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BAD 2008
No todos los caminos llevan hasta la misma vereda
Estabilizado en cuanto a su estructura básica, perfilando sus contenidos para acercarlos a una invisible línea programática que aporte novedad, sorpresa y búsqueda, el BAD celebró una edición que deja algunos destellos que apuntan hacia un eclecticismo que refleja de manera concisa una realidad emergente que se muestra en tendencias que van en muchas direcciones estéticas, que confluyen en una reiteración de signos y de intenciones menguantes.
En el denominado pre-BAD tuvimos ocasión de ver Kaïros, Sísifos y zombis, la nueva producción de L’Alakran, de Oskar Gómez y Espe López que se mantienen fieles a sus concepciones del espectáculo y que en algunos momentos logran cautivar por su parte más surrealista, aunque notamos en otros momentos, una suerte de agotamiento de la fórmula. En todos los casos mantienen una espléndida relación con los públicos.
Dos estrenos de compañía locales nos dejaron una sensación de búsqueda real, de penetrar en ámbitos interpretativos por los que es difícil transitar pero que se caminan con solvencia, asumiendo muchos riesgos, pero desembocando en un lugar reconocible y perfectamente asimilable como experiencia teatral de primera magnitud y en ambos casos se trata de presentaciones en diálogo entre actor y músico.
Nos referimos a Paisaje con Argonautas de Heiner Müller, que presentó Kabia, que es el espacio experimental de Gaitzerdi Teatro, en donde el trabajo entre el director Borja Ruiz y la actriz, Juana Lor logran una simbiosis escénica verdaderamente convulsiva y consiguen desentrañar el hermético texto del gran autor alemán acompañados por las músicas de Iñigo Olazabal.
La otra experiencia es, aparentemente, más personal, con Gabriel Ocina como gran demiurgo aunque siempre en un diálogo constante con el piano de Maria Vega, lo que hace de El lobo y el alma, uno de esos experimentos que crecerán en el tiempo y con sus representaciones en donde podemos visualizar las posibilidades del cuerpo, de la palabra, la música y el movimiento cuando de manera escalonada forman una estructura variable.
Aunque una de las experiencias más curiosas vividas en este BAD, que lógicamente presentó muchas más obras, encuentros y actividades diversas, que las aquí reseñadas, es la proporcionada por los italianos de Teatro delle Ariette, y su obra- comida titulada con mucha retranca Teatro da mangiare? que coloca a una treintena de comensales en una gran mesa y mientras les van sirviendo un menú elaborado por los propios actores-cocineros con productos naturales cosechados por ellos se van desgranando monólogos, canciones o recitados. Es realmente chocante en cuanto a lo que tiene de ‘teatro veritá’.
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