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Cuando todos los pronósticos climatológicos se equivocan
Carlos Gil Zamora
Podemos considerar que la lluvia forma parte de toda actividad artística que se desarrolle en la calle. Por lo tanto, salvo poner en riesgo la integridad física de los intérpretes, alguna incomodidad causada por la inestabilidad atmosférica se debe asumir por todas las partes.
En Leioa, eso se pudo comprobar y confirmar. Los públicos acuden cada vez de manera más numerosa y si no es por una tormenta realmente desmesurada, con sus chubasqueros, sus paraguas o simplemente arropándose, aguantan todas las inclemencias. Tuvimos el honor de presenciarlo, y queremos resaltarlo, sin entrar a valorar su calidad, que Teatro de La Saca luchó contra la pertinaz lluvia, primero retrasando su estreno y posteriormente ofreciendo toda la obra bajo una intensa lluvia y hay que señalar que actuaban con zancos, asunto que entraña un riesgo añadido a su intérpretes. Por ello quisiéramos darles un aplauso de reconocimiento por su profesionalidad. Junto a ellos al público que los acompañó hasta el final aguantando un chaparrón desmesurado.
Al suelto
Arrancó la Umore Azoka de Leioa con cielo primaveral y con una banda francesa con sus camisetas y su nombre: “No Water Please”, y el agua no se presentó, al menos mientras ellos movilizaban al personal y demostraban su calidad. Después llegó el agua y hasta molestó más de lo debido.
Capacidad de comunicación es el sustento de Price et MacCoy, dos australianos que se mueven entre el vodevil y el teatro físico, o Leapin’ Louise, estadounidense que llega disfrazado de cowboy y juega con maletas o una taladradora para hacer malabares aunque es Agus Clown, un payaso suelto en el boulevard el que es capaz de mimetizarse con cualquiera. Las dos moteras de Pingouin Quotidien en Les Motasses, jugando con fuego, pero con una débil estructura.
Vimos algunas ofertas curiosas, un oriental que da masajes y responde por el nombre de Fang, un laberinto sencillo que se visita de uno en uno a cargo de los belgas de Fées minimes; el catalán Albert Gusi que en Miradas propone algo tan sencillo como colocar una atalaya en medio de un paseo para que quien quiera se suba y mire Leioa desde otra perspectiva.
Gorka Zero presentó Ganso, un trabajo unipersonal en donde hace una parodia clownesca del mundo del circo, o dicho de otro modo aportando el personaje que todo lo hace mal.
Dos personajes de negro, larguiruchos, policías o seguratas con pinglanillo, que recorren las calles implantando un orden gracioso son los franceses de la Compagnie Albédo. David de Bustos y su globoflexia, mostrando rapidez e imaginación.
In vino veritas Alicia Soto con Hojarasca, un trabajo entre la danza y el teatro, con el vino como elemento inspirador y concatenador de las secuencias visuales. La tierra, el fuego, varios lenguajes. Un rito que deberá ir creciendo, como los vinos.
Teatro Percutor, presentaron Artístic Esperpentic un espectáculo popular con aires esperpénticos, que logra optimizar los recursos interpretativos de una manera ejemplar y consigue la comunicación directa.
En buena compañía
Por fin pudieron los navarros de La Banda, ofrecer tras dos intentos abortados por al lluvia el año pasado, Makina que funcionó a la perfección, y demostraron sus cuatro operarios que tienen un algo especial que florece de manera más luminosa cuando se dedican a hacer circo sin aditamentos.
Zero Teatro estrenó Atlándida, La Fête des Temps un espectáculo ambicioso, con siete músicos en directo, con tres actores narrando una historia metateatral, donde la palabra, la música y el cuerpo conviven en buena comunión.
Oreka plantea en Lo Jimenez, una diversión muy saludable en cuanto a su capacidad de comunicación, más cuestionable en cuanto a su nivel técnico, pero tiene estructura dramática y divierten de manera incuestionable.
Revisitamos a Hortzmuga para ver la evolución de su MomentO, y coincidimos con una tormenta, por lo que nuestra opinión está condicionada, aunque creemos que no estaban situados en el lugar adecuado, ni a la hora oportuna. De esta misma compañía vimos su oferta dirigida a públicos familiares, Superplast con los elementos del género bien dosificados.
También recaímos con Trapu Zaharra, y su última producción, El Concursazo que habíamos visto estrenar hace una semana en Vila.real. Recogido espacialmente, con una buena idea y un desarrollo en evolución, mantiene sus claves características.
Estrenó Zanguango su Tocata y Fuga (en fu renol), que tiene su valor artístico en su planteamiento, es decir unos presos y sus carceleros, ofreciendo un concierto de música cantando de verdad, con mucho humor y denuncia social.
En otra clave, tranquilos, sentados incluso, vemos a Teatro Che y Moche, con su concierto teatralizado. Buen rollo, un oasis, una manera de participar y debemos destacar el virtuosismo de la violinista. Para disfrutar un rato de música contagiosa.
Gaitzerdi estrenó Otsoko, la estructura dramatúrgica que le dota de soportes invisibles para el desarrollo de una versión de Caperucita que entendemos como una de las pocas concesiones de la propuesta. Estética lograda, fiel y consecuentes con su trayectoria, equilibrada en sus tensiones dramáticas, con un ejercicio actoral de máxima intensidad, un acompañamiento musical que potencia movimientos, un buen uso de los materiales y de los elementos escenográficos, potenciados por una adecuada iluminación. Se llevó el Premio al mejor espectáculo vasco.
Uno de los espectáculos esperados era el de Organik, que estrenaba sus Malditas pero que a los diez minutos de su representación se vio sometido a una inclemente lluvia que recomendó la suspensión, por lo que poco podemos opinar.
¡Viva el Circo!
Y es que cuando aparece el circo, lo demás se queda en dramaturgias sicologistas, en juegos de salón. Y el circo está en Leioa representado por los que vuelan, es decir por quienes solamente ofrecen en un espacio acotado sus números de barra china, de trapecio, las telas, la cama elástica, se llaman Mónica Ribas, o Ignasi Gil, Lucas y Ángel, Dani Tomás o Mamen Alcázar y en esos lugares uno siente como bombean sangre los corazones de los espectadores.
En otra plaza, unos jóvenes y rubios como la cerveza, llegados del norte de Europa, Cikaros Et Tincan Company vuelven a demostrar que existe un lenguaje universal. El circo, que requiere de técnica, disciplina, imaginación, sensibilidad y hasta dramaturgia, y que hacen de los mismos elementos, la cuerda floja, el mástil, el trapecio, la tela, compañeros de un viaje hacia ese corazón que recibe esos esfuerzos, esas figuras, esa limpieza como una transfusión de vida y logran un trabajo de una calidad excelente sacando a hacer poética circense a sus Freaks, que fue considerado el mejor espectáculo del Resto del Mundo por el Jurado.
Mumusic Circus, un dúo que plantea un circo más mediterráneo, perteneciente a la última generación de polifacéticos artistas circenses, capaces de hacer equilibrios, de tocar dos trompetas a la vez, de cantar, de subir con una limpieza casi simiesca por una barra para llegar a servirse un té con leche haciendo el pino.
Teatro de la Saca, presentó en las condiciones mencionadas anteriormente, Gaitana, trabajo duro, una historia de amor que se convierte en pesadilla, con la violencia de género atravesando la parte central del espectáculo, con una violencia en ocasiones molesta, que probablemente mantenga un tono excesivamente tremendista en algunos pasajes, pero que dejó una buena impronta por su planteamiento aunque la lluvia alteró su desarrollo y, por tanto, su percepción artística.
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