|
|
Gente de palabra: Marina Sanfilippo y Cristina Mirinda
“El buen narrador empieza su aprendizaje a los cuarenta meses”
Virginia Imaz
Desde 1993 Marina Sanfilippo y Cristina Mirinda cuentan historias de viva voz y junto con su compañera francesa, Brigitte Arnaudiès, integran el Grupo Trecola. Marina Sanfilippo nació en Roma y de pequeña, cuando le entraba miedo por la noche, despertaba a su hermano Mauro y le contaba historias para alejar demonios afónicos y vampiros leprosos. Sus terrores nocturnos eran recurrentes, así que tuvo que aprender a contar historias muy buenas, para que Mauro no la odiara por robarle el sueño tan a menudo... Cristina Mirinda nació en Galicia, tierra de lobos pasados por agua. Allí creció, entre castañas cocidas con leche, junto a su hermano Rubén al que le daba plastilina naranja para merendar ¡y él se la zampaba encantado! Cristina encontró su chapa de mirinda, su identidad de narradora urbana, en el Rastro de Madrid y empezó a contar historias reales como la ficción misma y cuentos de rabiosa atemporalidad.
Marina Sanfilippo, Cristina Mirinda, para vosotras ¿qué significa contar?
Contar es el lujo de la vida.
¿En qué idiomas soléis contar?
Marina Sanfilippo: Empecé a contar en castellano y sólo al cabo de algunos años tuve ocasión de hacerlo en italiano. Ahora cuento en los dos idiomas, pero prefiero que mis narraciones nazcan en italiano, porque me resulta más fácil encontrar el tono, el ritmo, las imágenes y la emoción. Además en italiano me preocupo mucho menos por las palabras, fluyen con más facilidad y más felicidad, mientras que en castellano no me siento tan libre y esto, al principio, se nota en el gesto e incluso la respiración. Pero también es verdad que una historia es realmente mía sólo cuando ha pasado por el filtro de los dos idiomas, porque en el fondo, después de 25 años en España, mi voz verdadera vive entre dos lenguas y el cuento se enriquece en estos vaivenes lingüísticos.
Cristina Mirinda: Suelo contar en castellano pero cuando voy a Galicia cuento en mi lengua materna: galego. Alguna vez he preparado espectáculos bilingües en castellano e inglés.
¿Qué pensáis: una narradora nace o se hace?
Marina Sanfilippo: Creo que hay un poco de los dos. Según una psicóloga italiana, Cinzia Leone, el buen narrador no se improvisa, sino que empieza su aprendizaje alrededor de los cuarenta meses y en el desarrollo de sus competencias es determinante el modelo de narración propuesto por los padres u otros familiares cercanos. Pero por supuesto una cosa es ser narrador espontáneo o familiar y otra muy distinta actuar como tal desde un escenario...
Cristina Mirinda: Puedes, y debes, tener habilidades innatas, por supuesto, pero, al igual que el movimiento se demuestra andando, sólo si te dedicas a contar con pasión y a formarte en disciplinas complementarias, para conocer las posibilidades y los límites de tu voz, tu cuerpo..., podrás alcanzar cotas cada vez más altas como narradora o narrador. Tablas, tablas, tablas y espíritu de superación para lograr la mayor comunión posible con quienes te escuchan activamente: el público.
¿Qué tipo de historias tenéis en vuestro repertorio?
Marina Sanfilippo: Últimamente me llaman mucho las historias de vida y los hechos reales, como por ejemplo la vida de Antonio Meucci, un emigrante italiano que inventó el teléfono unos cuantos años antes que Graham Bell. Meucci fue un personaje fascinante que trabajó cómo técnico teatral, tuvo que emigrar porque era un revolucionario y en Nueva York vivió con Giuseppe Garibaldi... Contar su historia me permite hablar de viajes, luchas, amores, racismo y choques culturales. De la vida humana y de cómo nos construimos un destino.
Cristina Mirinda: La mayor parte de mi repertorio consiste en historias urbanas con una trama principal que se despliega en cajones donde caben descripciones sinestésicas, sinapsis neuronal a toda máquina y cierta crítica, que nunca ha de faltar.
¿Cuál es la cocina de vuestras historias?
Marina Sanfilippo: Es una cocina exclusivamente oral, nunca escribo nada. La palabra escrita es tan distinta de la oral, que utilizarla para preparar una narración me parece un contrasentido. Ante una historia nueva, lo primero que busco es el ritmo y, sobre todo, desde dónde quiero contarla. Pienso en ella, me obsesiono con ella, se la cuento a cualquiera que quiera escucharla, y a veces ahí se acaba todo, ya se sabe, hay flirteos que nos alegran la vida pero no van a ninguna parte. Y espero a que surjan imágenes, sensaciones y recuerdos o los busco: si la historia empieza en un supermercado delante del estante de las sopas en lata, habrá que ir a ver muchos estantes de ésos, en una fase en la que intento no utilizar palabras, sólo “ver” lo que pasa, porque, como dice el narrador italiano Ascanio Celestini “el narrador ve y por lo tanto dice; el público escucha y por lo tanto ve”.
Cristina Mirinda: Aprovecho la trama de los cuentos para rellenarla con las impresiones que me sugiere el mundo. La realidad circundante se me va acumulando en estratos que comprimo: los prenso y de ahí rezuman las imágenes con las que en cada contada voy ilustrando el esqueleto básico de mis historias. La improvisación es también un ingrediente: nunca el cuento contado es exactamente igual.
¿Contáis con música u objetos?
Marina: Desde hace unos meses trabajo con una flautista de música contemporánea. Lo que estamos buscando es que la música cuente y la palabra suene...
Cristina Mirinda: En algunas historias incluyo música pero no con instrumentos, sino a través del canto. Se trata de canciones que canto para dar ritmo a la narración y cuyas letras adapto a lo que ocurre en el cuento.
¿Para quién preferís contar?
Coro: para adultos.
A veces, sobre todo en el trabajo con público infantil, se utiliza la narración oral para fines pedagógicos o como instrumento de “animación” a la lectura; sin embargo, nosotras abogamos por la oralidad como un valor en sí mismo, algo que no está muy claro en esta sociedad escritocéntrica. Lo oral no ha de verse como una herramienta para animar a hacer otra cosa: a leer. Igual nos animamos a hacer animación a la lectura cuando se invente la animación a la escucha, a la palabra viva, a partir de la lectura. (Risas). Nuestra pasión son las historias orales, su capacidad para hacer nacer complicidad entre las personas, de hacer que algo pase y se cree una comunidad, efímera pero sólida, entre todos los que viven un espectáculo de narración de historias. No siempre se consigue, pero ésa es la magia que perseguimos con el público adulto.
|