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    Gente de palabra: Albert Estengre, narrador de cuentos

    “Me dí cuenta de que el público, si sabes escucharlo, es un buen aliado”

    Soy catalán y me dedico exclusivamente a contar cuentos desde 1995 a público de todas las edades. Básicamente mi repertorio se nutre de cuentos e historias de tradición oral. Pienso que los cuentos tradicionales casi sin querer hablan y dan pie a reflexionar a cerca de casi todo. Contando me gusta descubrir el mundo con los niños, reflexionar con los adultos y, siempre que se pueda, reírme con todos.

    ¿Qué es contar para ti?
    Ay, no lo sé... supongo que cuando cuento entretengo, divierto, hago pensar, critico, cuestiono, hago amigos y otras cosas, que en definitiva no son más que virtudes que tienen los cuentos. Pero para mí ahora contar es divertirme mientras me cuento un poquito.

    ¿Cuánto tiempo llevas contando profesionalmente?
    13 años, empecé en otoño de 1995.

    ¿Cómo fue que comenzaste?
    Yo no quería, no lo veía nada claro. Contar cuentos sin ser ningún personaje ni manipular títere alguno me parecía una manera de actuar un poco pobre. “Queremos apostar por la palabra, pura y dura. Buscamos que el público se lo imagine todo”, eso me dijeron que querían. Y cuando, después de un año de insistirme, les pregunté si eso de escuchar un cuento de aquella manera no les parecía un poco aburrido, me dijeron que NO. Ese no fue tan claro que, acompañado de una oferta económica, me convenció y comencé a contar. La primera vez fue la peor, el público (infantil) se me descontrolo. Yo, que venia del mundo del teatro y teatro de títeres donde siempre habíamos tenido una “cuarta pared” interesada, callada y sobretodo quieta, me asusté al ver que en aquel primer día de contar el público se había vuelto mi enemigo. Con el tiempo y las contadas me di cuenta de que el público, si sabes escucharlo, es un buen aliado y que el cuento contado de aquella manera que me pidieron no tiene nada de pobre.

    ¿Un narrador/a nace o se hace?
    Me parece una pregunta demasiado concreta. Depende. Si el narrador cuenta desde un personaje, creo que se puede hacer. Pero si quien narra considera el cuento una de las formas más básicas de transmitir una historia y usa su experiencia vital como técnica para contar, entonces creo que es mejor que el narrador nazca.

    ¿Es posible formarse para contar? ¿Cómo debería ser esa formación?
    Supongo que sí, hay muchos cursos anunciados, pero ese es un tema que no me interesa demasiado. Uno se puede formar en actividades en las que para realizarlas hay que aplicar técnica, en esta, por lo menos tal como la practico yo, me parece un poco más difícil. Noto que cuando mejor llega el cuento es cuando más metido estoy yo en el, bueno, o el en mí. Quiero decir que la herramienta que mejor me funciona soy yo mismo, me permite improvisar sobre cualquier tema y eso creo que transforma el espectáculo en algo más cercano, casi íntimo. Cuando alguien me pregunta que como se cuenta un cuento, a mí solo se me ocurre preguntar “a ver ¿Cómo lo cuentas tú?”. Creo que hay que ser sincero con uno mismo y con el cuento. Donde sí creo que debería haber más formación es en el movimiento en el escenario. Hay narradores que, contando bien, no transmiten el cuento porque no saben moverse por el escenario. Saber hablar en público, sea lo que sea que se cuente, necesita técnica y eso se aprende.

    ¿Para quién prefieres contar? (Edades, espacios, idiomas)
    Me da igual contar para niños que para adultos. El público infantil es más cruel pero a la vez es más fácil, siempre puedes ver por donde van (más o menos). Siempre pienso que me gustan más lo niños, pero cada vez que hago una sesión de adultos cambio de opinión. Creo que para poder escuchar bien, el público tiene que estar cómodo, en un espacio que no sea disperso. El idioma. Yo tengo dos. Quizás en catalán tenga más fluidez, porque lo uso más, pero en castellano tampoco tengo problemas. Yo me doy cuenta que estoy contando fuera de Cataluña no por estar hablando en castellano, sino porque noto que el humor, la ironía... cambian.

