|
|
Arquetipos de mujer, armas de actriz
Julia Varley dice en uno de sus libros que la mujer debe hablar con su propia voz acerca del teatro, crear teoría, escritos, dejar constancia para los que vendrán y debe hacerlo, además, reformulando el lenguaje para hacerlo propio. Un lenguaje propio que, a mi entender, aún está en pañales, pero que ya se vislumbra desde hace tiempo, y no sólo en el mundo teatral, sino más allá de sus confines. Léase a Virginia Woolf en un cuarto propio. Las mujeres tenemos una sensibilidad propia, somos creadoras. Somos madres, vírgenes, doncellas, hechiceras, guerreras, estrategas, cuidadoras del hogar, cazadoras, brujas. Somos Venus. Somos Afrodita. Somos las hijas de las hijas de nuestra abuela. Somos las transmisoras del ADN mitocondrial, que perdura por los siglos de los siglos y que, es, además, el que genera la energía. Energía para la célula. Se habla de la Eva mitocondrial. El ancestro femenino común más reciente por línea genealógica materna del que desciende toda la población actual de seres humanos. También existe un libro llamado La canción de Eva, gestado por Manuela Dunn Mascetti. Se habla de una canción femenina propia, primigenia, olvidada. O enterrada. O sepultada. Un canto que desempolvar y estudiar y seguir tejiendo bajo el prisma del siglo XXI.
PSIQUE FEMENINA Ensayos y estudios relativamente recientes abordan la cuestión de lo femenino desde un punto de vista novedoso, bebiendo, al mismo tiempo, de manantiales arcaicos y remotos. En el caso de la analista jungiana Jean Shinoda Bolen la fuente es Grecia. Su propuesta es simple y rotunda: las mujeres de hoy podemos auto conocernos en base a 7 arquetipos o patrones internos femeninos que responden a 7 diosas griegas.
Estas 7 se dividen, a su vez, en tres grupos.
La primera triada está compuesta por lo que Bolen ha denominado Diosas Vírgenes. Yo las llamaría autosuficientes. Independientes también es un buen adjetivo para designarlas, porque son completas en sí mismas. ¿Qué tienen en común estas tres personalidades? Las tres representan impulsos internos de las mujeres, bien hacia fuera (desarrollo de talentos, resolución de problemas, expresión artística) o bien hacia dentro (vida contemplativa, escucha interior, soledad buscada). No conocen varón ni lo desean. Permanecen intactas. Existen completamente separadas de él por derecho propio. Son las únicas tres excepciones en toda la mitología griega a las que no conmovió el poder irresistible de Afrodita. Estos tres arquetipos pasan olímpicamente del amor, de la sexualidad y del enamoramiento. Sus nombres griegos son:
ATENEA: La hija del padre, la estratega, diosa de la sabiduría y de la artesanía.
ARTEMISA: La hermana, la rival, diosa de la caza, el arco y la flecha.
HESTIA: La tía soltera, la mujer sabia, diosa del hogar y de los templos.
La segunda triada es más humana. Más carne. La autora las denomina Diosas Vulnerables. A estas les pasa de todo: les raptan, violan y humillan pero también se enamoran y paren hijos. Son engañadas. Son secuestradas. Pero si sobreviven se convierten en dueñas del submundo. O en madres coraje capaces de privar al mundo de la primavera hasta que no les devuelven a su hija. Son esposas celosas que llegan a maquinar e inflingir grandes atrocidades a otras mujeres, porque su marido ha osado posar sus ojos en ellas. Les presento a:
PERSÉFONE: La hija de la madre, doncella y reina del mundo subterráneo.
DEMÉTER: La madre, la nutridora y diosa de las cosechas.
HERA: La esposa, la artífice del compromiso, diosa del matrimonio.
El séptimo arquetipo merece un punto y aparte. Por Diosa alquímica y por guapa. Bolen afirma que este arquetipo tiene la capacidad de convertir lo cotidiano en oro. Como el poeta. Tal y como explica el libro de Bolen, este patrón femenino es un faro que ilumina a todo lo que se le pone por delante. Y nosotros, encantados de ser regados por su luz dorada. Me refiero a:
AFRODITA: La amante, mujer creativa, diosa del amor y de la belleza.
Estos siete arquetipos femeninos están encerrados en libros, plasmados en vasijas, cuadros, y esculturas, pero vivos en la psique de las mujeres de hoy en día. Y también en sus modos de caminar, de hablar, de levantar un lápiz, de sentarse, de esperar en la parada del autobús, de dirigirse a un desconocido. Quizás están esperando también para ser llevadas al terreno de la práctica actoral: una actriz que, desde la actualidad, sea capaz de encarnar estos siete arquetipos dispondrá de una buena base para incorporar los diferentes personajes que la escena le regale. Y regalará a la escena, a su vez, nuevas formas de mujer.
¿CÒMO PUEDE UNA ACTRIZ CULTIVAR ESTOS ARQUETIPOS EN SU JARDÍN SECRETO? La semilla está plantada desde hace unos 200.000 años. Estamos en el siglo XXI. Teniendo en cuenta que Deméter y Perséfone siempre vuelven a encontrarse, al menos hasta el momento, que no es poco, habrá que confiar en poder hacer crecer una planta lozana y saludable en primavera. O siete. Elaborar los aperos de labranza para que las mujeres artistas puedan seguir surcando mares. ¿Cuántos arquetipos, cuántos perfiles de mujer se han encarnado hasta ahora en el teatro? ¿Cuántas formas y fondos de mujer existen?
Como actriz: ¿Cuál es tu abanico de perfiles psíquicos femeninos, de formas físicas femeninas, de voces femeninas que eres capaz de encarnar? ¿Cuántas cartas tiene tu baraja? ¿Cómo es de amplio y diverso tu espectro? ¿Es posible que tengamos una visión muy reducida al respecto? ¿Es posible que, sin ser conscientes de ello, estemos trabajando una y otra vez con dos o tres arquetipos que son siempre los mismos o, peor aún, con ciertos aspectos reducidos y limitados de esos arquetipos que se han convertido en nuestra jaula y que creemos dominar y que hemos convertido en clichés? ¿Cuántas mujeres podemos llegar a ser?
Juana Lor
|