benito, Iñigo Rodríguez, Mónica Buiza, Cristina Bernal, Rafael Ortiz y José Juan Rodríguez, todos ellos intérpretes menores de treinta años que se encuentran en un proceso de profundización en determinadas disciplinas que exige el repertorio clásico.
Escrita en 1631 para su representación en el festival del solsticio de verano que el condeduque de Olivares organizó en honor a Felipe IV, y en cuya elaboración, dice el propio autor por boca del personaje de don Juan, dedicó Lope cinco días. En ella ofrece un retrato de esta noche, la más mágica, no desde la tradición rural sino centrada en la adaptación que la gran ciudad realiza de ella a un estilo de vida más sofisticado. Los sucesos de la obra son fiel reflejo de tal celebración por parte de la sociedad madrileña del XVII, que es en definitiva, quienes iban a disfrutar de la representación de esta obra, por lo que está bañada de los elementos tradicionales y protocolarios de una reunión cortesana, si bien según asegura Pimenta, ha prescindido de los aspectos de celebración cortesana manteniendo, sin embargo, la meta-teatralidad que el contexto de representación le otorgó y que ha dado lugar a un nuevo juego; el espacio de la representación se convierte aquí en el espacio mágico en el que los personajes tienen la oportunidad de vivir experiencias que su vida cotidiana ha limitado. En cuanto al tema, es un nuevo enredo entre jovencitos que buscan el amor desesperadamente, tal y como dejó escrito don Casiano Pellicer, oficial de la Real Biblioteca de S.M hace dos siglos, retrata en ella “las alegrías, licencias, travesuras y sucesos de la misma noche, escrita con toda la gala, donaire y viveza que ha mostrado este maravilloso ingenio en tantas como ha escrito, en que ninguno del mundo le ha igualado, y de quien los que agora florecen en este arte le han aprendido”. Y en esa noche es cuando, tal y como explica la directora del montaje, tiene lugar el viaje que Leonor y Blanca, los dos personajes femeninos centrales de la comedia, inician la búsqueda de su propia felicidad. “Formando parte de una sociedad que las reprime con sus normas, encuentran en esa noche el espacio de su libertad. Ambas, oponiéndose al deseo de sus respectivos hermanos, se ven impulsadas en su camino, no precisamente por la magia, ni por la oración al Bautista sino por su propia voluntad. Los cuatro hombres que las acompañan en esta ficción-realidad, como hermanos o como amantes, se mueven entre reglas, mentiras o justificaciones, todas ellas paralizantes. La noche de San Juan como gran metáfora de la trasgresión, de la búsqueda de lo desconocido se erige así en un personaje más”, sostiene.
La voz de los gatos
También se podrá ver una de sus últimas obras, La Gatomaquia, dirigido por Goyo Pastor para la compañía La Ensemble, que junto a Pedro Víllora y José Padilla ha teatralizado este poema épico burlesco que narra las andanzas de Micifuf y Marramaquiz en sus intentos por hacerse con los favores de Zapaquilda. Y es que Lope juega con los seres humanos transformándolos en gatos. Toda la escena es un frenesí de entradas y salidas, de cortejos y riñas, de frivolidad y malicia. Todo es posible en una noche mágica en la que sólo duermen el pudor y la contemplación y, así, lo que en principio es magia y sueño termina siendo brujería y pesadilla. El centro del conflicto es el amor, la galantería, el coqueteo... La animalización nos adentra en el terreno de la fábula.
Con este montaje, la compañía creada hace once años y que cuenta con un largo recorrido en la interpretación gestual acomete por primera ocasión a la puesta en escena de un clásico, en el que han encontrado los suficientes elementos de originalidad, frescura y ritmo que les permita generar una dramaturgia dinámica sobre esta obra dividida en siete silvas.
El componente autoparódico y humorístico de Lope de Vega recupera sus motivos de juventud en esta obra, pues La Gatomaquia es un festín de alegría, donde el uso y ejercicio del ridículo nunca es cruel. Lejos de observar su tiempo con amargura y desdén, el universo de los gatos permite al autor alejarse suficientemente de aflicciones y males para entretejer un juego dinámico y jovial.
Resurgiendo de sus cenizas.
Avalado por una interminable lista de premios, reconocimientos y nominaciones entre ellos el María Guerrero al Mejor Director, el Argentores al Mejor Texto Teatral, Mejor Actor Protagónico Teatro del Mundo y el mejor unipersonal en el Festival Iberoamericano Cumbre de las Américas, llega desde Argentina por vez primera a España el montaje Quien lo probó lo sabe, a cargo de la compañía Los del verso. Se trata de una obra escrita y dirigida por el joven Mariano Moro en la que el actor Mariano Mazzei da vida sobre el escenario al propio don Félix Lope de Vega y Carpio, el Fénix de los Ingenios, que haciendo honor a su apodo, revive, despierta tras su muerte. Se despierta en la capilla de San Sebastián, donde la multitud lo ha depositado. ¿Cómo pudo de algún modo revivir? Y antes de eso ¿Cómo pudo morir? El Fénix de los ingenios, y de los amores, quien siempre podía sorprender con un verso más, con una comedia más, con otra innovación… Quien pasados y cumplidos los 60 años podía enamorarse y amar a cierta joven como pudo a los 20…. Quien pudiera siempre recorrer el camino desde la sensualidad hasta la castidad extrema, y renacer en éxtasis religioso, camino que nadie conociera como él, tanto de ida como de vuelta…. Lope revive y no sabe que se espera de su pobre persona. ¿Será juzgado? ¿Será aplaudido? ¿Será ignorado? Si nos cuenta su vida tendrá que revivirla. Y su vida es pasión de mundo, y su vida es pasión de literatura. El gran imperio español empieza a decaer, pero él no piensa reconocerlo, mucho menos aceptarlo. ¿Por qué habría entonces de reconocer su propia muerte? Las palabras son antídoto y nadie sabe usarlas como él. Le va el cuerpo en cada una de ellas, y ese cuerpo sigue vibrando.
De este modo, se refleja la obra y la vida de Lope mientras se habla de la pasión, el amor, el misticismo, la guerra, el éxito, el fracaso, la envidia, la burla, la enfermedad, la muerte, el miedo, la risa y la gloria vividas en otro tiempo y otro lugar de la mano de alguien irrepetible que supo hacer de oro su siglo. |
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