    ¿Qué tipo de historias prefieres contar? (De tradición oral, de autor, propias, mitológicas, de humor?)
    Prefiero los cuentos tradicionales. A la hora de ser contados me dan mucho más de si. Las de autor me gusta leerlas, cuando las cuento se me terminan enseguida.

    ¿Cuál es la "cocina" de tus historias? ¿Cómo te preparas o preparas la historia para contarla?
    Casi nunca escribo cuentos. Cuando encuentro una historia que me gusta me la leo unas cuantas veces (pocas) la aparco para que repose y al cabo de unos días me lo cuento. Si lo que recuerdo me gusta me lo suelo quedar. Veo que es una manera quizás poco ortodoxa pero...

    ¿Cuáles son para ti las condiciones ideales para contar? (Espacio, número de asistentes, edades, luz, ruido...)
    Las mínimas. Que se me vea y se me oiga en un lugar (escenario) poco disperso. Contar en tercera persona y solo con la palabra (que es la forma como suelo contar) me parece la manera más básica de transmitir una historia. Como mi intención es que cada uno se aplique el cuento, que cada cual se dibuje y mastique a su manera la historia, lo mejor es que el espacio sea bastante neutro y que la iluminación invite a intimar. El número de asistentes viene dado por el espacio, tienen que verte y oírte bien. En cuanto a las edades creo que lo más cómodo es que todo el público sea de la misma edad (me refiero a la edad mental). Esa comodidad casi nunca se da en las bibliotecas, que lástima, no?

    Contar ¿arte, tradición, terapia, instrumento pedagógico...?
    Contar me parece un arte, una tradición, una terapia y un instrumento pedagógico. Pero cuando mejor me funciona, cuando se cumplen todas estas virtudes, es cuando pienso que una contada es un acto lúdico.

    Contar con aliados (música, dibujos, títeres, objetos...)
    He contado con todo lo que sugiere la pregunta y me parece bonito y enriquecedor, pero me gusta más contar solo.

    ¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad?
    Extraño. Después de 13 años de vivir del cuento me sigue pareciendo extraño que la gente valore tanto (tanto como para que haya quien pueda vivir de eso) una actividad tan sencilla... o no tan sencilla, depende. Es extraño que en este mundo tan tecnificado la palabra siga funcionando como siempre. Seguramente es que no me he parado a pensar al respecto. Yo creo que siempre habrá alguien que viva del cuento.

    Como gremio ¿cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión?
    A mi me gustaría dar a conocer suficientemente la narración de cuentos como para que la actividad saliera en los medios de comunicación de forma tan habitual, como por ejemplo el teatro. Que se hicieran críticas de narradores. Creo que deberíamos conseguir que la sociedad llegase a distinguir entre un buen y un mal narrador/a de cuentos para que si un día una sesión fuera mal, se crucificara al narrador y no a los cuentos.

    Anécdotas de cuentero...
    La anécdota que más me gusta de las que me han pasado sucedió un día en una biblioteca contando cuentos del demonio. El cuento terminaba un poco sin terminar, vaya, que quedaba claro que el demonio seguiría haciendo de las suyas en otro lugar y con otros personajes. Pues bien, al terminar nadie aplaudió, yo había terminado pero ellos no, se veía que el cuento seguía trabajando en sus cabezas. De prono alguien se levanto y titubeando me pregunto: “Sí, bueno, pero el demonio existe o no?”. Yo no quería contestar y puse cara de indefinición. Al momento una niña se levantó y súper convencida contestó: “Sí, claro que sí. Si Dios existe...”. Ella no terminó la frase pero todos la entendieron y asintieron. Los pobres se fueron con el cuento metido en la cabeza y con la intranquilidad que debe dar saber a ciencia cierta que el demonio existe.

    Virginia Imaz

     

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