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X Feta Festival 2008
Los astilleros del Báltico polaco
botan espectáculos teatrales
Shanti Basauri
La lluvia regó la botadura de esta duodécima edición del Feta Festival en la ciudad de los astilleros que un día propiciaron la fundación del famoso sindicato ‘Solidarno´s´c’.
Gdansk ha cambiado mucho desde entonces. El antiguo líder sindical que inspiró a medio mundo se hizo presidente del país, la sociedad abrazó el capitalismo de la UE, el puritanismo católico embelesó a la sociedad polaca y, como en todo el continente, la ciencia y el arte quedaron y quedan como única garantía para reivindicar el pensamiento –racional e irracional– legítimo de todo pueblo, sin filtros previos desde Varsovia, el Vaticano o Bruselas.
La lluvia persistente no logró, sin embargo, desanimar al personal bregado en inviernos bálticos y endechas de mayor infortunio que, contra todo pronóstico, no han restado ni un ápice de amabilidad a los lugareños.
La representación internacional en el cartel vino liderada por artistas eslavos principalmente, así como por compañías venidas desde Francia, Euskal Herria, Dinamarca, Holanda, Canadá e incluso Irán, y una de las cosas que más nos llamaron la atención –y que en una lectura simplista podría interpretarse como una obviedad– fue que todas las compañías participantes, incluso alguna de danza, hacían teatro de calle.
En efecto, y al contrario que en festivales más cercanos a nosotros, la programación se correspondía enteramente al epígrafe de la convocatoria y uno no se veía en el trance de bucear entre diversas y muy dignas disciplinas circenses para poder hallar alguna representación teatral. Los testigos podemos certificar que en el festival de teatro de calle de Gdansk hay eso mismo: teatro de calle, y no deja de ser curioso que eso nos llame la atención a muchos ciudadanos de la Europa del Oeste, especialmente a los que estamos vinculados en mayor o menor medida a las artes escénicas.
Entre las numerosas representaciones – más de cuarenta contratadas– hubo varias que nos dejaron un especial buen sabor de boca a quienes nos perdimos en sus calles. Propuestas rotundas como la de los franceses Materia Prima con su espectacular Insomnia, la de los checos Novogo Fronta que bajo el título “Doppelganger” desplegaron una suerte de revisión teatral de la obra de culto THX-1138 que aquel primerizo George Lucas convirtió en vanguardia hace ya casi cuarenta años, el reencuentro con piezas como la comedia de asalto S.W.A.T. que los franceses Carnage Productions tuvieron que adaptar a la fachada de la céntrica Casa de Rusia en Gdansk y un sinfín de hechos teatrales, siempre vespertinos, adecuadamente programados en entornos privilegiados del casco urbano de la antigua ciudad-estado. La embajada teatral vasca, de la mano de Hortzmuga con Momento, disfrutó así mismo de la plazoleta más idónea para el desarrollo de su puesta en escena.
Con cinco tardes y noches repletas de teatro callejero y variopinto y con un público más que predispuesto a la cultura y notoriamente más receptivo que el ocasional que solemos encontrar en otras latitudes, Gdansk ofrece un compromiso artístico que para sí quisieran otros certámenes decanos en el sector, que supuestamente cuentan con mayor presupuesto y proyección internacional. A medida que uno salta más lejos para que la Tierra gire bajo sus pies y se recorra más superficie planetaria en cada paso, la impresión que prevalece es la de que en algunas ciudades la calle acaba convirtiéndose en aquel templo de Grotowsky o en aquel otro sueño secular de Clodet, mientras que en otras urbes, y a pesar de contar con los mismos artistas y técnicos, todo esto no deja de ser, ni por un momento, sólo la puta calle.
Pero en Gdansk, no.
En Gdansk fue teatro de calle.
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