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Ballet
Un safari exótico de Taiwan hasta la Rusia de Tolstoi
Un periplo a través de las tradiciones y el espíritu de la cultura taiwanesa y una regresión a la Rusia de Tolstoi. Si algo caracteriza a las propuestas de ballet previstas para octubre es la retrospectiva; el viaje nostálgico a realidades espacio-temporales lejanas y grandilocuentes. Los días 4 y 5 de octubre el Teatro Arriaga traerá a Bilbo a la compañía de danza china Legend Lin Dance Theatre con el espectáculo Miroirs de la Vie. La Asociación Bilbao Ballet Elkartea inaugura también su temporada en el Palacio Euskalduna el 22 de septiembre y con Anna Karenina, del Eifman Ballet Theatre, que también estará en el Victoria Eugenia Antzo-
kia de Donostia los días 18 y 19. Por su parte, la programación de Castilla y León incluye los días 16 y 17 al Corella Ballet en el Teatro Principal de Burgos con un espectáculo compuesto por tres piezas: Bruch Violín Concerto Nº 1, Clear e In The Upper Room.
Desvelar oriente
Miroirs de la Vie, dirigido por Lee-Chen Lin es un espectáculo parte de la danza como lenguaje fundamental para profundizar en las tradiciones, religión y espíritu de la cultura de Taiwan. Trata la ceremonia del ‘Jiao’, un rito taoísta en el que los espíritus de los muertos que no han sido atendidos por los dioses tienen la posibilidad de volver temporalmente al mundo de los vivos. Matsu, la diosa del mar, es uno de los roles principales de esta pieza. que se divide en varias partes conformando el ritual. Parte de la ‘Purificación´, en la cual entran los celebrantes portando los utensilios sagrados que se emplean para limpiar el escenario, acción tras la cual se encienden las lámparas como un preludio para abrir la puerta entre el mundo material y el mundo espiritual. La ‘Evocación’ se realiza mediante golpes de tambor que invocan a los espíritus de la muerte. Con la ‘oblación’ se quema incienso para invitar a que aparezca la diosa. La etapa de ‘preparación’ consiste hacer un reflejo de la vida anterior tras la cual se prepara ritualmente a un espíritu. Tras esta etapa está la de ‘meditación’, a la que siguen la ‘agitación’, en la cual éstos luchan, la de ‘posesión’ en la climática lucha por sobrevivir, ‘reflección’ o el lanzamiento de faroles de agua simboliza el ciclo eterno del samsara y la ‘transmigración’, es la etapa en la que se enciende la lámpara para conducir a casa a los espíritus caprichosos. La última fase es la de ‘extinción’, en la que se deja despejar el terreno para una nueva vida. La inmensa historia de esta civilización rebosa de material de creación fruto de tradiciones y costumbres arraigadas a la tierra. Pero la propuesta incita a rastrear esta historia, escudriñando el campo, las montañas y los valles y explorándolas en un campo intermedio entre la objetividad y la subjetividad. La intención es que el público se distancie y se maraville ante la riqueza del folclore que el ballet proporciona. El Legend Lin Dance mezcla imágenes estéticamente exuberantes con coreografías muy técnicas y brillantes que otorgan un nuevo significado a la expresión.
La rica y colorida cultura popular de Taiwan lanza según la compañía su impetuosa vitalidad desde la profunda religiosidad a través de los ritos propiciatorios el alma humana se purifica de sus enfermedades y la mente se libera. La directora Lee-chen Lin trata de restaurar el lugar del ser humano con relación al otro, a la sociedad y a la danza como expresión de los rituales casi olvidados de Taiwan, tales como llamar a los espíritus, repeler espíritus malignos, y llamar a la suerte, entre otras manifestaciones Lee-chen Lin ha manifestado la voluntad de reactivar el mensaje profundamente escondido en nuestra memoria. En este sentido la trayectoria de la Legend Lin Dance Theatre tiene mucho que ver con las raíces de su directora y coreógrafa, Lee-Chen Lin, que creó la compañía en 1995 con el propósito de presentar espectáculos de gran formato que mostraran la cultura y el espíritu de Taiwán, su país de nacimiento. Desde entonces ha estrenado varias piezas en todo el mundo con gran éxito de crítica y público. En Europa se dieron a conocer en el Festival de Avignon, en 1998 con ‘Miroirs de vie’ y dos años más tarde lograron el premio del público al mejor espectáculo en la Bienal de Danza de Lyon por ‘Himno de las flores que se marchitan’.
