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Estreno de ‘Tres sombreros de copa’ por Teatres de la Generalitat
Ventana abierta a las ilusiones que resultan inalcanzables
Obra: Tres sombreros de copa
Autor: Miguel mihura
Intérpretes: Pep Cortés, Sergio Caballero, Inés Díaz, Pep Sellés, María Albiñana, Paloma Maldonado, Estela Martínez, Manuel Puchades, Pilar Martínez, Nacho Diago, Martín Cases Vidal, Julio Salvi, Abel Zamora, Rafael Calatayud
Escenografía: Paco Azorín
Vestuario: Miguel Crespi
Iluminación: Juanjo Llorens
Música: Pep Llopis
Dirección coreográfica: Amparo Zamora
Dirección escénica: Antonio Díaz Zamora
Produción: Teatres de la Generalitat Valenciana
Lugar: Teatre Talia - València
Fecha: del 16 de octubre al 16 de noviembre
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Dos concepciones opuestas del mundo y de la vida son el eje en torno al que gira la nueva versión de la comedia Tres sombreros de copa de Miguel Mihura que se presenta en una producción de Teatres de la Generalitat Valenciana con dirección de Antonio Díaz Zamora. Esta pieza escrita en 1932 y que por su originalidad lleva aparejada una ruptura completa con el teatro cómico anterior, realiza una asociación inverosímil de situaciones y presenta diálogos poco lógicos además de incluir juegos lingüísticos que la aproximan al teatro de vanguardia de Samuel Beckett o Eugène Ionesco, por lo que está considerada como una de las obras maestras del teatro humorístico.
Tres sombreros de copa sitúa frente a frente la vida prosaica y ridícula y la vida poética y hermosa, es decir, dos mundos que conviven aunque sean irreconciliables, el de Dionisio y Paula que conciben la vida de formas muy diferentes. El de Dionisio se corresponde con el mundo burgués, adinerado, aburrido, lleno de convencionalismos y condicionado por una moral estricta y arraigada a las costumbres, mientras que el de Paula representa el mundo del espectáculo, la libertad, la alegría y el mundo de la imaginación, justo lo contrario a los convencionalismos sociales.
La pieza arranca como un mero trámite, el del novio, Dionisio, que pasa su última noche de soltero en un hotel de provincias a la espera de casarse al día siguiente con su prometida. En el establecimiento es recibido por Don Rosario, el dueño que se encarga de hacer que la estancia de Dionisio sea placentera y tranquila. Esas pretensiones, sin embargo, se truncan cuando llega al hotel una compañía de variedades en la que está integrada Paula y que romperá la tranquilidad.
Habitación y playa
Aunque la puesta en escena se mantienen fiel al texto de Mihura, el director de la representación asegura que su pretensión ha sido la de “ver esta comedia con ojos de hoy en día, sabiendo todo lo que ha transcurrido desde que fue escrita, pero sin traicionar la esencia de la obra que escribió el dramaturgo”. Además de destacar “lo que de anticipo a su época tiene la obra” Díaz Zamora reconoce que con este montaje pretende “hacer un viaje desde el hiperrealismo hasta el surrealismo, pasando por el expresionismo y varios géneros teatrales como la comedia, el music-hall, los gags circenses o el slapstic cinematográfico”.
El trabajo, sin embargo, sigue el objetivismo de finales de los años 20 y principios de los 30 y propone una interesante novedad en cuanto a la escenografía, que ha sido diseñada por Paco Azorín. Los tres actos en los que está dividido Tres sombreros de copa se desarrollan en el único espacio que representa la habitación del hotel en el que está alojado Dionisio, pero Díaz Zamora subraya que el espacio escénico “se transforma en el segundo acto y, por lo tanto, hay dos planos diferentes”. Esa transformación se materializa al elevar la habitación hacia el telar y, como si de una ventana abierta se tratase, permite descubrir una playa, un lugar que para Díaz Zamora es “un recurrente de libertad”. De hecho, el propio director subraya que “el segundo acto ofrece la posibilidad de descubrir, como le sucede a Dionisio, la libertad, una vida más abierta e, incluso, algo más importante: el amor”.
La playa y las ansias de libertad, sin embargo, desaparecen cuando el escenario recupera la fisonomía que mostraba durante el primer acto, lo que puede interpretarse como una metáfora de que el amor y la libertad quedan definitivamente finiquitados.
Díaz Zamora reconoce que “lo que se ha pretendido ha sido llevar a escena lo que Mihura dice de lo inverosímil, lo desorbitado, lo absurdo o el inconformismo pero también todo lo que tiene la comedia de lírica, poética e incluso patética”.
Joseba Gorostiza
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