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Entrevista con Ane Miren, contorsionista y actriz
“Ser artista requiere saber
trasmitir lo que llevas dentro”

Tras haber dedicado más de media vida al contorsionismo, Ane Miren ha optado por abandonar esta disciplina artística y cumplir así un objetivo que se había marcado de antemano, aunque su retirada también llega motivada por una lesión ajena a la actividad circense. A la hora de hacer balance de una trayectoria que se ha prolongado durante 20 años, la contorsionista y actriz se muestra encantada por haber podido desarrollar esta actividad “a pesar de que mi cuerpo no estaba especialmente cualificado para las contorsiones porque tengo las articulaciones muy duras y es muy musculoso”.
Ha llegado el momento de despedirte del público. ¿Lo dejas con pena?
He tenido que suspender algunas actuaciones que ya tenía concretadas pero la verdad es que estoy muy contenta porque llego al final de mi trayectoria artística, en la que he conseguido situarme donde quería y demostrarme a mí misma y a los demás que podía conseguirlo. Me siento plena por lo que he hecho como artista y como persona.
¿Acaso tu cuerpo ha perdido flexibilidad que requiere esa actividad?
Que va, justo lo contrario. Creo que estaba en el mejor momento porque había llego el momento en el que mejor dominaba mi cuerpo y tenía más control. Ahora sé trabajar mi cuerpo mucho mejor. Además estaba trabajando en un nuevo número que ya tenía muy perfilado y que era mucho más exigente a nivel de contorsión porque estaba basado en un número tradicional de circo. Iba a ser un espectáculo grácil, sensual, perfecto... cómico y de contorsión. Quería jugar con mi carácter, porque tengo fama de ser ‘heavy metal’, y con criticar a quienes se piensan que son los divos y divas del mundo del espectáculo.
Igual tienes la oportunidad de dirigírselo a alguien que siga tus pasos.
No lo sé. Pero tendría que encontrar a una persona que además de técnica transmita algo más. Para mí ser artista es tener técnica, saber estar en el escenario... es mucho más.
¿Qué te impulsó a entrar en el Circo Amateur del Club Deportivo de Bilbao?
Empecé allí con 14 años. Cada año, el día de Reyes se hacía un espectáculo de circo y yo flipé cuando ví aquello. Ví un número de contorsionistas y dije ‘yo también quiero’. Aunque intenté empezar con las contorsiones ya había cuatro artistas que se dedicaban a ello y como me dijeron que no había sitio no tuve más remedio que dedicarme al monociclo.
¿Qué recuerdos tienes de tus primeras actuaciones ante el público?
Hice mi primer ‘numerito’ de contorsión con 16 años sin tener ni idea de qué era aquello. Luego me puse a trabajar en la calle y estuve en Londres sin tener mucha idea de nada; sabía hacer dos puentes, un remontado y poco más. En aquella época hacía un espectáculo de media hora de duración en el que, en realidad, el número que hacía duraba tan sólo cinco minutos.
Pero tu formación es, básicamente, autodidacta.
Sí, y así empecé. El primer día que metí los pies por detrás de la cabeza me quedé atascada y sin respiración. Pero tenía claro que se trataba de investigar. La verdad es que no tengo ni idea de cómo lo he hecho pero lo que tengo claro es que lo he conseguido.
...¿tal vez a base de entrenar y de perseverar?
Puede ser. Soy muy terca y con 21 años empecé a entrenarme durante diez horas al día. Y estuve así durante casi dos años. Ser tu propio profesor muchas veces es peor porque te obligas más.
¿Cuándo te planteaste hacerte profesional del contorsionismo?
Creo que desde pequeñita porque nunca pensé “yo voy a vivir de esto”, pero tenía claro que lo iba a hacer. A mí desde chiquitina me gustaba el espectáculo y en casa ya me dedicaba a bailar; ballets o lo que fuese. En realidad me hubiese gustado trabajar de actriz pero mi vida ha sido como ha sido y como no tenía dinero y para hacer contorsiones sólo necesitaba mi cuerpo, pues encantada de la vida porque doblando mi cuerpo me sentía libre.
¿Creías que podrías vivir de ello durante todo este tiempo?
Cuando empecé pensé que podría llegar hasta los 38 ó los 40 años, pero cuando fueron pasando los años me parecía brutal que pudiese llegar a los 36 y cuando volví de Barcelona con 30 años me pregunté “¿Cuántos años te quedan? Cinco, pues lo que voy a hacer en ese lustro va a ser disfrutar”.
Tus primeros pasos los diste en el Circo Rampin Show.
Era una familia de circo con la que actuaba en el Parque Infantil de Navidad de Bilbao, pero no sabía hacer más que cuatro cosas. Pero yo salía porque suplía mis carencias técnicas con el saber estar en el escenario.
