Lo más remarcable es que Enclave de calle de Burgos tiene una personalidad propia que se ha ido configurando a base de una selección programática muy cuidada. Esta identidad se basa en cuatro vías fundamentales. la oferta de inventos, maravillas, apuestas singulares de pequeño formato, tanto en su plaza de los ingenios como en el denominado paseo de los Tiovivos, que este año logró una aceptación popular cuantitativa muy importante, y para ello acompañó la climatología. Vimos a niños, a menos niños, montándose en todas las atracciones y propuestas teatralizadas, tiovivos ecológicos, la danza observada en el hinchable de Producciones Imperdibles, el mundo propuesto por El retrete de Dorian Gray, observando las maravillas de Rouillegorge Et Cie con carruseles, balancines o una exposición de animales mecánicos realmente sugerente, o ver el Ciné Zenon Palace de Les Cubiténistes, una experiencia cinematográfica que se remonta a las sensaciones que debió causar el invento en siglos pretéritos.
La segunda gran opción que se mantiene desde hace varios años es la de colocar en ese gran espacio natural de El Parral, circos o carpas con circos o propuestas fuera de lo común. Este año era doble la oferta, los franceses Des Chiffonnières & Le Quarantième Rugissam ofreciendo en su Le Bal des Fous, un espléndido trabajo de objetos y muñecos con una triple programación a base de Moby Dick, de Herman Melville, que también se mostraba en solitario, junto a Le crocodile basado en un texto de Dostoïevski y Le pécheur de Tolède de Chéjov, que proporcionan un triple acercamiento en un espacio único y con música en directo a textos de grandes autores de la literatura universal. Tanto el espectáculo mostrado como el espacio donde sucede crean una unidad ambiental que sumerge a los espectadores en mundos fantásticos.
La compañía suiza de Nicole & Martin, presentan sus tres espectáculos en una carpa muy especial, y les vimos en esta ocasión El pescador y su mujer, un cuento moral, narrado con pasajes musicales tocados por los dos artistas que además de su narración, hacen números circenses, en ocasiones inverosímiles y siempre con una pulcritud casi matemática en su ejecución.
En la representación presenciada asistimos a una de las clásicas situaciones en donde debemos reflexionar sobre la educación como públicos de espectáculos en vivo de niños y niñas, que en esta función disfrutaban y comentaban en voz alta o respondían a unos estímulos que no pedía el espectáculo. Hay que pensar muy en serio sobre estas cuestiones.
La tercera opción programática la encontraríamos en los espectáculos itinerantes, en esta ocasión vimos a los ilerdenses de La Cremallera Teatre, y sus tres espectáculos diferentes, David el ogro, Los rastreadores y Duendes, con un acompañamiento de música popular, y un vestuario muy elaborado para cada una de sus propuestas que le da una impronta particular.
Y la cuarta pata son los espectáculos realizados en espacios fijos, tanto en el Paseo del Espolón o en la Plaza Mayor. En este apartado caben desde la danza, a los payasos, o los títeres, este año con el precioso camión de Axioma Teatro y sus títeres para adultos, o Cal y Canto que presentó Éxodos también la plaza Mayor, al igual que Terapia de Markeliñe que consiguió atrapar a un gran número de espectadores con su bello y potente trabajo. En este campo podríamos colocar la propuesta del grupo local Bambalúa que en la Fortaleza del castillo presentó La gallina ciega.
En este relato sucinto, realizado en crónica de alcance no se puede transmitir todas las sensaciones provocadas por este conjunto de espectáculos que nos hacen ver una idea de estructura de programación que entendemos se debe mantener porque le confiere singularidad.
Carlos Gil Zamora