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Lun, Sep

negro & negro | Norka Chiapusso

Saltó la noticia hace un mes aproximadamente. Un secuestro exprés acaba con la vida de María Villar. Terrible noticia. Se denunció la desaparición a través de las redes sociales pidiendo ayuda para encontrarla. Tomó un taxi en Patio de Santa Fe en Ciudad de México y desapareció. Fue un secuestro fortuito. Tenía 39 años y trabajaba en IBM. Apareció unos días después en una morgue en Toluca, ciudad de medio millón de habitantes situada a unos 60 kilómetros del DF.

Sobre el pago del secuestro hay versiones contradictorias, que a la postre, y visto el resultado son irrelevantes. Se dijo, al principio, que se había pagado menos de lo solicitado. Posteriormente se aclaró que se había efectuado el pago completo que ascendía a 90.000 euros. Al final, María fue asesinada por un móvil exclusivamente económico. El hecho de que María fuese sobrina de Angel María Villar, Presidente de la Federación Española de Fútbol, dio todavía más transcendencia mediática a la noticia.

Me llamó la atención, con satisfacción, que tras conocerse el suceso, el embajador, cónsul y miembros del equipo de seguridad e inteligencia de la Embajada de España se trasladaron hasta la ciudad de Toluca a prestar ayuda a los familiares de la víctima. Hecho que elogia la preocupación del Ministerio de Exteriores por los ciudadanos españoles en el extranjero. Preocupación e implicación al movilizar, además, miembros de la inteligencia española.

Contrasta con una situación que sucedió con una compañía de teatro en 2012. En aquel año hubo un terremoto de magnitud 7,4 mw en Guatemala durante el mes de noviembre. El sismo pudo percibirse en gran parte de Centroamérica, así como el centro y sudoeste de México. Fue el movimiento telúrico más fuerte registrado en Guatemala después de 36 años.

En aquellas fechas el Ministerio de Exteriores había organizado una gira con una compañía española de teatro por tres países latinoamericanos, gira que terminaba en ciudad de Guatemala. Día y medio antes de volar al país centroamericano sucedió la catástrofe. En Guatemala el estado de emergencia movilizó a todo el país en ayuda a las víctimas. Todos los recursos civiles y militares estaban en labores de asistencia a los danmificados. Huelga decir que se paralizó el país y por supuesto, se suspendió todo hecho teatral, cultural, musical o congresual, si lo hubiera. Todo quedó paralizado. En tal caos, el Ministerio de Exteriores no reaccionó y fue incapaz de modificar la ruta de la compañía para que no llegará a Guatemala, sumida en el caos. No fueron capaces de desviarlos hacia Madrid. No lo hicieron, a pesar de ser una actividad promovida por el propio Ministerio. Tuvo que ser la iniciativa privada quién asumiera el coste económico del cambio de los billetes y solventara el problema. Problema también y fundamentalmente de seguridad de los miembros de la compañía.

Por eso, me alegra que los tiempos vayan cambiando y que se mejore en la asistencia de los españoles en el mundo. ¡Cómo cambian los tiempos!... o no.