¿Has tenido muchos problemas para hacerte tu hueco en esta profesión?
Al principio la gente se quedaba sólo con mi carácter y con mi estética, en lugar de valorar lo que yo hacía, por lo menos durante los cinco primeros años que estuve en Catalunya. De eso pasé a que gente que antes me menospreciaba me pedía que subiese al escenario y salvase el espectáculo. La envidia es muy mala y yo estoy orgullosa de haber llegado a donde he llegado por mi trabajo y mi entrenamiento sin tener que recurrir a ser ‘coleguita de’.
Has hecho la mayor parte de tu carrera en solitario. ¿Te sientes más cómoda trabajado así?
A mí me encanta trabajar sola porque soy yo misma aunque, en realidad, es más fácil trabajar con más gente porque si fallas no se nota tanto.
¿No te hubiese gustado integrarte en una gran troupe como el Cirque du Soleil o alguna compañía similar?
Parece una casualidad pero poco después de verme obligada a dejarlo recibí una carta del Cirque du Soleil, que habían visto el espectáculo que hacía con Lluís Llach y que les había encantado mi trabajo, y me preguntaban por el tipo de números que hacía y si estaba interesada en trabajar con ellos. Lo primero que pensé fue: ¡A buenas horas mangas verdes!, aunque es un motivo de orgullo que esa gente se acuerde de ti sin tener que pasar por un casting.
Seguro que será imborrable esa experiencia con Llach en el espectáculo de teatro visual, música y circo ‘Tranuites Circus’.
Fue un número brutal que se integraba en un espectáculo que contaba con la dramaturgia y dirección de Lluís Danés y en el que participábamos casi diez músicos, cinco artistas de circo y una actriz. Yo hacía mis contorsiones sobre un piano que tocaba Llach y como estaba muy cerca de él se creó una complicidad muy grande entre los dos. Por lo que me habían dicho tenía una idea falsa de él. Le advertí de que podía parecer un número ‘pornográfico’ y él me aseguró que era un ejercicio muy sensual. Se creó una complicidad muy grande entre los dos y también con el resto del equipo. Además tuvimos el privilegio de ensayar durante mes y medio para un espectáculo que se iba a representar durante sólo diez días.
Además de espectáculos propios como ‘No me mires que me quiebro’ y ‘A la hora de cerrar” también has participado en trabajos de circo, películas, videoclips, publicidad y en espectáculos ajenos. ¿Dónde te has sentido más cómoda?
La verdad es que teniendo las condiciones que necesitaba y si se respetaba mi espacio, me podía sentir cómoda en cualquier sitio y en cualquier disciplina. Sólo pedía que me respetasen mi moquetita y que no se fumase cuando estaba calentando, que para mí era todo un ritual que empezaba por calentar las piernas durante media hora, maquillarme, fumar un cigarrito y luego me ponía a trabajar la espalda durante una hora. Seguía con quince minutos de flexibilidad y terminaba con otro cuarto de hora de contorsión.
¿Y dónde te has encontrado peor?
En realidad, donde menos cómoda he estado ha sido en una carpa de circo, porque no he tenido condiciones para trabajar como a me gusta, ya que la gente que no trabaja lo físico no es consciente de lo que necesitamos. En realidad yo he optado por sacar la contorsión de la carpa del circo.
Algunos artistas aseguran que el mejor premio es el aplauso del público. ¿Compartes esa opinión o en tu caso te reporta más satisfacción observar sus caras de sorpresa?
He llegado a ver espectadores que lloraban y también me ha pasado que nadie aplaudía al final de un espectáculo porque se quedaban con la boca abierta, como me ocurrió cuando actuaba con Dani Nel.lo en el Espai Escènic Joan Brossa. De todas formas lo que más satisfacción me generaba era que cuando surgía cualquier problema técnico era capaz de recurrir a la improvisación y conseguía salvar cualquier situación.
¿Qué requisitos necesita una persona para poderse dedicar a esta disciplina?
Tanto para esta disciplina como para cualquier otra relacionada con las artes es necesario ser más que perseverante. Hay gente que se piensa que esté en Jauja pero, de hecho, creo que la gente que se dedica al arte o a actuar tiene que trabajar el triple que el resto porque primero tienes que entrenar o ensayar, luego tienes que hacer trabajo de oficina y, al final, es cuando tienes que mostrar tu trabajo. Ser artista te plantea el reto de hasta dónde estás dispuesto a entregar tu vida para conseguir lo que tú quieres. Ser artista no requiere solamente dominar una técnica, sino que exige saber trasmitir lo que tienes dentro.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiera dedicarse al contorsionismo?