Historias de Palacio
La Asociación Bilbao Ballet Elkartea inaugura la temporada con Anna Karenina, del Eifman Ballet Theatre, que también formará parte de la programación del Victoria Eugenia Antzolia y es uno de los trabajos más representativos de Kirov Boris Eifman. Si para el coreógrafo el todo en una creación reside en la estética, en lo puramente visual, la belleza formal del gesto no es un fin en sí mismo y hay que encontrar en las situaciones la dosis justa de intensidad dramática. La máxima se amplia en su último trabajo, de 2005. Se trata de una exitosa versión del Anna Karenina de Tolstoi, que ha recibido en 2006 el Premio Benois de Danse y el premio Golden Mask a la mejor bailarina por el trabajo de María Abashova. Se trata de un ejercicio de perfección formal y de virtuosismo técnico. Parte del academicismo ruso, pero se desvincula de su rigidez en la búsqueda de una danza que apele, según la compañía, a las pulsiones más elementales de la sociedad contemporánea. El Palacio Euskalduna es el único espacio capacitado para acoger el espectáculo en todo su despliegue. Un trabajo que según Adolfo Yebra, director de la ABBE, tiene entre otras motivaciones la de llevar esta disciplina a lo que denomina genéricamente “Gran Público”.
Acuñada con bastante consenso por la crítica oficial como la mejor Compañía de Ballet de Rusia, el Eifman Ballet Theatre fue creado en 1977 por Boris Eifman. Su Ballet se compone de 60 profesionales de la danza y posee un centro coreográfico propio en San Petersburgo. Después de una gira de dos años por Europa y EEUU, la compañía llega al Estado español y después de haber recalado en Murcia o Gijón llega a Bilbao y a Donostia. Se trata de un enclave físico pero también simbólico para un espectáculo en el que el poderío de la alta sociedad rusa se filtra en coreografías, puesta en escena, despliegue técnico y el potencial humano. Un espectáculo en el que rebosa la grandeza que caracteriza al clasicismo ruso y que pretende apelar a la sociedad contemporánea y a sus pulsiones más primarias mediante un “alegato a la libertad”, que lanza el coreógrafo, polémico por sus choques ideológicos con la intelligentsia soviética de los años setenta. La controversia en este sentido es limada por Perfecto Uriel, director de la Casa de la Danza de Logroño y gran estudioso de la trayectoria de Eifman. Afirma que "ha revolucionado el concepto de la danza clásica y la ha fusionado con la danza avant-garde y con métodos del teatro y el cine del siglo XX".
Otra estética
La pieza plantea un conflicto atemporal, con la intención de que el público contemporáneo viva y entienda los sentimientos y pensamientos de los personajes del texto de Tolstoi, escrito en 1877. Dividido en dos actos de una hora esta versión de Anna Karenina se centra en el estudio exhaustivo del mundo psicológico de la heroína y de la sociedad en la que habita. Eifman busca historias pasionales, de corte fantasmagórico y muy intensas; manifiesta que la literatura contemporánea no ha dado textos a la altura de los clásicos rusos, por lo que éstos son casi siempre la base de sus reflexiones coreográficas.
La trama es fiel a la obra inicial. Anna Karenina narra la relación prohibida por prejuicios morales entre una dama de la alta sociedad rusa interpretada por María Abashova que, casada con Karenin (Oleg Markov) tiene una relación secreta el conde Vronsky (Alexei Turko). Tras una escapada en secreto a Italia se intuye la posibilidad de un final feliz, hasta que los celos obsesivos de Anna y la dejadez de su amante al regreso convierten en tragedia esta historia. El desarrollo de la obra va ascendiendo en intensidad hasta llegar a una explosión de danza de alto nivel que culmina con la angustiosa escena de Anna, y su suicidio en las vías del tren.
