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A propósito del centenario de Bartra (1908 - 1982)
El pasado día 18 de junio pensamos que tendrá dentro del ámbito de las políticas culturales de Catalunya o Barcelona una especial significación.
Para algunos fue un día muy intenso que puso en evidencia el contradictorio estado de cosas, la falta de horizontes y el exceso de prudencia en que nos hallamos inmersos.
Por un lado el Ateneu Barcelonés (Ateneo de Barcelona) –entidad en otros tiempos de alto prestigio especialmente antes de la guerra civil– ha estrenado recientemente una nueva Junta y algunos hemos visto o querido ver en esta nueva situación la posibilidad de un retorno a los años de prestigio y de alto juego intelectual de la entidad. Ese día 18 al que nos referimos, el Ateneu quiso dar testimonio de los nuevos aires que corren, inaugurando en un hotel de las Ramblas una llamada «Tribuna Ateneu», una iniciativa de debate. Por tanto, un posible gran momento de diálogo de nuestros políticos con la ciudadanía. Se organizó un almuerzo y se invitó al Consejero de Cultura y Medios de Comunicación, Joan Manuel Tresserras, para que hablara de la situación actual de la cultura catalana. Se habló mucho de que asistíamos a un debate, pero los políticos presentes en la mesa hablaron tanto y tan extensamente que sólo quedaron diecisiete minutos para el debate con el público, por cierto muy numeroso. Al almuerzo podían acudir socios y no socios. Una gran iniciativa que, de continuarse, posibilitará que se rompa la endogamia enfermiza en que vivimos atrapados. Siempre que el tiempo de debate sea de más de un cuarto de hora, claro está. En el escaso diálogo se habló mucho de teatro y se comentó con preocupación las embajadas organizadas por el Institut Ramon Llull para dar a conocer la cultura catalana (Frankfurt, New York, Santiago de Chile, Guadalajara y en octubre el Festival Cervantino de Teatro de Guanajuato). Se comentó que siendo el Teatro Catalán el invitado de honor del Festival junto al Estado de Campeche (al sur-este de México y culturalmente muy olvidado por la capital) haya poquísimo teatro catalán en la programación. De hecho, obras de teatro, en el sentido habitual del término, no hay más que una. La adaptación de Tirant lo blanc será lo más cercano a un espectáculo teatral al uso. Se habían programado dos grandes espectáculos de teatros subvencionados más, pero no interesaron a la dirección del Festival. Los responsables del Institut Ramon Llull (nuestro Instituto Cervantes) no quisieron sustituir estos espectáculos por otros dos. En este momento hay muchas propuestas escénicas disponibles por el Grec y porque vivimos una inflación de producciones.
Se presenta, eso sí, un recital sobre la obra de Agustí Bartra que aquí ha tenido buen éxito en las tres funciones que se han dado, pero nadie ha querido montar una de sus grandes obras teatrales, que por cierto son excelentes. Siendo además el Teatro Catalán invitado de honor, no habrá (por ahora no figura en el programa) ninguna conferencia o exposición sobre la historia o la situación actual del Teatro Catalán. Sí hay programadas conferencias y clases magistrales sobre música y danza.
A las dos horas de la «Tribuna Ateneu» tenía lugar un gran acto de homenaje a Agustí Bartra en la sede del AIET que venía a recordar la importancia de la figura de este gran creador, de este exiliado que, después de pasar por la República Dominicana y Cuba, eligió México para quedarse, y allí se entregó a la cultura del país. Fue amigo de Juan Rulfo, de Octavio Paz y Pablo Neruda en la época mexicana del gran chileno. Fue el primer catalán en ser invitado a los Estados Unidos a dar clases en las mejores universidades, y el primero en entrar en contacto y ser considerado como un igual por los componentes de la Beat generation.
En el emotivo acto de homenaje organizado por Rosa Mª Isart y Enric Ciurans, intervino el gran profesor y escritor norteamericano Sam Abrams, establecido en Catalunya desde hace muchos años; el cantautor Miquel Pujadó; Zep Santos, director artístico de la compañía Cambalache y Oriol González i Tura, de la Comisión «Centenari Bartra». Abrams, con la autoridad que ha ganado a pulso, habló de la calidad teatral de los textos de Bartra que se pudieron escuchar recientemente en un ciclo organizado por Barri Brossa, en donde según él decía, el público había quedado fascinado. Criticó que el TNC no haya montado ningún Bartra en el año de su centenario, y pidió que, dada la insistencia de Sergi Belbel en olvidar todos los clásicos modernos, se haga una moción pública para que el TNC se llame simplemente TC, o sea, Teatre Catalá. Que olviden la N que significa Nacional. Se alabó con entusiasmo a Mario Gas por haber permitido montar una obra de Josep Palau i Fabre en el Español con todos los honores, mientras que aquí el TC le despreció temporada tras temporada. Se criticó asimismo que los responsables del magno festival de poesía catalana que tuvo lugar en Nueva York con Laurie Anderson, Lou Reed y Patti Smith, olvidaran a Agustí Bartra, uno de los poetas más grandes de la literatura catalana del siglo XX, según Abrams. Se comentó que se quiere repetir en Catalunya este recital y que sus organizadores Jaume Subirana y Xavier Albertí, a pesar que se les ha pedido desde muchos ángulos que aquí no se puede repetir el gravísimo error cometido con Bartra, parece que no están dispuestos a ceder.
En el fondo, fuimos los mismos en los dos actos. Insistimos, la endogamia es siempre la endogamia, pero los que asistimos a ambos nos costará mucho olvidar ese día porque acabamos entendiendo que la situación de la cultura catalana es inamovible y que, por prudencia, se prefiere que todo quede como está. Sin duda vivimos el mejor de los mundos posibles. Leibniz nos envidiaría.
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