¡Que pase por mi lado! Ja, ja, ja... No sé, al final son muchas cosas. Primero creer en uno mismo, aunque es muy difícil cuando tampoco tienes dónde agarrarte. Pero creer en uno mismo en exceso también puede ser muy peligroso y de hecho hay artistas que se piensan que son la hostia cuando en realidad no lo son.
¿Tienes la sensación de que el circo esta recuperando el prestigio que había perdido o sucede justo lo contrario? ¿A qué lo atribuyes?
Está más de moda pero el prestigio no lo ha recuperado. A mí lo que más me molesta es el trato despectivo de muchas personas que desconocen el trabajo que hay detrás de cada artista. Frases dichas en tono peyorativo como “¡vete al circo!” o “¡eres un payaso” me duelen en el alma y me parecen una falta de respeto hacia el impresionante trabajo que hacemos los artistas del circo.
Ahora estás en el gaztetxe Kukutza enseñando contorsiones.
Estoy en Kukutza y, a pesar del frío que pasamos, le hago la ola a ese espacio porque tiene dedicada una planta entera para que sea usada por la gente que se ejercita en diferentes disciplinas circenses. En mi caso, estoy impartiendo cursillos de flexibilidad a cuatro personas en el grupo de los lunes y otras cuatro en el del viernes. Para ser el segundo mes está muy bien, porque la gente se asusta cuando le hablas de asistir a clases de flexibilidad y contorsión y en realidad hay muchas cosas más: estiramientos con flexibilidad, control físico... También estoy dando circo en general en la Ikastola de Zaratamo y he dado intensivos de varios días dentro de las actividades de Koblakari-Asociación de Malabaristas de Bizkaia a los que acude gente del teatro o de la danza porque a todo el mundo le viene bien estirarse.
¿Qué futuro le espera a una artista cuando se retira tan joven?
Como lo dejé tan de sopetón he estado desde mayo hasta septiembre sin hacer nada y, para poder comer, me tuve que poner a trabajar de camarera. Pero lo que me gustaría en realidad es enseñar a los demás lo que yo he aprendido porque eso es algo que siempre he tenido en mente. Tenía claro que en algún momento tendría que dejarlo pero pensaba que, como soy tan chula, iba a ser cuando yo quisiera.
¿Tiene el circo el apoyo que necesitaría por parte de las instituciones?
Creo que las instituciones vascas deberían apoyar el circo porque no hay ningún tipo de ayuda. Eso sí, luego se organizan muchos festivales de circo y se contrata a muchos artistas pero ¿quién nos apoyaba cuanto nos teníamos que formar para llegar hasta aquí? Yo soy la última persona que se ha formado en el Club Deportivo de Bilbao que estaba en activo, pero ahora ya no hay ninguna posibilidad de formación. Desde que volví a Euskal Herria no he tenido ninguna ayuda de nadie del Gobierno Vasco. La única persona que me ha ayudado y que me ha abierto algunas puertas ha sido Norka Chiapuso, de Donostia Kultura, que no me conocía de nada pero me llamó cuando cerró el Circo de los Horrores para darme un montón de trabajo. Aquí se organiza mucho festival de circo y se trae a grandes compañías pero a los artistas de aquí no se nos apoya en nada. Tengo la sensación de que la situación aquí está igual que lo que sucedía en Catalunya hace 15 ó 20 años.
¿Tendría sentido una escuela de circo en Euskal Herria?
No es sólo que tenga sentido, es necesaria. Creo que el circo, el teatro y la danza, en realidad, es todo uno. Son disciplinas que deben impartirse en el futuro Centro Superior de Artes Escénicas de Euskadi. La cuestión es ¿por qué la gente del teatro ha conseguido un centro y los demás no? Igual me equivoco pero tengo la sensación de que la gente del teatro lo está acaparando todo; las subvenciones y todo lo demás y, mientras tanto, unas cuantas personas estamos luchando como locas para que se nos escuche. Creo que, para empezar, sería necesario que la gente del circo tuviésemos un hueco en ese nuevo centro. En Francia hay un nivelazo de circo porque hay escuelas y porque tiene el apoyo del Gobierno. Sería perfecto que Euskal Herria contase con una escuela de circo que sería la tercera del Estado español, tras las de Barcelona y Madrid. Si tienen la ‘pasta’ para montar un centro de formación teatral, algo que me parece genial, también tendrán dinero para crear una escuela de circo.
¿Vas a seguir vinculada al circo? ¿De qué manera?
