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Teatro Paraíso estrena ‘El flautista mágico’
La flauta que suena a futuro y solidaridad compartida
Obra: El flautista mágico.
Autor: Claudio Casadio, Giampiero Pizzol y Marina Allegri.
Intérpretes: Tomás Fernández Alonso, Ramón Monje y Arrate del Río. Escenografía: Mauricio Berceni. Vestuario: Pilar López.
Música: Marco Versari.
Colaboración Musical: Ana I. Bravo, Isaac Marino y Raúl Jiménez. Iluminación: Javier García.
Producción: Teatro Paraíso.
Dirección: Tomás Fernández Alonso. |
La compañía gasteiztarra Teatro Paraíso acaba de estrenar su nueva pieza El flautista mágico, la cual se convierte en la segunda obra creada en colaboración con la compañía italiana Accademia Perduta - Romagna Teatri, con quienes ya realizaron el montaje ‘Los músicos de Bremen’. Esta colaboración comenzó en el año 2006, “en uno de nuestros viajes nos encontramos con Accademia Perduta y sentimos que de alguna manera compartíamos universos poéticos cercanos, una mirada similar en la forma de entender el teatro, la comunicación con el público y cuentan con un proyecto similar al que tenemos nosotros en Gasteiz, y sentimos que teníamos muchas cosas en común y que era interesante empezar un camino en común”, apunta Pilar López miembro de Teatro Paraíso.
Para esta propuesta han creado una dramaturgia partiendo del cuento clásico ‘El flautista de Hamelin’ y de la versión operística que Michel Ende realizó del mismo. “A partir de ahí se ha hecho un desarrollo diferenciado en cada uno de los equipos en función también de sus cuerpos artísticos con algunas partes que hemos compartido. Se ha hecho una puesta en escena en Italia con dos actores y otra aquí con tres intérpretes”.
Teatro Paraíso contaba con un interés especial a la hora de crear la pieza en poner el acento en la parte final de la historia en la que la solución del problema de Hamelin viene dada de la mano de los niños y de las niñas, de ahí viene el hecho de contar con un actor más que les permite llevar a cabo ese juego.
“Para nosotros el encuentro con la Accademia Perduta ha sido muy importante, ya que nosotros llevábamos treinta años de trabajo cuando los conocimos y no habíamos hecho nunca un cuento tradicional, lo máximo que nos habíamos acercado era con ‘Alicia en el país de las maravillas’, pero que no entra dentro de esa categoría de cuento popular. A partir de ese encuentro encontramos un camino que nos permite hacer una revisión de los cuentos tradicionales, valorando la carga simbólica que contienen y que han mantenido a lo largo del tiempo, ya que las cosas de las que hablan son importantes pero siempre acercándolos a nuestros tiempos”. De estos cuentos populares también les interesaba la visión de esperanza que ofrecen, algo que quieren transmitir no sólo a los niños y a las niñas sino también a los adultos.
En El flautista mágico esta visión de esperanza viene dada de la mano de los más pequeños, que en escena se convierten en los principales artífices de la mejora de ese mundo, espíritu que quieren trasladar a los espectadores afirmando que “en la historia el mundo se presenta como una realidad transformable por la acción y el deseo de los niños y niñas. Siempre hay una posibilidad de salvar el mundo, siempre hay una posibilidad de cambiar”.
Todo ello contando con la música como una protagonista más por medio de las interpretaciones en directo de dos acordeones y el saxo soprano en el que se ha transformado la flauta del protagonista.
La obra cuenta la historia de la ciudad de Hamelin que ha sido tomada por las ratas debido a un pacto oculto entre el alcalde de la ciudad y el Señor de los ratones, en el que el gobernador da permiso a los ratones para que invadan la ciudad y a cambio el Señor de los ratones le hace un pago de dinero, mostrando de esta manera la corrupción del gobernante de la ciudad. El alcalde, avaro y corrupto, está dispuesto a sacrificar el bienestar de su ciudad únicamente para enriquecerse, pero la hija del alcalde quiere encontrar una solución al problema de la ciudad, y la única solución se encuentra en la música del flautista mágico a quien ayudarán los niños y las niñas. Finalmente, en una jaula de circo quedará encerrado para siempre el ejemplar más extraño de todos los roedores que será llevado de plaza en plaza por tres actores, quienes contarán una y otra vez la leyenda del flautista mágico.
Cambio final
“Todo ello se cuenta de una manera simbólica, no es un panfleto político ni social, está dibujado de una manera hermosa a través de la situación del cuento. Por ello el cambio de nombre con respecto al cuento tradicional, porque es una adaptación. También porque el final del cuento no nos gustaba, no nos gustaba el hecho de que los niños desapareciesen, aunque fuese un castigo para los adultos, al final también lo era para ellos, por eso en esta versión ese final no sucede así”.
El espacio escénico juega un papel muy importante en el desarrollo de la historia ya que se puede ver la estación de tren de Hamelin llena de baúles y maletas “y es como si en ese tiempo sostenido que no se sabe dónde ni cuándo se cuenta la historia, está como en un tiempo de espera, como si fuese una historia que se ha quedado ahí suspendida en el tiempo, pero que en realidad nos llega hasta nuestros días y se vuelve a cerrar, de la misma manera que se abren y se cierran las maletas y permanece ahí para que otra vez se abra y se cierre”. Ese abrir y cerrar de las maletas marca cada escena, marcando microespacios que van mostrando la historia apareciendo los diferentes escenarios de la ciudad de Hamelin como un convento, una cocina, las afueras de Hamelin, la muralla y casas de la ciudad... Una vez situada la historia en el contexto de la ciudad serán los personajes principales, como son el alcalde, el ayudante del alcalde, la hija y el flautista, quienes desarrollan lo que sucede.
La compañía está preparando también la versión en euskera de la pieza que será estrenada próximamente, al igual que hicieron con ‘Los músicos de Bremen’. La traducción y adaptación al euskera, al igual que con la pieza anterior, está realizada por Xabi Paya, “una versión muy bonita, porque hay una parte del texto que está en rima y en euskera da mucho juego para poder construir todo el juego del lenguaje”.
En definitiva, esta es una historia que no es sólo un cuento, es un juego de rimas, de música y de teatro que conduce a los pequeños espectadores a una reflexión sobre la importancia de la honestidad de los gobernantes.
Eider Suso
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