Además de su habilidad para los ‘Pas a deux’, la limpieza de los movimientos y la renovación formal que propone al quitar de la coreografía elementos superfluos, Perfecto Uriel destaca de Eifman la capacidad de componer cuadros multitudinarios con toda la compañía en escena. Si bien la primera parte es más asequible, el segundo acto va aumentado en intensidad, presentando tres escenas corales: El baile veneciano de disfraces, el ataque de celos de la protagonista y su suicidio. En esos momentos, Eifman demuestra cómo ocupar cada hueco escénico en una pieza de naturaleza casi cinematográfica. Como lenguaje coreográfico, el elenco posee una importante base académica, que entronca con un estilo neoclásico de acrobáticos ‘portés’, que requieren una gran compenetración en la pareja y un elevado nivel técnico. La BSO recae también en uno de los clásicos del nacionalismo ruso. La obra de Tchaikovsky es la base de la selección musical de Eifman, que adapta una miscelánea de obras del compositor. Incluye para el espectáculo ‘Serenata para Cuerdas y Orquesta’, Las Suites No. 1 y No. 3, ‘Souvenir d’un Lien Cher’, ‘Manfredo’ y ‘Romeo y Julieta’, entre otras obras.
El Corella Ballet Castilla y León que dirige Ángel Corella actuará en el Teatro Principal de Burgos, donde presentará tres trabajos sucesivos. El primero, Bruch Violín Concerto Nº 1 está coreografiado por Clark Tippet. Se trata de un trabajo de 24 minutos creado originalmente para el American Ballet Teatre. Se trata de un trabajo que combina momentos delicados, complejas pautas y duetos atléticos y técnicos. El elenco está compuesto por siete bailarines principales y dieciséis de cuerpo de baile. Como tal la pieza tuvo su estreno mundial en el Orange County Performing Arts Center en Costa Mesa, California, el primero de diciembre de 1987. Fue el segundo ballet que Tippet creó para el ABT, después de ‘Enough Said’ en 1986. En esta obra, Tippet trabajó dentro de las tradiciones clásicas del ballet en el que los hombres son principalmente portores y el contacto entre el cuerpo de un bailarín el de una bailarina con un hombro como elemento de apoyo.
Clear, la segunda de las piezas, con una duración de 20 minutos está coreografiada por Stanton Welch, siendo el primer trabajo que realizó para el American Ballet Theatre. Se estrenó el 25 de octubre de 2001, en el City Center de Nueva York, con Julie Kent, Ángel Corella, Maxim Belotserkovsky y Marcelo Gomes. La inspiración para la creación de Clear surgió tras el 11/S, al cual se posiciona contrario. Se trata de una danza explosiva en el que se desinhibe la fiereza de los bailarines masculinos. Una única bailarina desprende energía inagotable aunque matizada por la acción del elenco masculino que transmite una exuberancia casi agresiva. Valiéndose de una técnica clásica, Clear explora con profundidad el lenguaje de la danza académica que Welch sabe dominar y ha unido un vertiginoso trabajo de movimientos con el delicado sonido del violín y del oboe de la obra de Bach.
Bajo la coreografía de Twyla Tharp, In The Upper Roomel es un trabajo de 40 minutos. Al comienzo de la obra, cada una de las dos bailarinas, a quienes Tharp compara con guardianas de un templo chino, alza el pie y, plegándolo por detrás de la espalda en un arco, lo atrapan después con el brazo opuesto. Este motivo de apertura expresa acción e instante, una pérdida de equilibrio y una suave recuperación. Este momento representa la base del ballet entero, su raíz, coreografía que se revela tan hipnótica como la partitura de Glass. La pieza es una sucesión de pequeñas explosiones. Cada baile erupciona y las partículas se reagrupan para formar algo todavía más asombroso, hasta que Tharp ensambla todas las piezas en un emocionante final, cuando las dos mujeres, regresan para dejar caer sus manos cerradas en puños con una expresividad deslumbrante que hace bajar el telón. Con cada avance de la historia el escenario se expande y se retrae en medio de un calidoscopio de colores en blanco y rojo, generados por el vestuario de Norma Kamali. Con este torbellino, Tharp transmite tanto la desesperación como la ternura. Dos mujeres clavan sus punteras rojas en el suelo como agujas. Mientras, tres parejas, vestidas con holgados pantalones blancos, saltan en torno al escenario en afiladas y geométricas pautas. La pretensión del Corella Ballet es a través de un trabajo cuidado posicionarse entre las grandes compañías de ballet clásico mundo.
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