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El Teatro Español estrena ‘Glengarry Glenn Ross’
Enfrentados por una crisis que premia y castiga
Obra: Glengarry Glenn Ross.
Autor: David Mamet.
Intérpretes: Carlos Hipólito, Ginés García Millán, Alberto Jiménez, Andrés Herrera, Gonzalo de Castro, Jorge Bosch, Alberto Iglesias.
Escenografía: Andrea D’odorico. Iluminación: Paco Ariza.
Vestuario: Ana Rodrigo.
Ayte. de dirección: Adriana Roffi. Dirección: Daniel Veronese.
Producción: Teatro Español.
Lugar: Sala Principal-Teatro Español (Madrid).
Fechas: Del 2 de diciembre al 17 de enero. |
Daniel Veronese dirige en la obra de David Mamet a
Hipólito, García Millán, Jiménez, Herrera, de Castro, Bosch e Iglesias
Una agencia inmobiliaria en quiebra. La amenaza de una inminente reducción de plantilla. Trabajadores sin escrúpulos que sólo quieren medrar aun a costa de los demás. Temporadas en las que todo parece salir mal... ¿Les suena? En efecto, es Glengarry Glenn Ross, la obra por la que David Mamet ganó el Premio Laurence Olivier en 1983 y el Pulitzer un año después, un retrato de la competitividad en el seno de las empresas y de la falta de escrúpulos cuando de lo que se trata es de vender, algo que el autor conocía bien tras haber trabajado en una agencia inmobiliaria de la que ha dicho que era un “montaje pirata”, ya que se dedicaban a conseguir datos relevantes de los potenciales clientes que quedaban registrados en una ficha que serviría al vendedor para planear una visita comercial. Y es eso precisamente lo que reflejó en la obra: una inmobiliaria que propone a sus empleados un juego perverso, pero de reglas sencillas. El mejor vendedor será recompensado con un Cadillac, el segundo más eficiente se llevará un juego de cuchillos y el que menos venda será despedido. El campo, una pizarra en el que se van marcando los logros de cada uno de los empleados. El material, fichas de potenciales clientes entre las que habrán de disputarse las mejores.
Este texto, que cobra una inquietante proximidad ante la virulenta crisis económica y financiera que sacude hoy nuestro mundo, heredero y, a la vez, víctima de un modelo productivo y social fundamentado en el materialismo sin escrúpulos y la competitividad extrema, volverá a ver la luz en el escenario del Teatro Español de Madrid, con una puesta en escena de uno de los más buscados y, en consecuencia, prolíficos directores de escena de la actualidad, el argentino Daniel Veronese, que salda ahora una cuenta antigua. Había intentado estrenarla en Buenos Aires cinco años atrás, poco después del corralito. No pudo ser. Ahora, gracias al ofrecimiento del teatro que dirige Mario Gas, tiene lugar este encuentro con Mamet, autor del que se reconoce cercano, y retratar con ello un mundo tan real como salvaje o inhumano.
¿Pero la crisis es solamente financiera o, como se puede colegir del texto, afecta también a los valores de las personas? Veronese: “El ser humano en general tiende a proteger a su familia, a su entorno personal y protegerse a sí mismo. Puede preocuparse por el otro que no conoce pero muy poca gente acciona en esa dirección. Desde que tengo memoria, si se tiene necesidad de sobrevivir, casi todo el mundo es despiadado con el prójimo. Me gustaría poder decir otra cosa pero la raza humana tiende a preocuparse por los valores humanos propios: de su país, de su ciudad, de su calle, de su familia... cuanto más sea la necesidad más cerrado estará ese cerco, esa frontera”.
Veronese, de quien se han podido ver por nuestros escenarios estos meses atrás dos adaptaciones de Ibsen al igual que hizo anteriormente con Chéjov, acostumbra a plantear sus propias versiones de las obras que monta, y sin embargo, asegura que en esta ocasión no ha tocado mucho: “Acostumbro a no ser fiel al autor cuando el trabajo me lo pide. No es una forma propia de encarar el teatro sino una necesidad. No es una herramienta que pongo sobre la mesa de trabajo antes del trabajo mismo. En este caso no tuve que hacerlo, la obra tiene una estructura perfecta, muy teatral, difícil pero que me llevaba a meterme en ella”. Lo que sí puso sobre la mesa es un equipo de intérpretes de peso: Ginés García Millán, Wiliamson, el director de la oficina; Carlos Hipólito es Levene, un veterano vendedor de éxito caído en desgracia; Alberto Jiménez, Moss, un compañero un tanto bocazas; Andrés Herrera, Aaronow, trabajador de naturaleza gregaria; Gonzalo de Castro, Roma, el exitoso comercial; Jorge Bosch, Lingk, un cliente de Roma; y Alberto Iglesias, Baylen, un policía encargado de investigar un robo en la oficina. Un elenco formado por actores bien conocidos, como ocurrió con el plantel que interpretó en la película dirigida por James Foley: Jack Lemmon, Al Pacino, Ed Harris, Alan Arkin, Kevin Spacey, Alec Baldwin y Jonathan Pryce.
Un equipo potente
¿Es señal de que es una obra coral? “Es una obra difícil, como dije, porque está estructurada en dos actos distintos el uno del otro. En el segundo podemos decir que la trama corre como un torbellino y la sensación es que estamos, sí, frente a una obra coral. No significa que no haya personajes más protagónicos que otros pero todos tienen su momento y por ende su importancia. Y el primer acto en cambio es una serie de tres escenas cortas de dos personajes cada una, que no se repiten y que se encontrarán recién todos –más el agregado del policía– recién en el segundo acto. La película tiene una estructura distinta. No respeta esa secuencia de escenas del principio. Sabemos, además, que en cine las cuestiones de producción y de elaboración del producto facilitan a un actor de mucho peso tomar un personaje pequeño ya que sólo le pide unos días de filmación. Aquí, por suerte, pude conseguir un equipo potente con muy buenos actores aun en personajes menores y eso lo agradezco. Agradezco a la voluntad de los actores de querer participar de este evento más allá de las líneas que le hayan tocado”.
¿Y qué es lo que se encontrará el espectador? ¿A actores que conoce bien en un registro interpretativo ‘veronesiano’ o ha habido una suerte de ‘negociación’? “Negociación me suena a que todos ganaremos algo, pero también perderemos. No, desde el principio siempre trato de hacer entender a los actores con los que trabajo que el único que tiene que salir ganando aquí es el teatro, el trabajo, y por ende el público. No podría hacer concesiones ni le pediría a ellos que las hagan. Nos juntamos y tratamos de encontrar la forma de expresar esta obra de la manera más genuina y potente posible dadas nuestras virtudes y nuestros defectos. Y ese encuentro fue muy bueno. No tuve que convencer a nadie de nada, ni explicarles demasiado lo que quería. Me encontré con un equipo –que obviamente yo había elegido– muy permeable y dispuesto al trabajo. Se habla mucho de los actores argentinos, pero aquí en España encuentro características similares a la hora de trabajar”, sentencia el director.
Borja Relaño
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