En este momento, para mí, la cuestión es: y ahora ¿qué hago? Me he quedado sin trabajo a principios de temporada y me gustaría que mis compañeros de profesión me hiciesen una fiesta porque me he quedado sin un duro. Me encanta que os hayáis acordado de mí para hacerme una entrevista; no porque sea Ane Miren sino porque soy parte de la historia del circo y porque he demostrado que se puede vivir de esto y que algunas cosas se pueden conseguir. La posibilidad de seguir vinculada a esta actividad pasa por dar clases. Cuando estuve en Barcelona ya daba clases de contorsión pero la gente se apuntaba a los cursillos de malabares, a los de trapecio,... y no se apuntaban a los que yo daba. Pero las cosas, aunque muy lentamente, están cambiando; por ejemplo, en los cursos de trapecio que se están dando en Txurdinaga el pasado año estaban apuntadas un par de personas y ahora hay lista de espera. De todas formas, hay que tener la mentalidad de que el circo, sobre todo al principio, no es un negocio y además es un trabajo muy lento.
Joseba Gorostiza
Ane Miren atraviesa el telón
Hay ciertas llamadas telefónicas que determinan un antes y un después. Es el caso de una reciente llamada de la contorsionista Ane Miren, tenaz artista de circo a quien siempre he admirado por su voluntad y su personalísimo lenguaje escénico.
Ane Miren me cuenta que una lesión la obliga a retirarse. Una lesión ajena al circo, que viene a truncar veinte generosos años dedicados a su público. Al teléfono, su voz sigue trenzada alrededor de ese acero que conozco en su carácter. Pero hay algo nuevo, algo borroso en su tono, algo muy parecido a la alegre tristeza –o quizá a la triste alegría– de los cambios inesperados.
A los catorce años, sin ser de familia de circo y habiendo muy probablemente superado la edad más indicada para iniciarse en el contorsionismo, su vasca tozudez decidió escoger precisamente esa especialidad, una de las más duras y sacrificadas de las artes circenses. Quizá sean esa dureza y ese sacrificio las razones por las cuales el territorio ibérico haya dado tan pocos contorsionistas en las últimas décadas –y aún mucho menos en el circo contemporáneo–. Superando ese adverso conjunto de circunstancias, Ane Miren ha sido fundamentalmente autodidacta y ha inventado un lenguaje y un estilo propios. Recuerdo el fuerte impacto que me produjo su carácter escénico cuando la ví actuar por vez primera en el barcelonés Ateneu Popular de Nou Barris: las casi imperceptibles imperfecciones técnicas de aquel entonces quedaban ocultas por la potencia de su gesto, de su mirada, por su manera de llenar la escena.
La trayectoria de Ane Miren, su ejemplo y sus resultados han impregnado muy notablemente nuestro circo contemporáneo. Ha intervenido en multitud de combinados y espectáculos de circo y cabaret. Ha trabajado en cine, ha participado en innumerables galas televisivas y ha efectuado incursiones en territorios tan alejados entre sí como la publicidad y la escena experimental. En ese último apartado destacan la sinuosa cabaretera que en el año 2003 interpretara en el atípico ‘Estranyes sensacions’ del barcelonés Espai Escènic Joan Brossa junto al saxofonista Dani Nel·lo y el percusionista Martí Perramon, el ‘¿Dónde estamos?’ con la compañía Semolina Tomic (Festival Plaza, Donosti 2003), su protagonismo en el homenaje al escritor y ensayista valenciano Joan Fuster (XVII Mostra de Mim de Sueca, 2006), en el homenaje al también escritor Gotzon Garate (Durango, 2005) y su hiriente intervención en el espectáculo ‘Tranuites’ (Teatre Nacional de Catalunya, 2007), navegando en el interior de una desvencijada maleta hacia el puerto de su particular Ítaca después de haberse deshojado, desgarrado entera sobre el piano de un transportado Lluís Llach que le cantaba Com un arbre nu (Como un árbol desnudo).
Ane Miren se retira. Y lo hace, según me cuenta, con tristeza pero al mismo tiempo con buen sabor de boca. Cierra una etapa de su vida artística para abrir otra, sin alejarse un ápice del mundo del circo. Situándose tras el telón con la voluntad de transmitir a las nuevas generaciones de artistas toda su experiencia en contorsionismo, impartiendo talleres, cursos y clases particulares, asesorando la creación y puesta en escena de nuevos números.
Me complace ahora rescatar un comentario que sobre Ane Miren publiqué en el diario AVUI de Barcelona el 3 de marzo del 2000 a raíz de ‘Y a ti te encontré en la calle’, un combinado de circo presentado en el Ateneu Popular de Nou Barris: “Cada día me gusta más la contorsionista vasca Ane Miren, una artista de fuerte carácter escénico que borda un número de estética impecable en el cual su cuerpo de plastilina no puede ocultar ni el alma ni la esencia de una mujer con voluntad de acero”.
Por tu carrera, por tu tenacidad, por tu futuro, por todo lo que seguirás aportando al desarrollo de las artes circenses, muchas gracias, Ane Miren.
Jordi Jané
(crítico y activista circense)
octubre 2008 |
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